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Le llamamos "adobe" al material extraido de la tierra, utilizado por nuestros abuelos para construir sus casas y muros. Con este material lograron paredes gruesas, frescas y fuertes. Actualmente, el adobe forma parte de la historia escrita por aquellos se

Categoría: Historias

10/11/2009 GMT 5

Por una foto...

adobe @ 01:41

(Para participar en Concurso de Anécdotas de la Institución)

Se iniciaba 1976, cuando ingresé a laborar en el Tribunal Supremo de Elecciones. Recibí un telegrama: "buena presentación personal, uso de corbata, hora 8 de la mañana”.

Recordemos que el “Prontuario” que llevaba la Oficina de Personal era documentado con la foto del funcionario, generalmente una copia de la Cédula de Identidad, en mi caso, captada en la Oficina Regional de Alajuela.

En esos tiempos, era común usar “patillas largas”, las mías eran como las de don Braulio Carrillo, pero bien negras y crespas, mi cabello un poco abundante, nunca largo, también acolochado. Esta imagen fue invadida por algunas “sombras intrusas” en la sala de fotografías y mi físico varió: las patillas fueron la continuación de mi barba sin afeitar, parecía que lucía pelo largo, caído a mis hombros por efecto de las zonas oscuras y el primer botón de mi camisa lo mostraba libre del ojal. 

Dos años después de laborar en los Archivos Electorales y en el Programa de Cedulación Casa por Casa (Ceduladores Ambulantes), en forma interina, llegó el ansiado momento de optar por “mi propiedad”, ansioso porque estaba recién casado – me casé sin tener trabajo fijo – y necesitaba mi estabilidad laboral, sino la mujer me enviaba a la calle.

Recuerdo muy bien que el Jefe de la Sección Archivo (don Marcos Coghi Guevara) estaba de acuerdo en escoger entre la “terna”, a mi persona, en esos momentos un joven de 26 años,  responsable, serio, un buen liguista, muy buen compañero, según el concepto del Jefe. Y entre los “ternistas”, yo era el “matrimoniado”, los otros solteros.

“Morerita, de mi parte cuente con mi voto para su propiedad, pero debe “pulsear” los votos de los señores Magistrados para su nombramiento, le adelanto que don Francisco no está muy de acuerdo porque la foto del prontuario no le gusta su presentación personal”.  

Muy nervioso, como he sido desde que nací, llegué al Tribunal Supremo de Elecciones, directamente a la oficina del Señor Presidente don Francisco Sáenz Meza. Un señor de apariencia muy estricta, talvez su fortaleza física me hacía pensar que era muy “bravo”.

Antes de tocar la puerta, había tomado dos vasos de agua y un sedante para calmar los nervios, algo así como un té llamado “siete espíritus”, contra el miedo, angustias, ansiedad y todo ese estado de ánimo en las personas.

“Buenos días…Señor Licenciado…”.

“Buenos días, pase adelante, muchacho, ¿en qué puedo servirle?”.

“Muchas gracias, don Francisco…soy empleado del Archivo, ya don Marcos conversó con Usted, quiero me ayude en obtener mi Propiedad, amo a la Institución y también amo a mi esposa, quien desea me quede laborando aquí”.

“Su jefe lo recomienda excelentemente, pero su imagen en el prontuario no me agrada, está lleno de barba, tiene el pelo largo, descamisado, cómo es posible que un ciudadano se presente en esas condiciones para obtener la cédula de identidad, soy padre de familia y como tal le aconsejo una mejor presentación a la hora de solicitar este vital documento; tomaré en cuenta su visita ante el Tribunal y las recomendaciones de Coghi, ya decidiremos”.

Defendí mi posición por las sombras de la foto, lo del supuesto pelo largo, pero la posición de don Francisco ya estaba casi que escrita en piedra.

Salí muerto de vergüenza, no de nervios, por la gran regañada que no fue jugando, pero con fe en que todo saldría bien.

Le informé a mi jefe lo sucedido…

“No se preocupe, vaya de inmediato a la Sección de Fotos (cuarto oscuro de fotografía, cuyo encargado era don Guillermo Ñato Quesada) para que le saquen una foto nueva y la lleva al Prontuario, pero hágalo ya”.

Así lo hice.

Cuando llegó la decisión de escoger a uno de la terna, ya mi estampa era otra: bien presentado, me quité las patillas, lucí camisa manga larga y corbata banda ancha, a colores, con un nudo bien hecho, aunque un poco apretado.

Lo expuesto en estas líneas es verídico, lo único que imagino fue la expresión del señor Presidente a la hora de votar:

“Ahora...sí… qué diferente. Buen funcionario y bien presentado ante el sagrado documento de identidad… ¡sí se puede!” Y pudo ponerme en propiedad.

Imagine, señores, la locura de mi esposa cuando le conté la conquista de mi nombramiento...

Ya pasaron más de tres décadas y hoy disfruto de la pensión…

Muchas gracias, don Francisco Sáenz Meza, esto nunca lo olvidaré porque de Usted recibí una gran lección, lección que me ayudó a cumplir correctamente mis funciones en el Tribunal Supremo de Elecciones y Registro Civil y ser un mejor ciudadano. Y posar mejor a la hora de renovar mi documento de identificación.


 

 

 


 

 

21/08/2009 GMT 5

¡Manjarete, manjarete!

adobe @ 04:09

Desde la época colonial, existe un “manjar” o dulce de textura ligera y gelatinoso llamado manjarete o majarete,  fabricado a base de coco, maíz, azúcar y aromatizantes como canela y vainilla.

Este delicioso postre nació en la cocina sur americana, propiamente en Venezuela, hasta recorrer todo el continente, llegando a manos y conocimiento de nuestras mujeres,  muy hábiles en la cocina.  manjaretedsc02358.jpg

En Alajuela, hace más de medio siglo, existió un comerciante de nombre Ramiro Esquivel quien administraba una de las populares Pulpería-Cantina identificada con un rótulo muy llamativo, “La última copa”, ubicado costado oeste de  los Tribunales de Justicia.

Este establecimiento fue muy concurrido no solo  por la venta de arroz, frijoles, manteca, candelas, vinitos y guaro, también por la venta del popular manjarete, en esos tiempos a quince céntimos el pedazo.  

Consumida la última copa y el último manjarete, el negocio de don Ramiro llegó a su final. Otros continuaron con la receta del manjarete y así fue conservándose de generación en generación, hasta nuestros tiempos.

Don Marco Nilo Madrigal Herrera, originario de Tilarán, en Guanacaste y hoy  habitante de El Llano, en Alajuela, capturó la famosa receta en poder de un familiar e inició su actividad comercial, hace más de veinticinco años. 

Hoy, todos los alajuelenses, cuando escuchamos su voz pregonando el delicioso manjarete, se nos viene a la mente la estampa campesina, portando ancho sombrero y vistosa camisa a cuadros, con su inseparable carretilla y una hielera repleta de suaves y frescos “tuquitos”  de manjarete, todos del mismo tamaño.

A sus 83 años, recorre el centro alajuelense y poblados vecinos, barrios, caseríos, casa por casa, calle por calle, es sin dudarlo un verdadero personaje de esta ciudad, un ejemplar trabajador.

Hasta terminar el último manjar, regresa a su casa a descansar y luego prepara la otra “tanda” para el día siguiente, esta actividad le permite mantener su único medio de subsistencia económica para beneficio propio y la familia.

En el mismo hogar,  tiene su empresita casera, una licuadora gigante o industrial, moldes y otros utensilios para preparar tan especial nutritivo producto.

Al escuchar el anuncio con la propia voz de este ambulante trabajador, pronunciando “¡Manjarete, manjarete!” es porque don Marco Lino nos trae el aperitivo hasta las puertas de nuestros hogares,  negocios y parques de la ciudad.   

Aunque no es alajuelense de nacimiento, con esa humildad, muchos años de habitar aquí y dedicación al trabajo,  ya es parte de nuestra Alajuela.

(Publicado en EL VIGILANTE, Octubre 2009, Sección Legado, Edición 19)

 

 

02/06/2009 GMT 5

Don Arnoldo Cortés Solera

adobe @ 07:35

S

u carta de presentación lo dice todo: griego alajuelense, nació en marzo de 1921, ochenta y ocho años de edad. En 1939, siendo un jovencito de veinte años, incursionó en el comercio  de nuestra Alajuela tomando como trinchera el tramo “La Libertad”, en el corazón del Mercado Central alajuelense; aquí pasó a puro trabajo por más de setenta años.Don Arnoldo

Su trinchera, al inicio, se destacó por la línea de abarrotes y venta de dulce en tapas y tamugas. Generalmente, el pueblo obrero y campesino acudía a comprar o encargar el popular "diario", que consistía en los artículos básicos para el hogar, especialmente alimentación. Este diario estaba calculado para durar una semana por un valor de  treinta colones y se adquiría el día sábado. El contenido de esta "canasta básica" se lo sabía de memoria don Arnoldo, artículos que introducía en cajas de cartón, sacos de manta o gangoche.

Para la época de  la Semana Santa, los clientes acudían por montones a comprar sardinas, palmito, atunes y bacalao. Años después, introdujo loza, cristalería y adornos; ollas esmaltadas, vasos en vidrio y lata adornados con lindos dibujos floreados, mantequeras, comales, bacinillas o bacinicas enlozadas y de aluminio. Adornos en yeso y porcelana, imágenes religiosas, ángeles; inclusive, se comerciaba con la figura fabricada en porcelana del inconfundible Cantinflas, máquinas manuales para moler maíz, cerditos de barro para alcancías, sin estar ausentes las “nigϋentas”.

