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Le llamamos "adobe" al material extraido de la tierra, utilizado por nuestros abuelos para construir sus casas y muros. Con este material lograron paredes gruesas, frescas y fuertes. Actualmente, el adobe forma parte de la historia escrita por aquellos se

Categoría: Historias

27/07/2008 GMT 5

El negro Zúñiga, con el corazón en el fútbol

adobe @ 06:31

El barrio Concepción ó El Llano, en Alajuela, Costa Rica, es futbolero por naturaleza. En estas tierras se han distinguido personajes amantes de este hermoso deporte. Uno de ellos es "El Negro Zúñiga", don Carlos Luis Zúñiga Álvarez.

Sus primeros pasos los rea Plaza El Llano, Alajuela, Costa Rica, Centroaméricalizó como jugador en ligas menores y en Tercera División, debutando en el "Deportivo González", bajo la dirección de los señores Antonio González y Vladimir Aguilar, amigos y consejeros de gran calidad humana.

Aún siendo un niño, pasó a las filas del "Brasil de Alajuela", uno de los mejores de la comunidad alajuelense.

Más tarde, fue llamado como "refuerzo" a dos poderosos conjuntos de la misma barriada, "El Barcelona F.C" y el "Atlético Nacional". Aquí sufrió lo que ningún deportista quiere: una lesión, en el muslo izquierdo, situación dolorosa que lo obliga a abandonar la práctica del balompié, a los veinte años.

Por traer todo esto en la sangre, mente y corazón, se convirtió en técnico de un gran cuadro, el Fluminense F.C, obteniendo campeonatos y clasificaciones en la tercera división. En este monumental cuadro del barrio El Llano, dirigió durante ocho años.

Pasó a ligas menores, donde obtuvo con sus niños, grandes éxitos.

En aquellos tiempos, nuestro barrio era diferente. El fútbol fue el pasatiempo preferido, pero el campo para realizar entrenamientos y  encuentros, no era el mejor; siempre con un "pelonazo diagonal" (la plaza no tenía mallas, el transitar de la gente lo hacía diagonal para llegar de una esquina a otra) y el césped muy alto, lo que impidió la invitación de otros equipos de poblados cercanos o provincias.

A grandes problemas, surgieron posibles soluciones. Lo primero, constituir un "Sub-Comité de Deportes", integrado por siete valientes vecinos, recordamos a Dauber Gómez, Ruth Hidalgo, Rufino Lara, éstos, ya fallecidos, Ilmar Molina, Miguel Quirós, Joaquín Porras y Rafael Ángel Córdoba.  

Las soluciones empezaron a aflorar. La gran obra de cubrir con malla metálica los cuatrocientos metros cuadrados de la plaza, enzacatar las "partes peladas" y construir las aceras del cuadrante.

Tiempo después, la organización decayó lo que trajo más problemas en nuestro campo deportivo. Los integrantes optaron por el retiro, talvez por cansancio, críticas que siempre existieron o por falta de fondos económicos para cumplir con todos los sueños.

En nuestra querida Alajuela, el "sobrenombre" es importante para identificar a una persona, por tal razón, junto al nombre y apellidos adjuntamos el "apodo", para una mayor y mejor identificación. Estas personas se han partido el pecho en colaborar a la causa del deporte "puro corazón y sacrificio".

- José Ángel Espinoza, "Manzana"

- Oscar Alfaro, "Marimba"

- Erick Gómez, "Lico"

- Luis Solórzano, "Manyu"

- Eduardo Rojas, "Charro"

- Francisco Rojas, "Pan torcido".

Posteriormente, viene una "segunda etapa" en el fútbol de este pueblo. La presencia de grandes entrenadores, citemos a Fernando Vega y Rafael Ángel Córdoba del gran equipazo de la época, en Alajuela, El Atlético Nacional, daba gusto ver este cuadro, un espectáculo, a pesar del terreno de juego que ni para "mejengas" era apropiado.

Una anécdota en el "Negro Zúñiga", con relación al campo de juego, fue cuando invitó a la Selección de Tibás (proveniente de la Capital, San José) para enfrentar al Fluminense F.C. El dirigente del seleccionado capitalino le encaró con estas palabras o interrogación: "¿ señor, no le da verguenza invitar a un equipo a jugar  en este potrero?" . Fue muy duro, pero la realidad no podía ser otra. Esto sirvió para organizar un nuevo Sub-Comité.

La tarea en conquistar las cosas buenas no ha sido ni fue fácil para dirigir los destinos del deporte en esta población. El sacrificado Zúñiga tuvo que "rogar" hasta conquistar a Tulio Durán, Joaquín Vega, Francisco Rodríguez y Santiago Arguedas. Los cinco valientes se reunieron en varios "lugares prestados" hasta conseguir el Juramento por parte del Comité Cantonal.

A partir de este punto, comenzó una nueva lucha. Una lucha sin dinero en las arcas ni de dónde sacarlo; eso sí, mucho entusiasmo por la gran causa.

El nuevo reto o tarea fue el "relleno". Se utilizaron 55 vagonetas con tierra, tierra "fiada" gracias a un señor de apellido Piedra que confió en la honestidad de esas personas por su lucha deportiva, con solo la firma de factura aportada por Tulio y Zúñiga.  

De seguido, el señor Santos Montero, conocido como "Mallía", trajo la famosa "Ciudad Mágica" (aparatos mecánicos), actividad que aportó 18.000 colones de ganancia, utilizado para los primeros camerinos, construidos por contrato a pesar de la negativa de Zúñiga quien perdió la pelea, mientras los camerinos resultaron un desastre.

Así como estaban los camerinos, por lo menos solucionaron por un tiempo el problema de falta de un lugar para las reuniones, aunque después se llegó a la conclusión de que no eran apropiados por su reducido espacio y el mal olor de los baños, ubicados en uno de los extremos.

Por este nuevo inconveniente o problema, surgió la idea en Zúñiga de una moción para la construcción de una "Sala de Sesiones".  La votación dio el resultado de 3 a 2, a su favor.  Se inició la obra con 29.000 colones, hasta cubrir los 65.000 colones por el costo final.  

Fundamental para la construcción de esta obra, fue la participación de Guillermo Alpízar, Gerardo Solano y Luis Solórzano; también las actividades de don Marco Tulio Durán con sus Ligas menores y el aporte de la Filial de Árbitros, quienes utilizaron los camerinos para sus reuniones. 

La otra meta consistió en eliminar los "matones" del campo de juego, esta situación trajo críticas de algunos porque consideraron que más bien traería destrucción del mismo. Algunas voces decían: "Ustedes no son de este barrio, fuera de aquí". Nuestro trabajo positivo hizo callar esas voces.

Se logró una cancha diferente, lo que permitió organizar el Primer Campeonato, esta importante actividad trajo vida al pueblo y al campo de juego. La participación fue ejemplar con grandes equipos: El Olimpia de Canoas, Fluminense F.C, Villa Hermosa, La Pilsen, Los Higuerones, España Veteranos, Marco Tulio Durán, Cereales Santa María y el lindo juvenil Santa Cecilia.

Este torneo lo conquistó el "Flumi " en una gran final a dos encuentros, frente al Olimpia de Canoas.

Ante este éxito, se instaló una Soda para contar con un medio de ingreso económico para las competencias siguientes. Esto no fue sencillo porque a los mismos organizadores les correspondía asistir todo lo relacionado al negocito, para lograr que las entradas de dinero fueran netas al Comité. 