Don Arnoldo nos detalla cómo eran estas estatuillas. "Confeccionadas en cerámica y yeso, representaba a una niñita descalza, gordita, desnuda, bien peinada, a pierna cruzada,  revisándose sus dedos y uñas, en busca de animalitos minúsculos chupa sangre llamados popularmente “niguas”, causantes de picazón y úlceras, entre los dedos".

En muchos hogares costarricenses a esta niñita la teníamos como parte de la familia, casi siempre adornando la sala, sobre una repisa, al pie de una puerta,  en el portal navideño o en otro sitio de la casa. Algunos la utilizaban como un simple adorno por su belleza y otras como fuente de suerte y riqueza.

Los mejores clientes o seguidores de esta imagen, lo constituían los hermanos panameños quienes visitaban su negocio para adquirir la nigϋenta, promotora de mucha suerte en dinero, salud, trabajo y otras situaciones, según la creencia popular del pueblo hermano y de otros países del área.  Inclusive, hasta solicitaban la “oración” para rezarla con sus familiares y vecinos; esto no lo manejaba don Arnoldo por la sencilla razón de que únicamente vendía la imagen como un adorno para ganarse el sustento  de su familia, junto a miles de artículos.Don Arnoldo

Además, en su tramito encontramos chorreadores de café en pie confeccionados en madera con su bolsita de franela, cuadros de sala como las ninfas al estilo español, santa cenas, cocinas negritas de leña y de canfín y una lista más de utensilios que los alajuelenses, en algún momento, visitamos La Libertad para escoger lo que necesitamos en el hogar y el trabajo. También nos salvó con jueguitos de café, cafeteras, vasos y otros artículos especiales para cumpleañeros y recién casados. 

Afirma con orgullo, que su negocito fue visitado por clientes de todos lados, muy puntuales fueron los puntarenenses, guanacastecos y talamanqueños en busca de ollas tamaleras y otros utensilios de cocina. Recuerda muy bien que la Iglesia de Esparza le encargó los regalos que la Bruja del turno necesitaba para sus premios. Echó la mercancía solicitada en su carrito, esto hace más de treinta años, hasta llegar al lugar convenido y ante el sacerdote responsable de las populares fiestas.

Una anécdota de las muchas experimentadas por don Arnoldo, es la de un sacerdote quien mientras encargaba los artículos para el turno de su localidad, discutía con la Junta de actividades populares la negativa de ésta en no introducir licor en el turno, como en años anteriores. El padrecito, enojado, contestó: "Dios guarde, cómo se les ocurre eso, con qué se va a alegrar la gente en estas fiestas?. Don Arnoldo se sorprendió y le causó risa, pero a él le interesaba sus artículos, se vendiera licor o no.

Don Arnoldo surtió a las famosas Brujas de El Llano, Barrio San José, La Guácima, La Agonía,  Sabanilla, San Pedro de Poás, San Antonio del Tejar, Turrúcares y otros pueblos.

La ventaja para la clientela era que este reconocido establecimiento daba en consignación todos los artículos, o sea, la iglesia pagaba únicamente lo rifado en el juego  de las apetecidas brujas, por sus útiles y lindos premios. 

En su puesto de trabajo – a partir del 2007 con nueva administración por razones salud – fue acompañado por unos adornos vivos muy especiales para su entretenimiento y cuido del negocio. Amante de los animales, una serie de gatos tuvieron siempre el calor humano de este humilde señor, ejemplo de trabajo, lleno de fe cristiana, padre de familia responsable, un trabajador pochotón,  alajuelense de verdad…

 

Tramo

(Publicado en La Prensa Libre, el 05 junio 2009, Sección Comentarios)

(Publicado en El Vigilante, Julio 2009, Sección Legado). 

 

09/05/2009 GMT 5

Remembranzas alajuelenses

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  Segunda parte

   Los que llegamos a seis décadas o más tiempo de existencia, no conocimos el templo antiguo de La Agonía; mostraba al frente de la entrada principal,  un largo pretil o asiento de cemento para el descanso, tertulias y disfrute de momentos de paz y meditación; la iglesita confeccionada en estructura metálica tenía dos hermosos campanarios, tres puertas frontales protegidas por un techo en forma de “m”, sostenido por tres fuertes columnas; el púlpito ubicado en el costado sur del edificio, totalmente diferente a lo establecido hoy; el confesionario, un enorme cajón en madera tallada donde solo se escuchaban ambas voces, sin vernos las caras; las misas en latín, sin comprender casi nada; en esos tiempos el  concepto de la muerte tenía otro sentido.

   En su interior, había pocas imágenes. Doña Adilia, señora de noventa y tres años, desde niña conoció la imagen grande y pequeña del Santo Cristo, la Vírgen del Socorro y la de Santa Ana, no existían otras imágenes.  Desde que tiene uso de razón, ha visitado los dos templos, asistiendo a sus misas, procesiones, rosarios y fiestas. 

   Otros testigos, nos recuerdan momentos mucho más recientes, siempre ubicados en el mismo lugar de aquella ermita. Don Enrique Soto era el administrador de un bingo, ubicado en la propiedad de su padre, al costado suroeste de la plazoleta. El cartón de bingo se inició a diez céntimos, luego pasó a veinticinco céntimos hasta llegar a cincuenta céntimos (“un cuatro”, como decíamos hace muchos años).  De las ganancias, el señor Soto donaba una parte al templo.

   Una anécdota sale a relucir. Un día se le “metió el agua” a un alto funcionario del Resguardo Fiscal tomar la decisión de  prohibir la actividad de los “cartoncitos y el maíz”, debido a la denuncia de un propietario de bingo, establecido en la plazoleta. El argumento decía que el bingo de don Enrique le hacia daño por la competencia, a tan poca distancia. Claro, una competencia muy significativa porque el visitante obtenía mejores premios, mayor comodidad, menos tumulto de gente alrededor, menos bulla y bajo techo.  

   La acción del demandante y la Autoridad molestaron a don Enrique y a la población: “Arrieros somos y en el camino nos encontramos”, sentenció con firmeza a los quejosos.

   Por asuntos políticos de esa época, aquel funcionario de “alto rango” fue a parar a la cárcel. El “arriero” Soto, con la ayuda del Gobernador de Alajuela, movió todos los “mecates legales” e influencia para liberar a la autoridad mencionada. Y es que la filosofía durante toda la vida del señor de los cartoncitos, ha sido pagar con un favor cualquier daño que otro semejante saque por ahí. “Un daño lo pago con un favor”, decía.

   Tal fue la sorpresa que el recién liberado, mostró enorme emoción, ante la actitud del compatriota alajuelense. Reconoció: “cierto, todos somos arrieros del mismo camino…no pongamos obstáculos a nuestros hermanos”. Una gran lección de convivencia y perdón, que debemos aplicar en estos tiempos tan difíciles, donde la imprudencia y no tolerancia están presentes por todos lados.

  Recordamos los “Títeres” o marionetas manipulados por don Amado Arroyo y sus hijos. Unos parlantes grandes o megáfonos daban el anuncio de los horarios para las funciones, dedicada a niños y adultos. En los intermedios, no faltó la “musiquita” repetida con los temas “Que se mueran los feos”, “Decime papa Ito” y “El alacrán”.

   Estas piezas de moda, hace un montón de años, las teníamos encima de nuestros oídos, sumado al bullicioso motor de gasolina que movía la rueda de Chicago, también el ruido de la capitana, la lectura de los números del bingo por conducto de parlantes, la cimarrona, una planta eléctrica en la calle, las mascaradas, los juegos artificiales y otras actividades. Había bulla, pero mucha diversión sana. Aún así, las fiestas fueron famosas y hermosas.

   A don Eberto Cordero Ramírez, colaborador de todo corazón para el templo, la administración le encomendó la organización de las fiestas al Santo Cristo.

   Una de sus actividades fue, junto a 2 ó 3 fieles, la recolección de donaciones económicas y en especies lo que se utilizaba a las necesidades del centro de oración. Estas visitas se hacían “casa por casa”, tocando puertas, siempre con la respuesta positiva del habitante.

   Contrataba a los músicos, éstos podían ser violinistas, tríos, cimarronas, gente conocida y hábil en ese campo, tocaban alegremente en el atrio, donde las extensas  gradas servían de asientos para el visitante.

   Don Eberto Cordero  realizaba su trabajo en forma voluntario y gratuito, los músicos ganaban sus “cinquitos”, aunque también se apuntaban a colaborar para el mismo fin.

   En la plazoleta, estaban establecidas dos Brujas muy visitadas por la comunidad, siempre esperando con alegría y suerte a sus viciosos clientes. En el lado sur, funcionó la bruja bajo el mando de don Carlos Jiménez; mientras la bruja del lado norte, estaba incrustada en la Pileta de San Gerardo, administrada por la familia Henchoz.  Esta familia en la persona de don Paco y el Padre Herminio viajaban hasta San José, la Capital, a las compras de ollas, picheles, comales, cafeteras, cazuelas, cucharas, cristalería y todo lo necesario para los lindos y útiles premios que las brujas daban a sus seguidores.

   Hoy, con tanta inseguridad y otros males por donde caminamos, vale siempre recordar algunos momentos de antes, narrados por testigos ejemplares de nuestra comunidad.

 

(Publicado en La Prensa Libre, Sección Comentarios, 09 mayo 2009.)

01/04/2009 GMT 5

ANÉCDOTA, SIN LA CRISIS

adobe @ 23:07

 

Crisis. Son seis humildes letras que ocupan los primeros planos en los medios de comunicación masiva y en la boca de los habitantes, en todo el mundo. Es como una “piedra gigantesca”, cargada de desocupación, escasez de alimentos y más calamidades.

 

Mientras se estrella contra nuestro planeta, mejor nos trasladamos de prisa hacia décadas atrás para recordar los pasajes del ayer, cuando nos enfrentamos a grandes limitaciones económicas,  hasta descalzos asistíamos a la escuela, pero no rondaba en nuestras mentes esto de crisis y otros términos apocalípticos.   

 

Nos ubicamos en la barriada de La Agonía, en Alajuela. Al frente del templo, siempre ha estado bien plantada “La Bohemia”, desde su interior se podía y se puede observar perfectamente la hermosa y sagrada edificación, porque está casi de puerta a puerta con el centro religioso, con derecho a oír misa y observar los sacerdotes y fieles, mientras se pide una boquita de chicharrón, carne con arroz, una sustancia de pollo u olla de carne.

 

Había mucha tranquilidad en la zona de estas actividades fiesteras o turnos patronales. En general por cualquier punto de la ciudad, no era tan dramático salir a la calle y dejar la casa “sin un alma”; excepto el perro, el gato y las gallinas.  En los festejos,  aparecían “pleitillos callejeros, escándalos y sustracciones a lo ajeno”, pero muy diferente a estos tiempos donde impera el asesinato, asaltos y masacres a la luz del día y la noche,  secuestros y sicarios.

 

En la década de los cincuentas y sesentas, los turnos de La Agonía servían de escenario para la presencia de grandes espectáculos.

 

Imaginemos para aquella época, lo que significaba un “gigante”. En la plazoleta se exhibía un hombre traído desde México, con más de dos metros de estatura; padres con sus hijos adquirían el boleto para admirar, hablar y tocar semejante cuerpo, adornado con un inmenso sombrero al estilo mexicano y en su brazo un hermoso cóndor de verdad.  Felipe Reyes Manso, fue un monumento de carne y hueso, en nuestro barrio.  Un ídolo para los niños.   

 

Sin faltar la inquietud o humor del alajuelense, don Reynaldo “Nayo” Bravo, conocido personaje de la comunidad, se acercó al inmenso caballero y le dijo: “Si Usted es manso, yo soy bravo”. El gigante echó gigantesca risa al escuchar las palabras de aquel enano alajuelense, quien se denominaba “Bombeta”, por no poseer profesión conocida, contrario a la costumbre antigua de instalar una placa metálica en la puerta de la casa donde se indicaba el oficio o estudio académico del propietario.    

 

Otro espectáculo, hecho en Costa Rica, no gigante, pero sí,  una broma al espectador. Un espacio cerrado, portaba en su entrada un rótulo: “Sólo para hombres”.  La mente nos inducía a pensar en mujeres. Los varones se “quemaban” por pagar un colón para maquinar su mente y refrescar la vista. Al final del aposento, muy visible en la pared, la presencia de un pico y una pala, herramientas de trabajo. Esto nos causaba risa.

 

“Pague, pase y vea la gallina de cuatro patas”. ¿Asombroso producto de la Naturaleza? Una entrada ancha, alta, espaciosa. Conforme el cliente se acercaba al final del local, la estructura se hacía más pequeña, contraria a la entrada. Al final, la persona estaba en posición de “cuatro patas”, mirando una gallina pone huevos, común y corriente. Nadie se molestaba por la broma, ni comentaba lo sucedido para que otros cayeran en el truco.

 

“El torito”, fue un espectáculo lleno de risa y carreras.  Un hombre metido en una plataforma liviana, fabricada con tela y alambres, semejante a un toro corredor y brincón. Un toro de dos patas. Con sus resistentes piernas podía correr por toda la plazoleta, persiguiendo a la gente, como embistiendo, con la especialidad que  aquel invento popular estaba cargado de luces, pólvora, perseguidores, silbadores, triquitraques, cachiflines y bombetas.  Un diablo envuelto en pólvora, corriendo por todos lados.

 

“Artistas exclusivos”,  el gran salón del cine teatro utilizado para la presentación de artistas nacionales e internacionales, ubicado al costado sur del templo.  La Radio City, radioemisora de la época,  presentaba a su artista insuperable, nuestra humorista y cantautora Carmen Granados. Sus bellos temas  en la imagen de Concho Vindas, el matrimonio de Doña Vina y Chon y otros personajes que sólo Carmencita podía interpretar. 

  

Más hermoso el ayer, cuando nos divertimos viendo gigantes,  chanchas encebadas, carretas con leña y pagar una moneda para posar de cuatro patas. Hoy, todo ha cambiado. Únicamente de crisis nos hablan…

 

(Publicado en La Prensa Libre, sección Comentarios, 12 marzo 2009)

Publicado en EL ELECTOR, del Tribunal Supremo de Elecciones, edición Junio 2009).

 

25/03/2009 GMT 5

Fuera, señor Magistrado

adobe @ 21:33

(Una anécdota, a solicitud de mi hermosa y simpática compañera de trabajo Flory Villalobos).

 

D

e las muchas anécdotas que salían todos los días, en el Archivo Electoral del Registro Civil, ubicado en el centenario “edificio viejo”, hoy un visitado mercado de frutas, verduras y cafeterías, sucedió algo muy interesante.

En esos tiempos, hace más de tres décadas, todas las oficinas y secciones del Registro Civil y Tribunal Supremo de Elecciones, estaban ubicadas en un mismo edificio. Por escaleras, pasillos y hasta senderos oscuros, en “un dos por tres” nos topamos a casi todo el personal de la Institución.

Siempre que los magistrados u otras autoridades del Tribunal,  solicitaban documentos cedulares o de naturalizaciones, rápidamente llegamos a sus oficinas, después de subir un montón de gradas o pasar por varias oficinas para cumplir con lo solicitado. Fuimos rápidos, eso sí, más lentos que los llamados hoy  “correos electrónicos”, pero la información la procesamos de inmediato, sin dificultad para llegar de un punto a otro.

También, fue costumbre el ingreso de personas ajenas a los archivos, ciudadanos que laboraban en las empresas del comercio, especialmente ventas de electrodomésticos, quienes tenían  “agentes de investigación” para recoger las direcciones de sus viviendas. Esto con la intención de localizar a la persona, indicada por la empresa como “mala paga”, o “amarra perros”, como le decimos al que adeuda una cuenta en dinero.

El Registro Civil, legalmente, daba docenas de docenas de direcciones diariamente para esos fines.  

Un día, estaba un señor muy elegante, fuerte corbata y vestido entero, anteojos oscuros, zapatos brillantes, con un fólder en la mano, en el interior del Archivo Electoral, me refiero abriendo las gavetas de los archivadores.

Este señor se distinguía de otros personajes que buscaban información, porque los más comunes ingresaban en camiseta, tenis, haciendo bulla, gritando un viva a la Liga o el Saprissa, solicitando el servicio sanitario,  siempre con  bolsas repletas de repostería y empanadas. En señal de agradecimiento, nos traía con qué acompañar el cafecito de las nueve de la mañana. El caballero de corbata,  solo mostraba papeles y mucha seriedad.

Me dije: “qué extraño, ¿por qué ese señor está tocando la documentación, cierto que no es prohibido dar información, pero quién le dio permiso de tomar los datos y abrir gavetas?

Le informé a uno de mis compañeros, lo que estaba sucediendo. “Eche a ese viejo, mándelo a la ventanilla de atención al público”, dijo.

“Señor, aquí no es permitido tocar la documentación como lo está haciendo, para eso está la ventanilla, lo invito a salir, sin autorización Usted no puede ingresar a los archivos”.

Bueno, recordemos que “personas conocidas” por el personal del Archivo y la Jefatura, eran los que traían tosteles, chorreadas y dulces. Vivíamos otros tiempos.

“Tiene Usted, joven, toda la razón. Le doy mis disculpas. Usted actúa en buena forma.  En otra, seguiré las instrucciones de sus superiores”.

Hasta ahí, todo tranquilo.

Cambié de color y posición de mi cuerpo, cuando agregó: “Yo soy  Magistrado del Tribunal Supremo de Elecciones, busco una información urgente,  podría ayudarme?”.

La piel de mi cara y todo el cuerpo se me puso roja. Deseaba un archivador completo para meterme y no volver a sacar mi imagen ni ver al señor Magistrado ni en pintura, más que en ese momento mi condición era “interino”. 

Todo por culpa de las benditas empanadas…  

(Publicado en El Elector, edición Abril 2009)

23/01/2009 GMT 5

Festejos al Santo Cristo Negro de Esquipulas

adobe @ 03:55

                            (Negrito Patrón)

  En tres localidades de nuestra tierra costarricense está presente. En el Cantón josefino Alajuelita, en Santa Cruz de Guanacaste y en el barrio La Agonía de Alajuela.  Es el Santo de “piel oscura”, negrito, el Santo Cristo de Esquipulas, Patrón Religioso de La Iglesia La Agonía y nuestra comunidad.