Para lo anterior, participaron Luis Solórzano y "Guaddi", quien  en ese tiempo era un "mocoso" y a pesar de su corta edad, cumplió con todas las obligaciones que le encomendó la organización deportiva.

El otro gran reto fue "enzacatar" todo el campo, de marco a marco. Al señor Vicente Falcón Luna, vecino de nuestra comunidad, le donaron el zacate proveniente de un potrero en San Antonio del Tejar, así dio inicio tan inmensa obra. Puesto el césped, vinieron otros problemas.

Se acercaba el verano, que afectaría la puesta, pero no había que perder la gran oportunidad del regalo verde. Se instaló y se acordó regarlo con mangueras, por las noches. Aún así, las críticas volvieron a sacar las caras. Críticas, sólo críticas, pero nunca pusieron las manos para colaborar por el pueblo y el campo deportivo. De nuevo tuvieron que silenciar, ante el nuevo éxito. Rafael Acuña, conocido como "Tío" y "Guaddi" fueron piezas vitales para lograr la nueva meta.

Llegó una nueva etapa. La construcción de un "Pozo", para el riego del campo. El Comité Cantonal participó, distinguiéndose su Presidente señor Diego Ocampo. De nuevo la Ciudad Mágica que dejó al Comité 800.000 colones en ganancia. Fue duro, pero se logró lo programado.

Mientras se daban esas luchas, el Negro Zúñiga y compañeros, cumplían los dos años de función, siempre con algunas voces que deseaban la renuncia de ellos, logrando tal propósito, por lo menos hicieron que Carlos Luis pusiera la renuncia al cargo.  

Siguió trabajando como representante de su equipo y fue en este momento cuando se desató de nuevo la guerra de críticas, porque para el dirigente deportivo lo primordial era la construcción de camerinos decentes, no "celdas parecidas a las del O.I.J" (policía judicial), como dijeron algunos niños futbolistas.

Ante esto, don Miguel Rojas Montero, presidente del Comité, no aceptó la insistencia del Negro, optando por la renuncia como tal. Esta crisis, hizo que don Guillermo Segura y José Ángel Espinoza, pidieran los servicios del   señor Zúñiga quien aceptó ocupar el cargo de vice-presidente. 

La idea central siempre fue la construcción de los nuevos camerinos, hasta en el mismo grupo afín halló cierta resistencia o incredulidad, especialmente por las limitaciones económicas en las arcas del Comité. "Obra que no se inicia, nunca se termina", lo decía con sobrado convencimiento.  

Con esta insistencia, se iniciaron las obras y al año siguiente todo fue diferente: dos camerinos totalmente nuevos, a un costo económico de un millón de colones, hasta lograr el tercer camerino con otros ingresos económicos, incluso, utilizando el espacio de la "sodita" como el número cuatro. Problemas solucionados en ese campo.

Otro gran acontecimiento en nuestra comunidad, fue el proyecto de construcción de la nueva iglesia. El Comité de Deportes, estuvo anuente a colaborar, con la sorpresa de encontrar fuerte oposición (posiblemente ateos) a esta maravillosa idea.

Gracias a las ganancias dejadas por la Ciudad Mágica, el aporte para la sagrada obra fue de más de un millón de colones, más una entradita de 175.000 colones que se destinaron a la construcción de la Gradería de Sombra, algo granGradería Sombrade en nuestra área deportiva, orgullo para nuestra comunidad.

Posteriormente, el Comité integrado por Guillermo Segura, Carlos Luis Zúñiga, Eddie Fallas, Oscar Alfaro, Erick Gómez, José Ángel Espinoza y Marcos Durán, en los siguientes tres años, se enfrentaron a la gran tarea de cambiar toda la malla protectora del cuadrante y lograr el sueño de todos los "llaneros", nada menos que el sistema de iluminación a nuestro territorio deportivo.

Para la iluminación, fue especial el aporte de la señora Lupita Charpantier, el Comité y representantes de los equipos participantes quienes, entre otras actividades, realizaron "rifas" para obtener el objetivo trazado.

Después de concluidas estas obras, el Negro Zúñiga, con 28 años de pertenecer a los diferentes comités de deportes, renunció a su cargo por motivos de salud, sin cumplir el deseo de morir trabajando por el campo   deportivo.

Ya retirado, recuerda:"Siento nostalgia al no pertenecer a esta Institución, pero siento alegría cuando paso por las aceras de este campo, veo la iluminación, el campo verde, el pozo en su mejor funcionamiento, los camerinos nuevos, la gradería de sombra llena de espectadores, la sala de sesiones, en estas luchas estuvo mi interés y sacrificio. Con la colaboración de varios compañeros hoy podemos decir a "todo galillo" que poseemos las mejores instalaciones de todo el Cantón Central de Alajuela. Aún cinco años después, sigo recibiendo muestras de cariño de mi querido barrio "El Llano".

Es bueno destacar que Oficinas Comité Deportivo El Llanoel actual Comité de Deportes de El Llano está constituido por Aníbal Arrieta, Emilio Soto y Javier Saborío. Ellos, en honor al trabajo abnegado del Negro Zúñiga, decidieron bautizar la Sala de Sesiones" con su nombre, este reconocimiento lo llevará el resto de su vida, según sus manifestaciones.

(Nota: un resumen de este escrito fue publicado en La Prensa Libre, 11 de agosto 2009, Sección Comentarios.)

  

  

21/07/2008 GMT 5

Referéndum anecdó-TICO

adobe @ 01:48

El siete de octubre del 2007, al pueblo de Costa Rica se le propuso decidir en las urnas, una de dos alternativas: VOTOel SI o el NO para firmar el Tratado Libre Comercio con Centro América, República Dominicana y Estados Unidos, con nuestro país.

Personalmente, como funcionario del Tribunal Supremo de Elecciones y del Registro Civil, me correspondió ser miembro de mesa, en un colegio de la Capital. Lo expuesto con las siguientes palabras, es el aspecto anecdótico. Lo que me sucedió y sentí, en ese momento al tener en contacto directo a nuestros compatriotas, ante una decisión tan importante para el país.

Por esa particularidad, le llamo "Referéndum anecdó-TICO".  Hago referencia  a "Ticos",  porque así nos llaman  o somos conocidos los costarricenses.

Un compañero miembro en una de las Juntas Receptoras de Votos, contó su experiencia: Un borrachito, bien pasado de copas o botellas con licor, llegó a la mesa, a la mesa de votación: "señores, pongan atención, vengo a votar por cualquiera, me da lo mismo si digo SÍ o si digo NO. Estoy así por culpa de Ustedes por no tocar el asunto de la "Ley seca", si me permiten tomar guaro, también deben permitir que vote".

Recordemos que la llamada Ley seca en Costa Rica, consiste en cerrar por unos días, los expendios de licor, ya sea en la época de la Semana Santa o cada cuatro años, para las elecciones generales. Con esta "ley", aparentemente, se logra "menos consumo" de licor y de ahí, menos accidentes en las carreteras y hogares, violencia y desorden.

En mi caso particular, estuve de "contingente"(representante del Tribunal Supremo de Elecciones) en el Liceo de Costa Rica. Participé en las 10 Juntas de Votación, como miembro activo o atendiendo alguna situación anormal. Fue una hermosísima experiencia relacionarme con el pueblo, con el corazón del pueblo.

Una señora mayor, al entregarle la papeleta de votación, me dijo: "Usted, señor, que es un hombre de experiencia - miró mis canas, calvicie, arrugas y cara de futuro pensionado - dígame en confianza...¿por quién me aconseja votar, cuál es la mejor opción?