   En Alajuela, dice la historia, una señora de este pueblo halló en forma accidental un “Cristo Negro” ubicado en la hornacina del Altar de San Rafael, sucio, negro, abandonado,  con dos dedos rotos y con la cruz quebrada, en 1912. Cristo Negro

 

Cristo Negro

Con este hallazgo, nació la devoción en la Iglesia La Agonía. Cinco años después, en 1917, es reconocido como Patrono del Templo, gracias a la insistencia de aquella señora al rogar a las autoridades religiosas, junto a otras damas quienes corrieron a curar las grandes heridas, ante el carpintero de la localidad.

   Ya como Patrono Oficial, una procesión recorrió las calles de la ciudad. Se lanzaron bombetas, música, misa en el Altar Mayor de la iglesia, una gran actividad con mucha devoción, fe, alegría y paz en todos los corazones de la población.

   Hoy, varias décadas han pasado, la comunidad alajuelense cuenta con varios testigos quienes participaron, posteriormente, en muchas actividades dedicadas en su honor.  Donaron su esfuerzo, muchísima unión y colaboración desinteresada en organizar las fiestas patronales y actividades religiosas, cada quince de enero.

De ellos, captamos sus palabras, su emoción, sus inmensos recuerdos,  el testimonio vivo para elaborar estas líneas.

   El día Quince de Enero se estableció esta fecha religiosa para celebrar la existencia de este bello Santo.

   La iglesia, su plazoleta (hoy un parqueo para automóviles y jardines), calles y aceras del cuadrante, se utilizaron durante ocho o más días festivos. Espacios ocupados por casitas o “chinamos” dedicados a la venta de variadas y ricas comidas, dulces, juegos mecánicos, magia, trucos, loterías, bingos, música, actos culturales, pólvora, confeti, mascaradas, juegos para niños y adultos, repostería, frutas, recolectas, cenas y otros. No quedaba espacio libre, únicamente para caminar y compartir con amigos y familias enteras.Mascaradas

Mascaradas en La Agonía.


La visión anterior del espacio para estas actividades, no es tan lejana en el tiempo, ya estaba presente la edificación actual del monumento religioso, sin enormes muros, alambres navajas y verjas a su alrededor; al inicio, cuando la ermita era más pequeña y sencilla, de nombre El Calvario, construida con un material metálico, similar al

  Pintura

Pintura del Templo El Calvario, realizada por don Manuel Arroyo Soto.

(Cortesía de Tomás Alfaro Arroyo, nieto).

 

 

Placa metálica El Calvario.Placa metálica

 

templo de Grecia, el piso en ocre, al frente un largo pretil o asiento para el descanso y disfrute de momentos de paz y meditación, el púlpito muy diferente a lo de hoy, lo mismo el confesionario donde solo se escuchaban ambas voces o regañadas del sacerdote, misas en latín, tiempos de antes cuando nos enseñaron otro concepto de la muerte; el templo era también nuestra casa; la plazoleta ofrecía mucho más espacio  para estas lindas actividades populares, allí estaba la cocina de leña (de hierro) y el anafre, listos para los tamales de cerdo y pollo, carne asada, salchichón y otras comidas; también el comedor, confeccionado con cañas bambú y otros implementos; tanto espacio que daba albergue a carretas con las donaciones del pueblo, repletas con leña y más artículos. 

  A su alrededor, habían casitas de madera y adobes, habitadas por gentes nobles.  Don Pío Soto, Ismael Fuentes, doña Dolores Saborío, Carmen Sánchez,  doña Tiva Fallas quien fue la tía de Calufa, don Onofre Villalobos, Agustín Bravo, doña Hortensia,  Tino Montenegro, Los Hidalgos, José Barrantes,  Don Paulino Soto y Bolivia, Las Porras, Los González, Don Horacio Chávez,  Elías Soto,   vecinos de siempre del Barrio La Agonía , en su mayoría fieles devotos.CASITA DE ADOBES TEJAS

Casita de adobes y tejas.

La versión de una ancianita del lugar, nos muestra con sus palabras cómo vestía la gente. Gente descalza, los hombres con cuchillo a la cintura, un hermoso pañuelo de lindas “chinillas”, cubriendo su cuello. Sombrero de “pitilla”, para salir a las fiestas, el “fieltro”, en las cabezas de gentes con más dinero y el conocido sombrero de  “lona”, para las duras faenas en el campo. Camisa manga larga, en manta y chinillas, lo que antes llamaban “cotín”,  pantalón mezclilla o “army”. Esto en los hombres.

Las mujeres, jamás con pantalón, descalzas, arrastraban su enagua, especialmente las señoras. Para asistir a la iglesia, usaban “chalinas” (similar a las bufandas) las más jóvenes; las de más edad, siempre con toallas de crespón, color negro, bordadas en las orillas, tapando su cabeza, hombros, hasta cubrir  o cobijar sus brazos.

  Testigo era su  padre, don Anselmo, vecino de Río Segundo de Alajuela, viajaron a pie, larga travesía,  por caminos difíciles, con la sana intención de disfrutar de las perseguidas fiestas y la presencia de su santito negro, para dedicarle una “velita” o comprar las “cintas” a cinco céntimos, cintas que antes de venderlas tocaban el cuerpo y cruz del santo;  el camino empedrado o con lodo para llegar era lo de menos, lo importante era estar presentes en las procesiones,  apreciar el Cristo en andas, con la presencia de muchos fieles, llenos de fe, sin estar ausente el tamalito con aguadulce.

  El templo no tenía muchas imágenes, doña Adilia, señora de noventa y tres años, desde niña conoció las dos imágenes del Santo Cristo, la grande y la pequeña, a la Vírgen del Socorro y la de Santa Ana. Desde que tiene uso de razón, visita La Agonía, especialmente en sus misas, procesiones, rosarios y fiestas. ¡Qué hermoso nuestro pasado!    

   Varios aspectos contribuyeron a esta participación en masa, por ser una comunidad más desarrollada,  un desarrollo superior a otros por estar ubicado casi en el corazón de la ciudad, por ser un pueblo tranquilo y sano como todos en esa época.  Además, porque  otras comunidades eran más pequeñas, más lejanas, con poca población y tener el privilegio de poseer la Casa Sagrada habitada por el Santo Negro. Era el centro de fiestas y alegría conocido por todos los habitantes de Alajuela y alrededores.  

   Hermoso es destacar la participación del pueblo campesino, el pueblo pudiente o de más dinero y tierras y el de menos recursos económicos, pero todos con el mismo fin, el de ayudar a la iglesia, sin importar su posición económica, coincidiendo en sus creencias católicas, muy incrustadas en la mente, alma y corazón. 

   Todos, unidos, con importantes donaciones económicas, materiales y trabajo voluntario, dedicado al Templo y sus santos.

   Por ser netamente campesinos, los aportes eran su propia producción, sus cosechas obtenidas de la bendita tierra. Maíz en tuza, verduras, flores de itabo,  leña, dulce de caña de azúcar, frutas, plantas ornamentales y medicinales, madera en tucas,  animales domésticos (cerdos, gallinas, terneros), café y frijoles,  transportados en fuertes carretas, tiradas o “jaladas” por bueyes conducidas por sus boyeros, desde Carrizal, El Llano, El Brasil, San Pedro, San Isidro, El Cacao,  San Antonio de Belén,  Santa Bárbara (vecinos heredianos) y de otros puntos cardinales de  la provincia alajuelense. Carreta

 

Carreta antigua

 

   Las lindas  y útiles carretas, estos hermosos medios de transporte para personas, animales y artículos varios,  hacían los viajes por caminos llenos de barro y piedra, se ubicaban en el costado Sur (no estaba construida el ala  o salones de actividades), en la calle Este que hoy conduce a Villa Hermosa y detrás del edificio religioso y otros puntos,  esperando el momento para la donación, por aquello del orden y control. Los bueyes portaban en las puntas de sus cuernos o cachos,  billetes de cien colones, dinero que el donante depositaba para la misma causa.

   En la propiedad de don Pío Soto y Evangelina (Lola) Sibaja,  fundadores de las Fiestas al Santo Cristo, sesteaban los bueyes y caballos, algunos procedentes de San Antonio de Belén y otros sectores, mientras sus dueños asistían a las  alegres actividades. Hoy, esta propiedad es netamente comercial, con librerías, computadoras,  centros de belleza, pizzas, zapaterías y supermercados.  

   Ya con los artículos contabilizados, se procedía al famoso momento del “remate” a la mercadería obsequiada para convertirla en dinero, elemento útil al mantenimiento y nueva construcción de la Casa del Señor.Carreta

                   

   Una carretada de leña tenía generalmente un costo de siete colones, hace un montón de décadas, detalla don Enrique Soto Sibaja .Conocía estos precios y movimientos económicos porque, junto a don Juan Muñoz Parreaguirre, conocido en la Iglesia y en el barrio con el mote de “Juan Burro”, eran los encargados oficiales de los remates.

   Trepado en la carreta, sobre la carga de leña, su voz se escuchaba por todos lados:

 

   “…siete pesos, a la una…

siete pesos, a las dos…

siete pesos, a las tr…”

 

   A los remates no faltaba un señor  muy conocido llamado don Ignacio Barrantes, quien siempre compraba “dos carretadas de leña”, por el valor de diez colones cada una.

   No habían terminado don Enrique y Juan Burro de decir “a las tres”, cuando se alzaba la voz de este caballero: ¡“diez colones por la leña”!

   Eran campesinos, posiblemente, en mejor posición económica, amigos de lo espiritual, de las buenas obras y solidaria con las gentes, deseosas de colaborar en todas las causas nobles. Así, o más “desprendido”, era don Maximino Zamora, no conocido por un apodo, sino por lo “platudo”.

   En los remates daba “cincuenta colones” por carretada de leña; no compraba la carreta, los bueyes y hasta al boyero, porque no quería o le sobraban en su propiedad. Es más, después de adquirir el montón de leña,  la donaba para que la iglesia siguiera ganando. Y por si fuera poco, don Maximino era lo “máximo” porque donaba carretas cargadas con arena para la construcción de obras en la edificación religiosa.

   Para toda función estaba presente el pueblo trabajador. La chorreas para la construcción eran voluntarias, gratis, todos querían y necesitaban el mejoramiento del centro de oraciones u otra casa más amplia y segura. Don Pío Soto, junto a otros alajuelenses, traía la piedra y arena desde el Río Ciruelas, en carretas. Otros, desde los tajos en San Antonio de Belén. 

   Es interesante destacar, el accidente que sufrió un obrero llamado Jorge, al caer con el carretillo desde la primera planta del edifico en construcción. Fue un milagro del Santo Negro porque no le sucedió nada, de ahí nació el apodo de “Chizo” y éste siguió en sus labores junto a su hermano Basilio y compañeros de trabajo, como si nada. 

   Bueno, volviendo al tema de los remates. Y don Enrique Soto y  Juan Burro…qué ganaban con su participación tan importante? ¿Acaso por sus manos no pasaban los billetes y monedas? ¡Por supuesto que ganaban mucho! Mucha satisfacción por colaborar con todas las actividades del templo y su linda comunidad. Se ganaban el apoyo de la gente, de los sacerdotes, del mismo Papa,  del negrito de La Agonía quien nunca dejó de iluminar los pasos en sus vidas, por su honradez y sacrificio.

 Padre Carlos CaveroCarlos Cavero

 

También ganaron con el sudor de sus frentes, el almuerzo y “vinito” que el Padre Carlos Cavero les daba en señal de agradecimiento por sus generosos servicios.

El Padre Cavero fue el “alma” de esta tradición, junto a valerosos compañeros españoles como el Hermano Jorge Gil, dieron ejemplo de trabajo y honradez.  Con este claro ejemplo y el apoyo incondicional del pueblo costarricense, el Santo Cristo no podía quejarse por nada. ¡Así era la gente de antes! Personas millonarias en satisfacción y fe.

   Otros sacerdotes de la Iglesia La Agonía pusieron cada uno un granito de arena en estas celebraciones y progreso en todo aspecto. Don Enrique los nombra:

Heraclio Hermosillo,

Miguel Reimóndez,

Juan Azcona,

Pedro Castro Valderrama,

Pedro Del Palacio,

Perfecto Crespo,

Baldomero Del Pozo,

Antolín Vindas…

   Otro de los grandes puntos de atracción de las Fiestas al Santo Cristo de Esquipulas, era el visitado Bingo de don Enrique Soto, ubicado en la esquina sur-oeste de la plazoleta. Con “cinco colones” se podía ganar muy buenos premios en dinero. El cartón de bingo se inició a diez céntimos, luego pasó a veinticinco céntimos hasta llegar a cincuenta céntimos (“un cuatro”, como decíamos hace muchos años).  De las ganancias, el señor Soto donaba dos mil colones a la iglesia.

   Una anécdota sale a relucir. Un día se le “metió el agua” a un alto funcionario del Resguardo Fiscal tomar la decisión de  prohibir la actividad de los “cartoncitos y el maíz”, debido a la denuncia de un propietario de bingo, establecido en la plazoleta. El argumento decía que el bingo de don Enrique le hacia daño por la competencia, a tan poca distancia. Claro, una competencia muy significativa porque el visitante obtenía mejores premios, mayor comodidad, menos tumulto de gente alrededor, menos bulla y bajo techo.

   La acción del demandante y la Autoridad molestaron a don Enrique y a la población: “Arrieros somos y en el camino nos encontramos”, sentenció con firmeza a la autoridad.

   Por asuntos políticos de esa época, aquel funcionario de “alto rango” fue a parar a la cárcel. El “arriero” Soto, con la ayuda del Gobernador de Alajuela, movió todos los “mecates legales” e influencia para liberar a la autoridad mencionada. Y es que la filosofía del señor de los cartoncitos es pagar con un favor cualquier daño que otro semejante saque por ahí. “Un daño lo pago con un favor”, es su práctica.

   Tal fue la sorpresa que el recién liberado, lloró de alegría y emoción, ante la actitud del compatriota alajuelense. Reconoció…“cierto, todos somos arrieros del mismo camino…no pongamos obstáculos a nuestros hermanos”. Una gran lección.

   Menciona don Enrique, los conocidos “Títeres” o marionetas manipulados por don Amado Arroyo y sus hijos, en el salón Comunal de la Iglesia. Unos parlantes grandes o megáfonos daban el anuncio de los horarios para las funciones, dedicada a niños y adultos. En los intermedios, no faltó la “musiquita” siempre una gran molestia a don Enrique porque, según confiesa, don Amado no tenía otros temas diferentes a “Que se mueran los feos, feos”, “Decime papa Ito” y “El alacrán, cran, cran, ayy me va picar”.

   Estas piezas de moda hace un montón de años las tenía a menos de treinta metros de sus oídos; además, interrumpían el dictado de los números salientes en el bingo y loterías. No quedaba más camino que aguantar aquel martirio durante los ocho o quince días dedicados a los festejos. Por ser don Enrique un “arriero” permitió la labor de don Amado y sus espectáculos de hilo, trapos y maderas, sus títeres. Todos estaban en sus quehaceres para lograr una “entradita económica” a sus hogares y colaborar con la Iglesia. Don Amado Arroyo también formaba parte de los arrieros alajuelenses.  

   Fuera de las instalaciones del templo y plazoleta, fue evidente la presencia de los centros dedicados al expendio de licores o “guaro”, siempre con buena clientela. La pulpería y cantina de Nayo Bravo, se llamaba “Cantina El Palmar” con un lema escrito con letras grandes en la pared de adobes: “De la boca, ni hablar”. Esto era un mensaje de Nayo. No daba ni una “boca” al adquirir el “traguito de licor”. 

   “y diay, Nayo, la boquita ¿qué?”,  preguntaban los clientes.

   “Sepan leer o interpretar, carajos, en la pared dice que de la “boca” ni me hablen. Sólo vendo guaro y maní”. Así era el buen humor del alajuelense, entre tantas fiestas, comida y algodones de azúcar, al otro lado de la cuadra.

  Al frente del templo, “La Bohemia”, desde su interior se podía observar – hoy ocupa la misma posición -  bien la hermosa edificación pintada de rectángulos color pastel, porque está casi de puerta a puerta con el centro religioso, hasta se puede oír misa y observar los sacerdotes y fieles, mientras se pide una boquita de chicharrón, carne con arroz, una sustancia de pollo u olla de carne.

   Había mucha tranquilidad en la zona de estas actividades y en general por cualquier punto de la ciudad, no era tan dramático salir a la calle y dejar la casa “sin una alma”. En los festejos, especialmente en los centros de licor, aparecían “pleitillos callejeros, escándalos y sustracciones a lo ajeno”, pero muy diferente a estos tiempos donde impera el asesinato y hasta secuestros.

   Años más después a los de don Enrique, doña Carmen Cordero indica que su papá don Eberto Cordero Ramírez, la iglesia le encomendó la organización de las fiestas al Santo Cristo.

   Una de sus actividades fue, junto a 2 ó 3 fieles, la recolección de donaciones económicas y en especies lo que se empleaba a las necesidades del centro de oración. Estas visitas se hacían “casa por casa”, tocando puertas, siempre con la respuesta positiva del habitante.

   Contrataba a los músicos, éstos podían ser violinistas, tríos, cimarronas, gente conocida y hábil en ese campo, tocaban alegremente en el atrio, donde las enormes gradas servían de asientos para el selecto público. Si don Eberto hacía esto en forma voluntaria y gratuita, los músicos seguían el mismo camino. Prácticamente todo era colaboración y solidaridad.

   Otra vecina, doña Consuelo Barrantes Castro, recuerda muy bien las bellas Procesiones al Negrito, se regaban flores en las calles al paso del Santo y…no santos.

   Su esposo, don Genaro Fernández, colaboraban con la justa causa, ganaban para el sustento del hogar y ayudaban a la Iglesia. Vendían ricos bocadillos, empanadas, comidas, refrescos, tamales. Su clientela fija era el personal dedicado a laborar en las ruedas mecánicas, administradas por don Domingo García, procedente de la Capital.

   En la plazoleta, parte Norte y Sur, estaban establecidas dos Brujas muy visitadas por la comunidad, siempre esperando con alegría y suerte a sus viciosos clientes. En el sur, funcionó La Bruja bajo el mando de don Carlos Jiménez; mientras el otro sector era ocupado por la otra bruja, incrustada en la Pileta de San Gerardo, administrada por la familia Henchoz.  Esta familia en la persona de don Paco y el Padre Herminio viajaban hasta San José, la Capital, a las compras de ollas, picheles, comales, cafeteras, cazuelas, cucharas, cristalería y todo lo necesario para los lindos y útiles premios que las brujas daban a sus seguidores. Así, todo funcionaba al “pie de la escoba”, todos barrían parejo en pro de la gran causa. No existían egoísmos, competencias, todo era para el mismo saco, gracias a la presencia del Santo Cristo, que todo lo mira.