"Señora, soy representante del T.S.E, estoy para fiscalizar, para que todo sea transparente. Es decisión suya, no insista, señora".

Un señor de la "tercera edad" salió muy alegre del recinto electoral: "muchas gracias, señores, ya voté y voy a ganar". Doncito, le dije, Usted no ha depositado la papeleta en la urna, dónde está su decisión?.

"Allá en el recinto, prensadita con el bolígrafo". Hecha la observación a un asunto tan delicado, el ciudadano  trajo el voto para depositarlo donde correspondía.

Presenté mis credenciales ante las diez Juntas Receptoras de Votos. Les comuniqué la misión ante ellos y los electores: "soy del T.S.E, me designaron recoger la votación (después de las seis de la tarde, como lo indica la ley electoral), si necesitan permisos para ausentarse por cualquier causa, con mucho gusto los reemplazo".

Un miembro de mesa, me localizó en los pasillos del centro educativo: "caballero del TSE, solicito permiso para ausentarme, ocupe mi puesto, es que vivo solito y dejé la ropa fuera, si llueve se moja todo, mi casa está aquí, cerquita". Al regresar, casi una hora después, dijo frente a los otros miembros de mesa: "que buen servicio da esta gran Institución, qué bueno, los felicito".

Una señora de unos sesenta y cinco años, con dificultad para caminar, al estampar su firma, observó la fotografía de su hijo en el Padrón Fotográfico. Quedó inmóvil y soltó a llorar. "Señora, qué sucede, puedo ayudarla?. "Vea señor, este de la foto es mi hijo, no sé dónde está, no volvió a la casa". Llorando ingresó al recinto a depositar su voto.

Al final de la jornada electoral, a las dieciocho horas, el cierre de los recintos; inmediatamente los Miembros de Mesa abren las urnas electorales para el posterior conteo de votos y otros requisitos de ley.

Mientras esto está en marcha, estoy en los pasillos de la Institución Educativa, sentado en una banca, tomando un refresco y un emparedado ( un "sánguche", como pronunciamos los ticos el inglés al referirnos a sandwich), acompañado de otras personas, puede ser el Oficial de Seguridad del edificio educativo, con los delegados "Ad-honorem" del Tribunal Supremo de Elecciones o con los fiscales de los Partidos Políticos o tendencias. Todo en una verdadera amistad y patriotismo.

Todos, esperamos ganar, pero sabemos que unos, tenemos que perder y aceptar la decisión del pueblo mayoritario, expresada en papeletas que horas antes fueron depositadas en "cajitas de cartón" (urnas).

Poco a poco, unos más rápidos para el "conteo" y llenar los formularios y actas del  resultado de la  votación, cierran y sellan los sacos y buscan al representante del Tribunal Supremo de Elecciones, en este punto me corresponde recibir los votos de nuestros compatriotas.

"Queda en sus manos la voz y voto del pueblo",  dice el Presidente de una de las diez mesas electorales.

"Muchas gracias por colaborar y defender nuestra Democracia", mientras le extiendo la boleta correspondiente por tan importante recibo de documentos".

Ahora sí, bien tranquilo y satisfecho, me dirijo a la sede central del T.S.E para que ésta continúe el proceso electoral.

Me preguntará el lector...¿ ganó o perdió en este primer referéndum en Costa Rica?

¡Gané!. Porque laboré más de quince horas por nuestra Costa Rica.

Esta experiencia fue hermosa al transcurrir el día siete de octubre (por cierto se pasó muy rápido) disfruté montones porque compartimos democracia y comprensión entre costarricenses, sin importar el Sí ó el NO.

Así, disfruté el referéndum, con lágrimas y alegría. Sentí la satisfacción inmensa por haber cumplido con mi Patria y la Institución, ella que me ha dado la oportunidad de laborar por 31 años y hoy me permite ausentarme por el derecho a mi jubilación.

Hoy, no soy funcionario del Tribunal Supremo de Elecciones y del Registro Civil, pero siempre la llevaré en mi corazón.

TLCUrna votacionesTLC

04/06/2008 GMT 5

¡Pagador, pagador, viene el pagador!

adobe @ 05:12

Anécdota,
a mis compañeros de trabajo,
en el Tribunal Supremo de Elecciones y
Registro Civil de Costa Rica. C.A.

Cada quincena, un personaje muy conocido en nuestra Institución, visitó nuestro centro de trabajo, con la fácil misión de localizar a cada funcionario. Recorrió los principales puntos del edificio, sus oficinas y pasillos, lo conocía como sus propias manos o su casa. Bievenido por todos, recibió sonrisas, saludos, deseos de buena suerte y apretones de manos. Nadie le hizo "malas caras".

La mayoría del personal, no conocíamos su nombre y apellidos, no era un requisito; el requisito fundamental era conocerlo físicamente, inconfundible de las demás gentes. Nos alegramos cuando descendía del automóvil, siempre necesitamos su presencia y servicios.

Caso contrario, él sí debía conocer nuestra identidad, el nombre, apellidos y número de cédula.

Siempre venía acompañado. Traía bien agarrada entre sus manos, una hermosa compañera, millonaria, vestida de cajita, con olor a madera.

Para nuestro interés, lo conocimos con el sobrenombre de "El pagador". Éste, conoció los datos personales incluídos en nuestro principal documento la Cédula de Identidad, nos comparó con la fotografía, hasta podía observar o conocer el salario devengado, correspondiente a cada trabajador, ocupara el puesto de oficinista, archivista, conserje, conductor de vehículo, guarda de seguridad, electricista, director o magistrado.

Nuestro pancito de cada día, el salario por nuestro trabajo, lo traía en perfecto orden, metido en el seno de la fiel compañera. ¡Nada de computadoras, claves de acceso o barras electrónicas!. Traía millones de colones archivados alfabéticamente.

Cada día de pago, quincenal, su ingreso al edificio se anunciaba con alegría, hasta en el portón principal del edificio lo esperábamos, como aquellos niños que iban a tomar a su maestra de escuela para ayudarla en traer sus pertenencias.

¡Pagador, pagador, viene el pagador!.

Y al instante paralizábamos nuestras funciones, eso sí, sin descuidar un minuto al usuario, quien ha recibido el mejor trato y capacidad de sus funcionarios.

Con la identificación en mano, recibimos el ansioso cartoncito de papel llamado "Giro". Nunca le hicimos huelgas o manifestaciones en las calles porque siempre recibimos el salario el día indicado. A nadie defraudó ni evadió.

Ese memorable día, siempre en la mañana, rendía menos la producción del trabajo porque por fuerza mayor había que "escaparse" - con el consentimiento de la jefatura - para convertir el papel en otros más vistosos llamados billetes y monedas.

Algunos, en forma individual, hacían el canje en la Pagaduría Nacional o en las ventanillas de los Bancos; otros, formaban grupos pequeños, de dos o tres personas, por turnos, para no dejar desiertas las oficinas.

Ya por tener a "don" dinero en las manos, de regreso a los puestos de trabajo, nunca faltó el refresco, helados, empanadas con cafecito en algunas de las soditas vecinas o en el Mercado Central, cumplir con un encargo, pagos de la luz, teléfono u otros servicios; también los numeritos de siempre: abonos a las deudas con el "polaco" o la prestamista de dinero, rifas, cooperativas, compra de lotería, "tiempos" y otras diligencias no menos importantes.

Si por algún atraso propio, se nos iba el Pagador con el giro, la alternativa era recorrer la "ruta de pago" en otras instituciones hasta "darle caza" - Estadísticas y Censos, la más cercana - o esperar tres días hábiles para retirarlo en la Pagaduría Nacional. ¡Sí, tres días después!. Bueno, así nos rendía más el dinero.

La otra gran opción para cambiar el giro, consistía en utilizar el servicio que nos brindaba un compañero de la oficina. Siempre protegido por dos "guarda espaldas" (desde luego, compañeros), se echaban encima la inmensa responsabilidad de ir al Banco, hacer la enorme fila y traer el dinero de cada funcionario. En un bolso negro, puro vinil, casi blindado, escondían el sustento de nuestras familias, burlando siempre a timadores y ladroncillos de la calle.

Aquellos valientes, traían el salario de cada uno tal como lo solicitamos, previo a un listado donde se indicaba tantos billetes de mil (no habían inventado los tucanes, o sea, nominaciones de cinco mil colones), una cantidad de cien, quinientos, de cinco y tanta cantidad en monedas para uso telefónico y pasajes para los autobuses. Hoy, nadie se atrevería a manejar el dinero ajeno, por aquello, principalmente, de la inseguridad ciudadana en las calles.

Un día, al Pagador lo desaparecieron, junto con la fiel compañía. Jamás volvieron a nuestras oficinas, pasillos y archivos.

La tecnología hizo de las suyas. Pagador y cajita de madera, los mandaron al olvido, ya estaban viejos y obsoletos. A cambio, nos trajeron una maquinita con teclas, pantallas y papel, sin brazos y manos para estrechar nuestra amistad y cariño. Cuando nos falla y nos niega la plata, tan solo porque se le "cayó el sistema", nos hace recordar al personaje de la cajita mágica quien nunca nos dijo estar "temporalmente fuera de servicio", más bien , nos prometía volver la siguiente quincena, si Dios lo tenía con vida.

Posiblemente, al aparato en mención, como le sucedió al pagador y la cajita, será reemplazado porque así avanzamos de la mano con la cambiante tecnología que todo lo convierte en obsoleto. Quién va a saber si nos inventan una máquina que nos pueda acompañar a una escapadita y al cafecito en algún lugar de la ajetreada y peligrosa Capital, mientras subimos la cuesta que nos falta hasta llegar a obtener la justa pensión...

Un eterno agradecimiento a todos los funcionarios de la Pagaduría Nacional de Costa Rica, muy en especial a los que desempeñaron la labor de "Pagadores ambulantes" y felicitaciones al personal del Tribunal Supremo de Elecciones y del Registro Civil de Costa Rica, quienes día a día, fortalecen los pilares de nuestra democracia.

Importante: esta es una explicación de la Pagaduría Nacional sobre el proceso del Giro o método de pago a los funcionarios públicos. El giro en tarjeta perforada era el método utilizado hasta mediados del 1988, el cual fue sustituido por el giro en diseño de formulario contínuo. Más adelante, en 1989, se establece un plan piloto de pago que consistía en la emisión del giro en fórmulario contínuo, pero el mismo era acreditado en las cuentas corrientes de los beneficiarios; este sistema fue utilizado únicamente por aquellos funcionarios que así lo solicitaban.  A partir de 1966, desaparece el "giro físico" para dar lugar a un sistema similar al actualmente utilizado.   

José Manuel Morera Cabezas
Archivista Registro Civil.

30/05/2008 GMT 5

Heroísmo de una mujer

adobe @ 04:38

(Tomado de la vida real...)

Llegaron de otra nación. La hospitalidad y solidaridad del pueblo les permitió un pedazo de tierra para establecer sus vidas, un rincón pacífico, con trabajo y sin guerras. Tierra dónde plantar sus aspiraciones y la oportunidad de ganar el pan de todos los días.

Amaron la nueva Patria, la respetaron. Su presencia fortaleció la paz, el trabajo y la comprensión con los demás. La Patria acogedora vio nacer otros hijos, felices en tierra de hermanos.

En el amplio corredor de la casa, adornado con preciosas plantas, la viejecita del barrio recuerda la verdadera historia de esta emprendedora gente, en especial la vida del hijo menor, Ernesto.

"Ernesto, mostraba su cuerpo fornido, enérgico, puños y  piernas fuertes como el hierro, cabello negro, rizado, piel oscura, de buenos sentimientos. Éste, se enamoró de Esperanza, joven, piel blanca, ojos negros, muy humilde, trabajadora.

Unieron sus vidas por varios años...

Ernesto inicia inexplicablemente el olvido de las enseñanzas de sus viejos; desvió el camino del amor, su mirada sufrió transformaciones hasta llegar el cambio, el trato hacia su amor Esperanza se convirtió en una verdadera pesadilla; el amor de años antes, decayó por completo. Su fuerza física y palabras durísimas cayeron sobre la vida tranquila de Esperanza, mujer siempre vestida de paz y amor.

Fue empujado al sendero del vicio, alcohol, pleitos callejeros y droga. Renunció al amor de su hijo, oculto aún en el vientre. Su hijo, sin haber nacido, empezó a sufrir.

El barrio, el corazón del pueblo, sintió tristeza y temor. La paz se quebró.

...Vida ingrata en Esperanza, con heroísmo trajo un nuevo ser. El pueblo lloró alegría al sentir en sus venas la nueva vida y admiración por ella.

El niño y su madre no soportaron tanta presión y desesperación. Esperanza tomó la decisión valiente. Abandona a Ernesto. Él, desdichado, se aleja del pueblo, marchando a otras tierras por varios años. Al regresar, reanuda la crisis, con solo estar allí".

Con muchísima nostalgia, la viejecita sigue contando:

"...la gente del barrio continúa sufriendo la inquietud de aquellos mártires. Emilio, ya con seis o siete años, asiste a la escuela, acompañado de un inmenso temor a salir a la calle y desprenderse de la mamá, incluso, para llegar al centro de educación, jugar en las plazoletas o relacionarse con los amigos de la misma edad.

Esperanza y su hijo, siempre huían ante la mínima presencia de Ernesto. Aquella imagen transformada les causaba un gran temor. Era normal, casi a diario, las escenas angustiosas, casi todos los días. Juntos, al ver o tener aviso de su imagen cerca de ellos, tomaban la casa como trinchera para proteger sus cuerpos y angustias.

Sentían el temor más grande del mundo. Ventana y puerta - confeccionadas en gruesa madera - fueron reforzadas con picaporte y un tablón de lado a lado, a lo ancho de la puerta. Madre y niño vivieron casi encerrados. Nunca faltó el cajón o mueble arrecostado en la puerta como un punto de apoyo para evitar el ingreso, así lo sintieron siempre. Mejor dicho, prisioneros, imaginaban la demolición de la vivienda, tanta la angustia y temor.

Él, Ernesto, observaba la huída hacia el refugio de adobes, mientras al otro lado cuatro ojos y una sola angustia miraban por alguna rendija dejada por la ventana y puerta; terrible inquietud y desesperación permanecieron en el corazón y mente de madre e hijo, ante la fama y fortaleza física del hombre. Más tarde, muy tarde después, la puerta se abría, tímidamente, con el temor de hallar aunque fuera la sombra de su padre y esposo.

Tiempo y angustias no cesaron...muchos años casi en cautiverio.

Mientras eso ocurría en la trinchera, las andanzas del hombre eran más visibles. Obtenía grandes triunfos en pleitos callejeros y en bares porque sus puños y piernas de hierro no desmayaban...eran casi invencibles. Muchas veces fue detenido por autoridades del orden público, esposado, golpeado a culatazos y garrote, encerrado en los calabozos.