   En la década de los cincuentas y sesentas, los turnos de La Agonía servían de escenario para la presencia de grandes espectáculos. Recordamos a la “mujer serpiente, el hombre lobo, la serpiente con dos cabezas, la cabeza sin cuerpo, los muñecos de cera”.  En esos tiempos, significaba algo espeluznante, pagamos con emoción y asombro el aporte económico para después no dormir con tranquilidad ante aquellos espantos… fabricados a puros trucos.

    Imaginemos para aquella época, lo que podría significar un “gigante”. En la plazoleta se exhibía un hombre traído desde México, con más de dos metros de altura; padres con sus hijos adquirían el boleto para admirar, hablar y tocar semejante cuerpo, adornado con un inmenso sombrero al estilo mexicano y en su brazo un hermoso cóndor de verdad.  Felipe Reyes Manso, fue un monumento de carne y hueso, en nuestro barrio. 

   Sin faltar la inquietud o humor del alajuelense, don Reynaldo “Nayo” Bravo, se acercó al inmenso caballero y le dijo: “Si Usted es manso, yo soy bravo”. El gigante echó gigantesca risa al escuchar las palabras de aquel enano alajuelense.

   Otro espectáculo, hecho en Costa Rica, no gigante, pero sí,  una broma al espectador. Un espacio cerrado, portaba en su entrada un rótulo: “Sólo para hombres”.  La mente nos inducía a pensar en mujeres. Los varones se “quemaban” por pagar un colón para maquinar su mente y refrescar la vista. Al final del aposento, muy visible en la pared, la presencia de un pico y una pala, herramientas de trabajo. Todos salimos, muertos de risa.

  “Pague, pase y vea la gallina de cuatro patas”. ¿Asombroso producto de la Naturaleza? Una entrada ancha, alta, espaciosa. Conforme el cliente se acercaba al final del local, la estructura se hacía más pequeña, contraria a la entrada. Al final, la persona estaba en posición de “cuatro patas”, mirando una gallina pone huevos, común y corriente. Nadie se molestaba por la broma, ni comentaba lo sucedido para que otros cayeran en el truco de la gallina.

   “El torito”, fue un espectáculo lleno de risa y carreras.  Un hombre metido en una plataforma liviana con la forma de un toro. Un toro de dos patas. Con sus resistentes piernas podía correr por toda la plazoleta, persiguiendo a la gente, como embistiendo, con la especialidad que  todo su cuerpo estaba cargado de luces, pólvora, perseguidores, silbadores, triquitraques, cachiflines y bombetas.  Un diablo envuelto en pólvora, corriendo por todos lados.

   “La chancha encebada”. Cubierto su cuerpo con una grasa o cebo para que fuera difícil o imposible su captura. El participante corría tras el animal hasta lograr el dominio completo y así tener derecho al premio en dinero, si es que podía dominarla por lo resbalosa. El participante en su afán de captura, también caía en muchas oportunidades al suelo envuelto en polvo,  barro y grasa.  

   “La vara de la fortuna”, un madero muy alto, cubierto de un líquido grasoso, en su extremo una plataforma en forma de cruz con valiosos premios en dinero y objetos. Sin otro apoyo que el cuerpo, el participante que llegase al extremo se convertía en triunfador de premios, admiradores y aplausos. Tan difícil como  agarrar a la chancha.

  “Cine-Teatro”, diversión más moderna que las anteriores. Ubicado en el Salón del Templo. Para todo público. Se empleaba un “gancho” para ganar los boletos, en los niños.  Si el niño asistía al catecismo – los domingos se impartían las lecciones – obtenía un “tiquete amarillo”; si asistía a la misa, tenía derecho al “tiquete rosado”. Con los dos,  se presentaba a la boletería del salón donde le daban a cambio el boleto de ingreso al cine.  Una de las películas famosas de esos tiempos tenía el título  “Los peligros de Ñoka” con el tema de aventuras en la selva y otras series que se exhibían cada domingo, en forma de capítulos. También “Los tres chiflados”, del agrado de todo público.

   “Artistas exclusivos”,  el gran salón del cine teatro utilizado para la presentación de artistas nacionales e internacionales. La Radio City, radioemisora de la época,  presentaba a su artista insuperable, nuestra humorista y cantautora Carmen Granados. Sus bellos temas  en la imagen de Concho Vindas, el matrimonio de Doña Vina y Chon y otros personajes que sólo Carmencita podía interpretar.  Carmen Granados

 

De esta forma, podríamos citar más acontecimientos. Amigo lector, si Usted nos hace llegar más recuerdos de las actividades en honor al Santo Cristo Negro de La Agonía, con gusto los anotaremos. 

   Por más actividades festivas y religiosas, todo llegaría a su fin, hasta el próximo año… 

   Al concluir los festejos, don Genaro, en forma voluntaria recogía la basura de caños y aceras, para mantener limpio y agradable nuestro lindo barrio y su hermoso Santuario de La Agonía.

   ¿Quién no disfrutó de estos turnos o fiestas tan de pueblo? ¿Quién no se acercó, tocó y llevó en su corazón a nuestro Santo Cristo Negro? Todo avanza rápidamente y avanza paralelo el olvido a miles de cosas hermosas y sanas; van cayendo, desapareciendo, ya casi todo ha muerto. Lamentablemente, muchas situaciones nefastas van surgiendo, naciendo también en forma acelerada, se levantan con mucho vigor. Hoy, damos espacio a infinidad de situaciones que vienen a destruir mucho del ayer, del ayer más sano, seguro y limpio.

   Hoy, en la Comunidad de La Agonía, se alza un nuevo movimiento para reactivar lo que se nos escapa. No debemos olvidar a nuestro Patrón.  Menos perder la fe.

   Debemos mantener como fe y tradición, la llegada a La Agonía de los Santos correspondientes a la Parroquia, como se realizó recientemente, con la devota participación de las comunidades con sus respectivas imágenes. Citémoslas.

Desamparados, Virgen de los Desamparados

Rosales, Santísima Trinidad

Providencia, Santa Trinidad

Silvia Eugenia, Perpetuo Socorro

Ciruelas, Jesús de la Misericordia

El Llano, Vírgen de la Inmaculada Concepción

Brasil, Santa Trinidad

Higuerones, Virgen de Fátima

Canoas, Virgen de los Ángeles

Guadalupe, Virgen de Guadalupe

La Agonía, Cristo Negro

Santa Eduviges, Virgen de Santa Eduviges.

 

Fotos del 18 de enero del 2009, alrededor del Templo.Procesión

 


 

 


 

 Procesión

 


 

 

 


 PROCESION

 

 


 

 

 

 

Procesión

 

 

 

 

 

 

 

 

Procesión

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Viva el Santo Cristo de Esquipulas, nuestro Negrito Patrón!

 

Testimonio de los alajuelenses:

Virginia Henchoz, 82 años. 

Leticia González Guzmán, 83 años  

Enrique Soto Sibaja, 93 años.  

Carmen Cordero, 83 años

Armando Arroyo, Chino, 64 años

Consuelo Barrantes Castro, 83 años

Adilia Valverde, 93 años.

Carlos Chavarría, 83 años.

Virginia Soto Sibaja, 76 años

Yolanda Patiño, 83 años,

Tomás Alfaro Arroyo, 60 años.

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  Ilustración del tema Las carretas de Costa Rica

El texto siguiente no es de mi propiedad. Lo tomo de la obra "Costa Rica en el Siglo XlX", antología de viajeros, para ilustrar el tema de las carretas.

Thomas Francis Meagher, nacido el 3 de agosto 1823, en Irlanda. Llegó a Costa Rica en viaje de recreo. Permaneció durante los meses mayo, abril y mayo de 1858. En enero 1860, ingresó de nuevo junto a su esposa. En esta ocasión como Representante de Mr. A.W. Thompson, para proponer al Gobierno de Dr. Montealegre un Contrato de Colonización y Construcción de Caminos.

En sus viajes a suelo de Costa Rica: "Las carretas son vehículos toscos. Un timón sale de un bastidor cuadrilongo, debajo del cual hay un eje empernado. Las extremidades del eje sobresalen por entre discos o ruedas de cedro sólidas, de 4 ó 5 pies de diámetro; las llantas tienen un ancho de 4 pulgadas. Entre una rueda y otra hay una armazón de cañas que sostiene un cuero de buey sin curtir que sirve de toldo.

Una carreta fabricada de este modo vale de $25 dólares a $30 dólares. La yunta de bueyes cuesta de $75 a $80 dólares. El café descansa sobre la plataforma ó fondo de de la carreta, cosido en sacos de algodón blanco ordinario. Una de estas carretas puede acarrear de 800-1000 libras de café. El flete unos 75 centavos por cada 100 libras. Encima de los sacos hay otro pellejo sujeto con correas, también de cuero; en tanto que por fuera bailan una olla de hierro, una calabaza para llevar agua y otros utensilios que se usan en el camino.

En muchos casos las esposas y las hijas de los Carreteros acompañan el café al puerto. Resultan sociables y sumamente útiles en el largo viaje de 6 días, cuando menos.

Muelen el maíz de las tortillas, guisan los frijoles, rebanan los plátanos  y los frien, manejan el hilo y la aguja, proveen de agua y zacate a los bueyes y dan pruebas de ser, de varios modos, las más cariñosas auxiliares y proveedoras de confort de los honrado sujetos que caminan trabajosamente a pie y guían sus dóciles yuntas con el "chuzo", su ligera vara conpunta de acero.