Emilio y Esperanza conocían esta violenta realidad...la sentían en carne propia.

Un día, a cien metros de la casa, sobrevivió a una lluvia de balas. Un encuentro más con la violencia y casi con la muerte. Ubicados uno frente al otro, separados por solo ocho metros, alguien pronunció su nombre...¡Ernesto!. Las manos temblorosas activaron el arma de fuego disparando cuatro o cinco veces, dos perforaciones en su cuerpo y los otros quedaron grabados en un muro de cemento y piedra, como testigos de tal aventura que movilizó a autoridades y pueblo. Y aterrorizó más la vida en la heroica madre y su tierno hijo.

Así era la vida de Ernesto.

 Años más tarde, el martirio de los tres llegó a su final.

Una noche de mayo, Emilio sintió que el corazón le hablaba. Expresó a su madre que el cielo estaba triste, lleno de misterio, que nada movía ni una hoja de los árboles. Sentía muy incrustado en su mente, algún presentimiento.

Al día siguiente, en las primeras horas de la mañana, un grupo de gentes del lugar llegó a la casa de adobes, manifestando la noticia de una muerte. Sí, de una muerte que se veía venir en cualquier instante y en forma violenta.

"Lo mataron, lo mataron, Ernesto ha muerto", decían. Sí, en un pleito callejero quedó tendido.

Uno del grupo abrazó a Emilio. Sus inocentes ojos brillaron. "Vamos donde tu padre", le dijo. Puso resistencia, tenía más temor. Su cuerpecito vibró en escalofríos. Esperanza miraba a su hijo, no aguantó el dolor y de sus ojos brotaron miles de lágrimas.

Recuperada un poquito, abrazó más a Emilio, le dio valor y algo de sus propias fuerzas.

La gente que llegó con el aviso, acogió al niño. Lo llevaron ante su padre. Frente al cuerpo inerte, lloró más, oró, con mucho temor tocó su cabeza y apresurado se fue en busca de Esperanza.

Ernesto, por última vez, pasó frente a la casa. Mucha gente lo acompañó. Al pasar el desfile fúnebre la gente miraba la estructura de adobes y madera, visible con un lazo negro en la puerta. Esperanza, muy triste, miró la gente, entre ella divisó a Emilio, caminando pensativo, con la mirada puesta en el suelo, rumbo a la morada final de su padre..."

Hoy, no está con nosotros la valerosa pareja quien plantó la familia en nuestra tierra, no está la viejecita de la historia...ni Ernesto. Ellos están compartiendo la casa y presencia del Creador.

Esperanza y Emilio continuaron sus vidas. No olvidaron el sendero doloroso del pasado, mientras sus miradas apuntan - no a través de las rendijas - al mañana, a un mañana sin violencia y temores.

Conclusión:

Esta dura historia sucedió hace más de medio siglo, mas es vigente porque cientos de casos han repetido con saldos más dramáticos y trágicos, donde la mujer y sus hijos se enfrentan a la fuerza desbordada de su pareja; ésta, envuelta en la violencia verbal y física, producida casi siempre, por la influencia de las drogas, la fuerza corporal y el machismo, elementos que conducen al ser humano a actuar sin control, generando grandes tragedias e injusticias en los hogares nacionales y en cualquier sociedad del mundo.

Ante este ejemplo de dolor y temor que enfrentaron madre e hijo, hoy abundan dolorosas realidades en nuestros hogares, de ahí que debemos hacer un ALTO, hacer conciencia e impedir la agresión de todo tipo a nuestras valerosas mujeres y sus familias.

Hoy, lloramos la muerte de muchas mujeres e hijos. Si no paramos esta carrera armamentisa en nuestros hogares, mañana será más violenta nuestra sociedad.

Violencia en mujeres

¡DETENGAMOS LA AGRESIÓN A NUESTRAS MUJERES Y SUS HIJOS!.

Aclaración: este escrito es un bosquejo de la historia. Más adelante, trataré de completarlo y así manifestar de la mejor forma la idea principal de estos sucesos, acaecidos hace más de cincuenta años.
Los nombres utilizados son inventados, no el contenido.

Esperanza, es mi madre,
Ernesto, es mi padre,
Juana y Calixto, la pareja, los abuelos.
Emilio, José Manuel Morera. Mi idea es llevar un mensaje a todos los hogares de mi país, y si es leído fuera de las fronteras nacionales, sea bienvenido y comprendido. Muchas gracias, estimado lector. Dios lo bendiga a Usted y su hogar...

(Publicado en EL ALAJUELENSE, La Nación, 06-02-2003).

(Publicado en LA PRENSA LIBRE, Revista ABANICO, 3-02-2004).

29/05/2008 GMT 5

Camino a Zoncuano de Acosta

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(Una anécdota, a mis compañeros de trabajo
en el Registro Civil y Tribunal Supremo de Elecciones, Costa Rica). 1977.

Decenas y docenas de anécdotas quedaron plasmadas en nuestras mentes, producto de aquella época cuando los funcionarios del Registro Civil, nos metimos en montañas, ríos, mares, islas, viajes en helicóptero, carros, pangas, trenes, avionetas, largas caminatas envueltas en polvo, sol y lluvias, expuestos a muchos riesgos, pero siempre con la sagrada intención y voluntad de cumplir con las tareas encomendadas por nuestra Institución, pilar de nuestra democracia.Empadronadores de Cédulas identidad, Costa Rica

El programa de Cedulación y Empadronamiento Ambulante (más conocido como giras de "cedulación casa por casa"), fundado en 1964, nos dejó enormes experiencias y mucha historia para escribir. ¡Cuántas historias!.

Recién ingresado a la Institución, en enero 1976, me asignaron la tarea de entregar una docena de cédulas de identidad, allá en el escondido Zoncuano de Acosta.

Hasta Sabanillas (del Cantón Acosta, San José, Costa Rica), tenía acceso el vehículo del Tribunal Supremo de Elecciones (un auto rural); de este punto en adelante, el viaje sería a pie, a caballo, en mula o "volando", si lo podía hacer.

En ese lugar, un hermoso lugar rodeado de montañas y profundos despeñaderos, don Teófilo, un auténtico campesino, puso a mi entera disposición el medio de transporte para el difícil viaje. Entre sus mejores ejemplares, eligió para la misión a la inquieta mula "Platera". El desconfiado y sabio animal desde que me miró, sintió molestia o incomodidad con el nuevo y desconocido "jinete".

Avanzamos unos cuantos metros de su estancia y al borde de un inmenso hueco construido por la Naturaleza, se despidió con un "la sangre de Cristo los cubra, a Usted y a mi chiquita", indicando las instrucciones para que todo saliera bien: "amigo, baje poco a poco, hasta el fondo, allí encontrará el río, crúcelo a la margen contraria y desde allí divisará dos caminos, tome el de la izquierda".

Con miles esfuerzos y con su valiosa ayuda, monté en la mulita. Inicié el descenso, por tierra y piedras sueltas, unas muy grandes a los lados, soportando un tremendo calor, encima de Platera, prácticamente mi enemiga.

Unos pocos metros habíamos bajado, cuando de pronto, quedó plantada como una estatua, sin mover nada de su cuerpo. No quería avanzar ni un centímetro, ni hacia atrás ni hacia adelante. Su mirada era más intensa, nada amistosa con mi persona, gran amante de todos los animales.

Mientras tanto, una gigante hondonada nos esperaba hasta llegar al río, allá en la profundidad.

Desesperado porque temía no cumplir con la misión de llegar al pueblo y entregar la cédulas de identidad a los vecinos de Zoncuano, mil veces le grité, injustamente: "mula inútil, solo para mula sirve"; a la vez, le daba con un "chilillo" provocando más resistencia hacia el intruso llegado de la Capital, inexperto funcionario público en esto de las montas, en lugares tan remotos y desconocidos, burlándose con fuertes giros hacia la derecha e izquierda. A punta de gruesas palabras y "leño", por lo menos se movía un poquito.

Inicié el descenso con Platera, echado a pie, tirada del diestro, hasta llegar, con miles sacrificios al río, siempre teniendo en mente las indicaciones del campesino. Escuchaba la voz de don Teófilo: "el camino de la izquierda conduce a Zoncuano".

Mi mala suerte continuó porque no logré divisar dos caminos, sólo uno estaba a mi vista. "¡Dios mío, cuál es el otro camino!". Dejé a "mi amiga" bien atada a un tronco, para continuar la caminata a pie, esta vez para cruzar el río y buscar el otro sendero. Todo era espesor, mucha vegetación. Un único camino. La desesperación me invadió por completo. No sabía qué hacer.

Decidí regresar  al margen donde había dejado a Platera y en medio río, resbalé en varias piedras y caí al agua, recibido por algunas piedras.  Asustada, dejó su amarre y escapó hacia arriba con mis pertenencias y, lo más importante, las cédulas de identidad.

Con mucho esfuerzo físico, tensión, con las rodillas y brazos golpeados, logré darle captura, sin escapar a una nueva regañada, que mejor no repito por respeto al lector y al periódico que me da la oportunidad de contar esta historia.

Levanté la vista al cielo, en señal de agradecimiento porque tenía de nuevo en mi poder los documentos de identificación.  Ya sentado en una piedra del camino, hablé con Dios: "Dios mío, estoy extraviado y agotado, ayúdame encontrar Zoncuano y sus pobladores para cumplir con la entrega de cédulas y no quedar mal en la misión que me dieron".

Dios me escuchó y ayudó. Media hora después o un poquito más, divisé en lo alto a un hombre a caballo. A cada instante, se hacían más grandes y visibles. Ya frente a frente, le expliqué de dónde venía, el por qué estaba aquí, cuál era mi misión. Además, la razón de mis golpes y el comportamiento de Platera.

"No se preocupe, joven (tenía 26 años, pelo abundante y negro), voy camino a Zoncuano de Acosta, a mi casa". Serafín, un campesino del lugar, un ángel con sombrero, alforjas y machete, montado a caballo, enviado por Dios, puesto a mi disposición. Un campesino pobre, rico en humildad, colaborador, hospitalario, me dió la mano.

"¿Es la mula de don Teófilo?", hizo la pregunta. "Sí, excelente compañía", le dije.

"A ver, trépese, amigo". Mil costos, la mulita siempre daba giros hacia la derecha e izquierda. Definitivamente, nunca me aceptó. El angelito bajó de su caballo, llamándole la atención con voz fuerte,  hasta lograr que yo estuviera sobre aquel animal e iniciar el camino hacia Zoncuano de Acosta.

El colmo, Serafín tuvo que halar la rienda de Platera, durante todo el camino, hasta llegar al ansiado lugar.

En su humilde casa le mostré las cédulas de identidad. "Este es mi papá, este soy yo, este vive por allá, este ya se fue del pueblo". A todos conocía,  son sus vecinos y familiares.

Por fin, entregamos once cédulas. ¡Sí!. Dios, Serafín y yo en ese momento fuimos funcionarios del Registro Civil y Tribunal Supremo de Elecciones porque la acción, la voluntad de los tres se unió para hacer llegar el principal documento de identificación a las manos del ciudadano.

En carne propia aprendí que, cuando iniciemos nuestras funciones, pidámosle a Dios que nos ayude, aunque en ese momento no estemos en dificultades. Pongamos todo nuestro empeño en viajar por el camino correcto para cumplir con nuestras tareas y aceptemos la ayuda, experiencia o conocimientos de quien comparte nuestro trabajo, aunque no se llame Serafín...

(Publicado en El Elector(T.S.E), sección Opinión, Julio 2005).

(Publicado en La Prensa Libre, sección Comentarios, 10 set-2004).

25/05/2008 GMT 5

Don Paulino, espantos y tesoros

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En la década de los años sesentas, los niños disfrutamos tiempos pacíficos, más tranquilos, con costumbres creencias y manifestaciones propias. Nuestros abuelos se reunían con sus nietos y toda su familia para contar historias, leyendas, cuentos infantiles, chistes y juegos.

Cualquier pieza de las casonas antiguas - corredores, patios, salas, habitaciones, al calor del horno de barro y el fogón - sirvió como marco especial para escuchar aquellas voces experimentadas y sabias. Existía mucha comunicación, respeto, fe, solidaridad, hospitalidad y más prácticas que mantuvieron unido el círculo familiar y vecindad. Las leyendas con mensajes y misterios nunca faltaron en tan importantes reuniones nocturnas.

Alrededor del abuelo ó de la abuela, unos sentados en bancos, escaños y suelo, con atención y en sus manos un "jarro" con espumoso chocolate - otras veces café o aguadulce - escuchaban al abuelo contar una de las tantas leyendas:

"Hace mucho tiempo en esta casona habitó una familia compuesta por ocho miembros. Usaron tenedores, cubiertos, lindos platos y cucharas confeccionados en pura plata. Estos implementos fueron guardados en cofres grandes también construídos en plata, enterrándolos en estas anchas paredes de adobes. Al pasar los años, algunos miembros de esa familia marcharon a tierras lejanas y otros murieron.

Bajo nuestros pies, en algún rincón está sepultado uno de ellos...moradores anteriores a nosotros escucharon - casi siempre en las noches - voces, pasos, ruídos y vieron pasar, de pared a pared, grandes sombras y oscuros bultos, algunos detuviéndose por segundos en el aire, hasta desaparecer. Gentes "sabedoras" de estas cosas misteriosas decían que bastaba con descubrir los cofres y fósiles para liberar la casa de tales misterios que hoy encierra...".

Los niños, concluídas las reuniones familiares, iban derecho a la cama a rezar el Rosario con sus abuelos, rogando a Dios y a la Vírgen que los acompañara todos los días en la vida y en la muerte.

Una noche, algo extraño invadió la casa y moradores. Llovía. Truenos y relámpagos cayeron fuertemente sobre calles empedradas y polvorientas, en casas de madera y adobes donde se guarecían los pobladores. La fortaleza centenaria, nuestra casa de adobes, resistía como las otras, el furor Natural al no cesar en lanzar fogonazos que parecían enormes flechas cargadas de fuego, caídas desde cualquier punto del cielo.

A esta mansión (analizar el capítulo "Así era nuestra casona"), casi un paraíso terrenal, llegó casi al anochecer, una viejecita a quien le decían Belén, más que tocando la puerta, empujándola con desesperación y llanto:

-¡Por favor...necesito ayuda, posada para esta hambrienta vieja, tengo frío y hambre!. ¡No me abandonen, por amor a Dios!.

Paulino, al escuchar los golpes y lamentos en la puerta de su casa, corrió a desactivar el picaporte y aldaba. El agua y el viento también ayudaron a empujar la mole de madera, solidarios con la viejecita a ingresar en el interior de la vivienda.

-¡Pobre mujer, estás entumida!.

-¡Sí, me muero... protéjame, lo suplico por el amor a Dios!.

-¡Oh, Dios! - Dijo el anciano.