Estos carreteros desempeñan el trabajo más duro con maravillosa resistencia, agilidad y brío. Desde el principio hasta el fin de la jornada prosiguen resueltamente su camino descalzos, con sus ropas desastradas, a merced del tiempo variable, unas veces agobiados y sudando a mares en pleno sol, otras calados por la lluvia o estremecidos por la densa humedad con que lo mismo de noche que a mediodía o al anochecer los envuelven las tierras bajas y las selvas profundas; ligeros de piernas, pacientes, robustos, activos, intrépidos, afables y corteses, leales para con quien en ellos depositó su confianza, prosiguen resueltamente su camino en medio de todas las vicisitudes que la Providencia les depara..."

En la misma obra, el autor describe al joven trabajador costarricense:

"En todo el camino nos llamó grandemente la atención, la viva inteligencia, la actividad, la intrepidez, el semblante despierto y la gentileza de los muchachos costarricenses. Muchos de ellos guiaban la carretas cargadas de café, tropezando alegremente al lado de los bueyes corpulentos, por muy áspero y resbaladizo que estuviese el camino, y llevando la yunta con la destreza de carreteros avezados por los peores desfiladeros, las cuestas más escarpadas, los recodos más estrechos; venciendo con experta y valiente sagacidad todas las dificultades de la jornada. A veces relevaban galantemente a los hombres viejos que venían desocupados detrás de las carretas a pie o en mula, o dormidos dentro de ellas, sobre los sacos de café; en tanto que los chicos blandían el chuzo. Y no era tan solo a lo larg o de esta carretera ni en este trabajo opresor que se portaban con tanto lucimiento. En todo el país, en los campos, en el mercado, en la selva, en medio de la más afanada muchedumbre, en la soledad más completa, en todas partes eran los mismos muchachos despiertos, expeditos, arrojados, incansables. Son para el país una fuente de salud y una corona de joyas que no tiene precios"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

13/11/2008 GMT 5

La bicicleta "raleigh" de Oviedo

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Un poco de historia. En el antiguo Egipto, pusieron a circular una máquina rudimentaria, formada Bicicleta de Oviedopor dos ruedas, unidas por una barra y propulsada por los pies; los antiguos de China presentaron su competencia o modelo muy parecido al egipcio, con la gran diferencia que sus ruedas estaban hechas de puro bambú.

Más tarde, apareció el descubrimiento de Leonardo Da Vinci, italiano, famoso pintor, escultor, dibujante, ingeniero e inventor. En la Biblioteca Ambrosiana, en Milán, Italia, en un apartado de la obra titulada “Código Atlanticus”, que conserva dibujos entre 1478-1518, apareció el esquema de una bicicleta, sin juego de dirección, con pedales, cadena y desmultiplicación, el guardabarros servía de sillín… un dibujo confeccionado por las manos mágicas de este señor.

Así, Da Vinci, es considerado el inventor de esta popular máquina.

En Europa fue introducida eRaleighn el siglo X1X, causando un fuerte impacto cultural e industrial. Hoy, es un medio de transporte súper saludable, contribuye a la buena marcha de la ecología, al ejercicio físico, sostenible, económico y especial para la recreación y el deporte.

Es tan popular que existen ochocientos millones de ejemplares, distribuidos en todo el planeta. Su uso es generalizado en casi toda Europa, aquí, Holanda, Suiza, Alemania, en algunas zonas de Polonia y en los países escandinavos, es uno de los principales medios de transporte; en el Continente Asia, especialmente en China y La India, es el principal.

No importa en este momento quiénes fueron los inventores; lo destacable en esta historia, es el recuerdo que nos trae un ejemplar de este vehículo, cómo llegó y a la fecha se mantiene aún “nuevecito” en nuestra comunidad El Llano de Alajuela, Costa Rica, a la vista de todos, propiedad de don Fernando Oviedo.

La pintura, piezas, placa, la bicicleta inglesa marca “Raleigh” es auténtica, original, la adquirió este trabajador en la agencia o venta de bicicletas en el año 1956, en un negocio comercial ubicado en Alajuela, manteniéndola intacta, sin más ni menos piezas, ni reconstruidas, simplemente como salida de la fábrica, allá en Inglaterra.

Su trabajo de fontanero, le exigió un vehículo para el transporte diario, eligiendo este vital instrumento. Hizo los cálculos económicos y no lo pensó mucho para extraer de su bolsillo 250 colones para adquirirla de contado. Pasó a ser dueño de tan fuerte, valiosa y útil máquina.

En esos tiempos, era exigido inscribirla ante el Departamento del Tránsito. Aquí se le extendía un documento escrito con todos los datos aportados y a cambio, la placa metálica, renovable cada año por un valor de 750 colones.

Por cumplir con todos los trámites legales, automáticamente se le asignaba el “derecho de circulación”, de otra forma era prohibido estos aparatos en nuestras calles. Además, debía portar la iluminación correcta para uso nocturno.

Todos estos requisitos servían para proteger la bicicleta y a su conductor, en casos de accidentes o robos, no muy usuales hace varias décadas.

Contrario al privilegio de tener una bicicleta propia, existía otra clase de usuarios, o sea, los que no tenían el dinero para comprar un ejemplar como el de Oviedo u otras marcas de menor calidad y precio. Para estos usuarios – generalmente estudiantes, limpiabotas y otros trabajadores – existían algunos establecimientos caseros dedicados al “Alquiler de bicicletas por horas”.

Muy en nuestra mente está el Chino González, en su casa tenía a disposición estos vehículos, por allá de los años 1950-1960. Por 120 colones la hora, teníamos derecho a disfrutar de la bicicleta para hacer los paseos, hacer mandados o distribuir los almuerzos de encargo y otros usos. Generalmente, el alquiler se pactaba por “un cuarto de hora”, equivalente a 30 colones.

La gran ventaja – supongamos que el alquiler se hiciera en estos tiempos – era que nadie se dejaba la bicicleta, lo único un poco salido de lo normal podía ser el abuso al tomar más tiempo del convenido. Todo se realizaba por un acuerdo a "pura palabra", entre el usuario y propietario. Así todos podíamos tener bicicleta, por un rato.

En nuestra comunidad está presente la “adulta mayor” de don Fernando, aún con mucha fuerza y admirada por todos. Nuestro vecino le da sus atenciones y protección, dándonos la oportunidad de volver la imaginación y la memoria hacia tiempos y momentos muy diferentes a los actuales.

Hoy, la identificación metálica número 15108 del año 1968 que porta la bicicleta, fue la última placa y año de funcionamiento de este sistema, para dar espacio a un "plástico o marchamo", el cual se pegaba en la barra u otra parte visible.

Es una historia presente que podemos tocar, admirar, tomarle fotos, viajar sobre ella, es una joya histórica en nuestra comunidad, una historia con más de medio siglo.Placa antigua

Foto placa

(Texto publicado en La Prensa Libre,

Sección Comentarios. 18 nov. 2008).

26/09/2008 GMT 5

Países y Ciudades en Costa Rica

adobe @ 23:29

REBLICA DE COSTA RICA, CENTROAMÉRICA. Nuestro pequeño territorio, conformado por 51.100 kilómetros cuadrados, tiene gran cantidad de poblaciones identificadas con nombres  captados de Países y Ciudades del mundo.

Así que, no es necesario salir de nuestras fronteras para conocer más territorios. Podemos dar la vuelta al mundo, en pocos kilómetros.   

Una ojeada a la DIVISIÓN TERRITORIAL ELECTORAL de Costa Rica, nos permite recoger estos datos curiosos.

San José: si nos ubicamos en el centro de nuestra Capital,  podemos  tomar el autobús y llegar con facilidad a California, México, Los Ángeles, San Francisco, NaNaciones Unidasciones Unidas, Harvard,  Versalles, Holanda, Roma, Galicia, Bengala, Niza,  a la Suiza Tica y Florida.  Un hermoso recorrido a pie o en bicibleta, sin  necesidad de inventir en gasolina.

Un poquito más allá, en Desamparados, tenemos acceso a Venecia, Balboa y Jerusalén. En Ipís de Guadalupe, está Praga.

En San Rafael de Escazú, tenemos acceso a Palma de Mallorca.Palma de Mallorca

En Mora, ubicamos a Michoacán. En San Antonio de Alajuelita, visitamos Caracas. En Coronado, Andalucía y Normandía.  

Desde Puriscal, Tarrazú, Aserrí y Mora, podemos contactar a Buenos Aires, Jamaica y Brasil.  

En Santa Ana, tenemos una réplica de Honduras; en Curridabat a Chapultepec. En Pérez Zeledón,  podemos visitar  La Tierra Prometida,  La Unesco, Suiza, Brasilia, Pinar del Río, Canaán, Siberia, Santo Domingo, Alaska, Líbano, Pennsylvania, Zaragoza, Valencia y Berlín.

Alajuela: segunda provincia, el viaje turístico lo continuamos en la Ciudad de los mangos. CGreciaiudad conocida por la abundante fruta. En esta zona, hallamos  poblaciones con estos reconocidos nombres:  Barcelona, Argentina, Grecia, París, La Paz, Belén, Barranquilla,  Viet Nam, Georgia, Balboa y La Calle de la Amargura, los últimos siete poblados correpondientes a Turrúcares, Sarapiquí, San Ramón y Grecia.