La hospitalidad y confianza en la familia no se hizo tarde, ésta, compuesta por Paulino y su mujer, la hija mayor con el esposo y el niño, no extrañaron ni dudaron en socorrer de inmediato al ser humano en desgracia.

Adilia, la hija, extendió sus manos llenas de Dios, brindó calor humano, comprensión, alimento y abrigo para la desdichada mujer, símbolo de millones de seres humanos que deambulan por el mundo suplicando a gritos amor a quienes tienen suficiente techo y les sobra pan, pero montones con manos vacías de Dios.

Belén traía como estandarte un montón de pertenencias colgando de su frágil cuerpo: estatura bajita, delgada, enseñando su piel pálida y sucia, voz ronca, pelo negro desordenado por completo, hambre, sin familiar en toda la tierra, con pies casi descalzos, callosos, arrastrando pedazos de cuero sucio y hule hediondo.

La visitante ocupó un cálido rincón de la casa. La lluvia cesó.

Esa noche, el niño se sintió extraño. Manifestó a su madre la negativa e insistencia en no ocupar el rinconcito y calor de su abuelito, costumbre en dormir con él desde los primeros meses.

-Mamá, esta noche quiero dormir a su lado, no con abuelo "Pallino.

-¿Qué sucede, niño?. ¿Por qué abandonas al abuelito?.

-¡No...madre!.¡Es por esta noche!.

Adilia quedó sorprendida. No encontró razón o razones a esta decisión infantil. Accedió, aunque una gran duda penetró en su pensamiento. Un poco más tarde, casi todos iniciaron el descanso.

El menor mantenía los ojos despiertos, fijos en un único punto del cielo raso, sin mover un dedo siquiera, escuchando con enorme temor la conversación tan extraña, expresada por Belén.

La voz ronca que salía del rincón acogedor, parecía estar con alguien, allí, junto a ella.

-...Escucho su voz sobre mi cabeza...¡siento sus manos, padre!.

-Hija, junto al higuerón hay dos tarros grandes repletos con monedas de oro, uno; el otro, con monedas en pura plata. Sólo Usted, mi Belencita, puede llegar al sitio...

De pronto, ella recalcó no tener interés en ningún tesoro terrenal, su deseo era estar junto a él, un tesoro envuelto en la eternidad.

-Padre, las monedas le corresponden a Paulino, ¡entréguelas al viejo...no las quiero, papá!.

Al pronunciar con claridad la renuncia al capital y ofrecerlas al viejo don Paulino, cayó fulminada por el cansancio ó por alguna fuerza sobrenatural; al instante, asombrado aún más, el jovencito llevó sus delicadas manos a su boca y abrió más sus chispeantes ojos.

Minutos pasaron, varios minutos, un inmenso manto de tranquilidad cubrió la casa. Todo permaneció en silencio.

Horas después, el anciano quebró la paz que le daba el bendito sueño con un quejido de miedo, pidiendo auxilio. La tremenda inquietud regresó al hogar.

¡Con su grito desesperado casi agrieta las gruesas paredes de adobes!. Tenía los labios, boca y palabras secas, la piel fantasmal y sin fuerzas para sostener su diminuto cuerpo. Parecía un muerto.

-¡Dios mío!. ¿Qué sucede, papá?...¡Mi Dios!. Exclamó su hija, levantando los brazos y ojos al cielo, también pálida y temblorosa.

Pasaron segundos de mucha angustia, se hicieron eternos.

Sentado en una orilla del catre, el viejecito recibió el consuelo y caricias infantiles sobre su escasa cabellera y barba blanca, tan blanca como las paredes encaladas; así contó a quienes le rodeaban, la pesadilla. ¡Sí, una pesadilla verdadera!, esta vez sin chocolate.

"...abrieron lentamente la puerta del aposento por donde ingresaron ocho personajes muy feos y muy pequeños, todos vestidos con piel arrugada y pálida, igual a la mía...portaban filosos cuchillos en plata y puños dorados y con ellos subieron a mi cuerpo casi desnudo...brincaron sobre mis ropas, almohadas y cabeza..movían sus horribles cuerpos...".

Hizo una pausa para respirar hondo y tomar un poco de agua que la hija puso en sus labios.

Con...con mis manos, brazos y piernas luché hasta quitar tanto bichero extraño, huyendo por aquel boquete - señala con su vista cansada - del techo, otros cayeron al suelo, debajo del catre, despidiendo ruidos espantosos..."

A Adilia, se le inundaron los ojos de llanto y el chiquillo sintió rabia por todo el cuerpo.

Amaneció. Los primeros rayos del sol penetraron en las húmedas tejas, atacadas la noche anterior por el torrencial aguacero.

El niño, al sentir en su propio corazón y mente la misteriosa historia cuyo escenario fue el aposento y catre - el que compartía con don Paulino - corrió por toda la casa, inquieto, penetró al cielo raso, mostrando sus manos cerradas en señal de guerra. La sangre hervía, dispuesto a vencer con sus fuertes puños la invasión de las desteñidas y arrugadas figuritas nocturnas. No halló el menor rastro. ¡Nada!. ¡Nada pudo encontrar!.

Bajó cabizbajo, sin lograr el exterminio de los muñecos horribles que habían atravesado las paredes gruesas de adobes.

-¡Abuelo, mi abuelito!...¿Por qué lo abandoné...por qué?. Gritaba con insistencia.

Ella, la mujer bajita y delgada, no se enteró del caos y misterio originado en la vivienda, agradeció la hospitalidad y salió apresurada sin volver jamás. Siguió recorriendo caminos, encaramada en aquellos pies agotados y callosos en busca del ser amado, su padre, sin mencionar nunca las monedas doradas y plateadas.

Al fin, no pudo avanzar un paso más, hasta caer por última vez. Su alma emprendió el camino anhelado. A cada instante, los dos, disfrutan al lado del Creador, el Gran Tesoro Celestial.

La intención de desempolvar y traer hermosos recuerdos maravillosos, es destacar la imagen de nuestros abuelos y bisabuelos; extraer de las hermosas leyendas el mensaje ejemplar, lo positivo. No debemos olvidar la existencia de estos hombres sin riquezas en oro y plata; las grandes riquezas acumuladas fueron cofres repletos en experiencia y sabiduría, amor al trabajo, a la Patria, inquebrantable honradez y solidaridad hacia el más necesitado.

¿Cuántos Paulinos hacen falta ya en nuestras sociedades para combatir tanto egoísmo, la desconfianza, el individualismo, nuestro materialismo, la corrupción, pérdida de solidaridad, el desprecio, el amor al necesitado, el robo y la mentira, hoy realidades que invaden y debilitan nuestros hogares y Patria?.

Lo sucedido esa noche quedó en completo misterio, nunca encontramos explicación, aunque podría ser una coincidencia, un sueño, una pesadilla, situación que casi desintegra físicamente al abuelo, al abuelo cuenta cuentos... y a toda la familia.

(Publicado en EL ALAJUELENSE, La Nación, 18 al 31 octubre 2002).

(Publicado en LA PRENSA LIBRE, Sección Comentarios, 24 nov. 2007).

(Mención Honorífica, concurso literario Universidad Continental de las Ciencias y las Artes (UCCART), "Primer Concurso de Cuentos de Terror", organizado por la escritora de Perú, Gladys Rossell.

A la entrega de premios participaron:

Alfonso Chacón, escritor. (Jurado).
Gustavo Naranjo, periodista. (Jurado).
Ovidio Muñoz, periodista. (Jurado).
Carlos Hincapié, cantautor, Colombia.
Lic. Wilberth Villegas, Rector UCCART. (Jurado).
Gladys Rossel, escritora, Perú, directora del Taller para Escritores.