Muy cerca del centro de la Ciudad, nos encontramos a  "El Infiernillo", que no es el único en el país. En otras zonas es común su existencia, los que citaremos más adelante.  Se incluyen en este listado porque su nombre es muy original y simpático.

El Cantón número 05 de Alajuela, lleva el nombre de ATENAS, posee un lugar identificado como Andrómeda, igual a la galaxia espiral gigante que en unos 5.000 millones de años pueda que colisione con nuestra galaxia, pero esto es otro tema; mientras el Cantón Naranjo tiene en su territorio a Belén y Puebla. 

En Palmares, existe una población con el nombre Esquipulas y en Tacares de Grecia podemos visitar fácilmente a Cataluña; si queremos gastar tiempo y dinero, la otra Cataluña está ubicada al nordeste de la Península Ibérica.

La linda Orotina de Alajuela, con su variada riqueza en frutas, tiene una población campesina con el nombre El Arca de Noé.

San Carlos, siempre en  Alajuela, con su hermoso Volcán Arenal, tiene a Las Malvinas, Pénjamo, Los Alpes, Yucatán, Corea, El Edén, "El infiernito" (posiblemente más pequeño que el de Alajuela), San Andrés y El Cairo.El Cairo

En Upala, Los Chiles y Guatuso , zona norte de Costa Rica, divisamos a Puerto Rico,  Colón, Los Pirineos, Guinea, Líbano, Jericó, Buenos Aires, Popoyuapa (del Departamento Rivas, Nicaragua), Argelia, Birmania, Terranova, ésta, una isla grande en la costa nordeste de Norteamérica. 

Cartago: tercera provincia, lugar de peregrinación a nuestra Vírgen de Los Ángeles, La Negrita, existen varias poblaciones, entre ellas, Fátima,  Andes, NazarEl calvarioeth, El Calvario y Danubio, El Salvador, Antigua, Terán, Luisiana, Cuba (estos "cubanos" son de Juan Viñas); Santa Marta, Rincón del Indio, El Congo; en Turrialba están Aragón, Alto de Alemania, Líbano y Ciudad del Cielo, en Cervantes; San Remo, Pisco (zona industrial y bebida alcohólica de Perú) y Palo Alto; el Palo Alto de  Estados Unidos es un lugar muy caro para vivir, fundado en 1895, pertenece a California, pero en este caso es turrialbeño ciento por ciento.

Más: Granada, Getsemaní y Quisquella, pertenecientes a El Guarco.

Heredia: cuarta provincia de las siete que componen a Costa Rica, encontramos: Masaya, California Tico, Búfalo, Kentucky, Los Chinos y Vuelta Cabo de Hornos.

Guanacaste: no se queda atrás con los nombres a sus ciudades o poblados. Analicemos.

Arizona, Birmania,Montes de Los Olivos Formosa, Borinquen, Nueva Zelandia, Oriente, Las Vegas, Samaria (Ciudad Bíblica, ubicada en el Norte del Río Jordán), Portal de Belén, Estocolmo, Varsovia,  Guatemala, San Andrés, Chile, Hollywood, Palestina, Nuevo Mundo, Albania, Panamá, Bombay, Choluteca, Italia, Taiwán (Las Juntas de Abangares), Boston, Monte Los Olivos, India, Nilo, Génova, "Infierno" (este pertenece a Las Vueltas, La Cruz, Guanacaste), Holanda, Alto Filipinas (La Garita, La Cruz, Guanacaste). 

Puntarenas: sexta provincia, hace honor a Bruselas (Villa), Acapulco, Caribe, Hanoi, CambVesubiooya, Curazao, La China, Estados Unidos (en Esparza), Cima del Cielo, Vayoa (Nueva York), Ciudadela Estados Unidos de América, La Managua,  Filadelfia, Jalisco,  Londres, Guadalajara, Manchuria, Mediterráneo, Chontales, Paso de los Indios, Vesubio (volcán que sepultó las ciudades de Pompeya y Herculano, en Italia); el Vesubio de Costa Rica es un pueblo tranquilo de San Vito (Coto Brus) y Santo Domingo.  

Limón: sétima provincia, hermosa tierra y gentes. Aquí, conocemos a: Jamaica, Atlántida, Armenia (ubicada en el Valle La Estrella), Quito de Río Blanco, Beverley, Polonia, Bolivia, Numancia, Glasgow, West-Indian, Cundinamarca, Filadelfia (Norte y Sur), Asunción, Asturias (Oeste y Este) de Guápiles, Hamburgo, Barbados, España de Cariari, Carolina Tica, Aragón, Brooklin, Maryland, Milla Seis (New York), Suiza de Siquirres, Canadá, Indiana, América, Babilonia de Germania en Siquirres, Francia, Finca Sadan en Sixaola, Gibraltar de Cahuita, Yorkin, "Home Creek" (un dato de este nombre es, según Geo Localizador, la existencia de 53 ciudades en el mundo con idéntica denominación), San Quintín, Baltimore de Matina,  Palermo, Nueva Jersey (27 Millas de Batán), Manila, Siberia, Damasco, Palestina, Chicago, Venecia, África, Siria, Westfalia,  Leesville, Cartagena, Escocia de Río Jiménez, Tel Aviv de Campo Cinco de Cariari, Iberia (los griegos la conocieron con ese nombre, hoy es la Península Ibérica) e Irlanda.A CATALUÑA

COSTA RICA, ¡Pura Vida!...  ¡Salud, costarricenses y ciudadanos de todo el mundo!.

 (Publicado en La Prensa Libre, de Costa Rica, 02 octubre 2008, Sección Comentarios, página 18).   

Imagen captada en el centro de

 mi ciudad Alajuela, Costa Rica.

18/08/2008 GMT 5

Pedro Millón, el afilador

adobe @ 22:39

"¡Afilo cuchillos, machetes, afilo de todo"! Con voz suave, sin interrumpir a nadie, quien anuncia y ofrece sus servicios, camina pausadamente por las aceras de la comunidad, cargando en sus hombros un original banco de madera, similar a un caballito de juguete. El señor afilador

Cinco herramientas utiliza en su oficio. En el original banquito, tiene muy bien atornillado el "esmeril manual"; al lado derecho ubica el "asentador" que es una piedra especial para emparejar el filo; en su cuerpo, porta la lima y la cuchilla, ambas ajustadas a la faja del pantalón, don Pedro Millón Castillo, hondureño,("Catracho de corazón", como se autodenomina) busca las herramientas que mantenemos en nuestros hogares, muchas veces abandonadas por falta de filo.

La misión de don Pedro es una: "echarle o hacer el filo" a las herramientas a un costo económico accesible a todos los bolsillos.

"Señor, tengo para afilar un cuchillo número 284 y un palín", le dice un vecino.

"Tráigalas y se las dejo al punto, como navajas".

Afirma con seguridad y orgullo "tener mucho rato en esto, son más de veinticinco años".

Inicialmente, este oficio lo practicaba en Nicaragua. Años después, cambió de trabajo. En Honduras dedicó sus conocimientos a labores de cocina, en un restaurante. Así la fue pasando, ganándose la vida con mucho sacrificio y honradez.

Decidió organizar maletas y llega a nuestra tierra, Costa Rica, con el objetivo de seguir como "afilador". Aquí ya tiene once años en este no muy imitado trabajo, sin competencia ambulante, sólo a don Pedro Millón observamos y escuchamos en nuestros barrios. También, no es ajeno el ruido característico del esmeril al sacar chispa y brillante filo en las herramientas.

"Gracias a Dios, tengo buena clientela en casas de habitación, cantinas, sastrerías, carnicerías, escuelas, este trabajo lo hago por mi cuenta, es un trabajito propio".

¡Qué no afila don Millón! Bueno, posiblemente no se compromete en afilar las hojas de afeitar, pero a todas las herramientas cortantes les hace frente. Sus mejores amigas y amigos son las palas, cinceles, palines, serruchos, picos, machetes, tijeras, cuchillos de cocina y otras.

Esta labor diaria, dice, le permite salir avante con la familia, conformada por la compañera y tres hijas. Afirma que la vida está durísima, pero su trabajito lo defiende hasta el final, porque de todas maneras "nadie me va a dar trabajo en una empresa, especialmente por mis casi sesenta años",  así que este humilde banquito lo protege y maneja a su antojo con recursos propios.

Mientras le "saca filo" a un cuchillo grande, utilizado en labores agrícolas, cuenta que el invierno es desfavorable porque la gente no sale de sus casas. Además, se lamenta por la pérdida de su casita, producto del fuego devastador.

Don Pedro Millón Castillo, es un ejemplo de trabajo y honradez. Así se le enfrenta a la vida. Es un extranjero valioso que pisa nuestro suelo con la intención de sobrevivir, no representa una carga para el Estado, menos en violentar la hospitalidad del costarricense, como lo hacen muchos irresponsables que llegan con la mente y manos repletas de oscuros propósitos.

Cada ciudadano honesto, nacional o extranjero, debemos solidarizarnos con trabajadores de esta calidad. Todos podemos darle trabajito, porque todos tenemos herramientas urgentes de un "buen filo" y para esa función nadie mejor que el "catracho", ya muy popular en nuestros vecindarios.

(Publicado en La Prensa Libre, Costa Rica,  Sección Comentarios, 18 octubre 2008).

(Publicado en EL VIGILANTE, periódico regional de Alajuela, Sección Huellas. Febrero 2009).

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