San José, Costa Rica,

03 octubre 2003.Diploma

23/05/2008 GMT 5

Los carretoneros de Alajuela

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En infinidad de pueblos han destacado personajes con actividades y oficios que hoy van desapareciendo, hasta quedar en el olvido. Fieles a su constante labor, valerosos ciudadanos formaron sus hogares y contribuyeron a hacer grande nuestra Patria.

Los carretoneros eran humildes trabajadores que en la década de los cuarenta se establecieron en la Estación del Pacífico, en el puro corazón de la ciudad alajuelense.

¿Quién no utilizó aquel vehículo para transpLos carretoneros de Alajuelaortar materiales de construcción de viviendas, animales domésticos, plantas, alimentos o "chunches" de la casa?. Un cajón con barandas, su caballo y conductor, el conocido "carretonero", fue una preciosa estampa en nuestra ciudad y campos, una ejemplar herramienta de trabajo utilizada por nuestros antepasados.

Anterior a los carretones, existían varias carretas con yuntas y bueyes, conducidas por los boyeros don Ramón García, Mateo Soto, Tulio Morera y Raúl Alfaro, quienes encontraron la competencia representada en el carretón, el carretonero y el caballo, medios más rápidos y modernos.

Los fundadores del novedoso transporte y gremio fueron: Coca Villalobos, Gato Ulloa, Alberto Sibaja ("Tierrita"), Tulio Alpiste, Beto Álvarez, Eugenio Núñez, Luis Córdoba, Porfirio Soto, Los Molina y otros.

La necesidad de organización para defender sus derechos, los condujo a la afiliación a un sindicato, donde libraron grandes batallas en pro de lo suyo, como la "brava" pelea contra el Gran Comercio en poder de Los Turcos, Los Herreras, Los Barrantes e Israelitas, quienes se oponían al espacio ocupado por este importante grupo de trabajadores costarricenses, plantados en los "cien metros de calle", frente a los establecimientos del sector comercial de la ciudad.

El espacio ocupado en la calle por los carretoneros y sus implementos de trabajo, ocasionaban una fuerte competencia en el transporte de sus mercancías porque ellos, los comerciantes, tenían sus vehículos y personal propio para sus usuarios. La otra gran molestia fue la presencia de boñiga y su penetrante olor en sus establecimientos.

Trabajadores y poderosos dueños del comercio y capital local, defendieron sus posiciones e intereses, mientras el organismo sindical sacaba a relucir argumentos y leyes a favor del humilde trabajador, por el sagrado derecho de todo ser humano, un trabajo para vivir con dignidad.

Si la boñiga fue el malestar para unos, no fue problema para los boyeros que traían en carretas el dulce al Mercado Central de Alajuela y otros centros comerciales , utilizando "aquello" como excelente abono al cultivo del café, hortalizas, banano, caña y otras plantaciones. La boñiga sirvió de apoyo a la lucha del carretonero.

Boyeros y carretoneros alquilaban por veinticinco céntimos los sesteaderos (sesteos) de Pío Poll, la Macha Quesada y Los Fernández, terrenos en el centro de Alajuela, lugares especializados para guardar carretas, carretones y más implementos. Además, para "cogollar" (de cogollo, brote de algunas plantas) y alimentar a los bueyes y caballos, tras durísimas jornadas.

Un día buenísimo para los sencillos transportistas, era el miércoles, debido a la presencia del tren de las doce, que traía y descargaba el gran lote con chanchos en la Estación del Pacífico, procedentes de Guanacaste y Caldera.

El control de estos inofensivos animales, estaba en manos del empresario alajuelense "Chico Chulo", propietario de carnicerías o expendios de carne, en Alajuela. Para la ayuda de este control, disponía de la máxima confianza de dos destacados carretoneros, el siempre "Tierrita" y "Coca" Villalobos.    

 El traslado de los chanchitos  traía,  una cruel consecuencia como era la muerte de cerdos a causa del ahogo.  Las pérdidas, posiblemente, no eran "gran cosa" para el carnicero  y de alguna forma siervieron para la imaginación de los dos carretoneros, siempre con la astucia por los cuatro costados. 

Uno de los tantos miércoles, Tierrita y Coca analizaron la oportunidad de comer a lo rico o millonarios,  hasta el ahogamiento, invitando a medio mundo. Cómo lograrlo?

Muy sencillo: tenían la confianza del jefe. Ellos eran los encargados de trasladar los "difuntos" al crematorio, ubicado al frente de la "Fábrica Punto Rojo". Para distraer a su patrón, Tierrita cargaba en el carretón el muerto más robusto hacia su casa; mientras Villalobos a cuestas con el otro hacia los hornos del crematorio. Así burlaron el control sanitario, pretendido por el empresario.

Cuenta la historia, o mejor decir, cuenta uno de estos carretoneros,  que en la casa del popular Tierrita se armaba la gran fiesta, la gran comilona de chancho ahogado, convertido en deliciosos chicharrones y "frito". Había cerdo hasta para tirar hacia arriba.

De esta singular idea, los vecinos nada más tenían que traer apetito y buena palangana para recoger las porciones del delicioso animal. 

Los carretoneros se distinguieron por su trabajo humilde y honrado, sin estar ausente su tiempo a la diversión. La "fiebre" al fútbol, deporte practicado con el corazón, porque el corazón fue la camiseta defendida a todo pulmón e hidalguía.

Otra diversión hace cincuenta años o más, fue la significativa participación en las fiestas famosas del Ocho de Diciembre, en el barrio Concepción o El Llano, en honor a la Virgen de la Concepción. Con la Virgencita al frente, organizaron partidos de fútbol también "a muerte" entre Carretoneros y Carniceros, bajo la conducción arbitral de "Pichojos", inconfundible personaje alajuelense y juez del pito, reconocido en todo el mundo futbolístico, al menos en Alajuela.

Rumbo al popular caserío, del centro de la ciudad y poblaciones aledañas, desfilaban los carretoneros con sus armas de trabajo, convertidos en carrozas, acompañados de la pólvora, cimarronas, payasos y el personaje callejero alajuelense, simbolizado en la sencillez e inocencia de Jorgito, Nelson, Jalisco, Cuchucho, La Llorona, Moncha Cuita y La Codorniz, aportando más humor y algarabía al ambiente festivo. Pero no todo fue fiesta y bombetas.

Algunos trabajos obligaban a más sacrificios y esfuerzo físico. El traslado de arena, piedra y sacos de cemento para las construcciones, cuyo flete valía "dos colones" el medio metro, es decir, un carretón lleno de arena o piedra; el traslado de sacos con ajonjolí desde la Estación del Pacífico a la planta aceitera Garrido Llovera, en el Barrio El Carmen, a "quince céntimos" cada saco.

Otro de los enormes y duros trabajos fue el cargamento de residuos de plantas y árboles. Una cuadrilla compuesta por siete carretoneros recogió troncos de café, árboles de guaba y otras plantas en El Apagón y La Candela - limpieza que se realizó en esos sectores de Alajuela para la construcción del Aeropuerto El Coco, hoy Aeropuerto Internacional Juan Santamaría - hacia lo que hoy es Pueblo Nuevo.

En esta tarea, participaron carretoneros muy alajuelenses: Tierrita, Los Panchos, Los Zetillas, Monita, El Conde de Montecristo, Los Alpistes, El Tuerto Contreras, Coca, Changui y Chalán, apodos muy conocidos en el ambiente carretonero y en los usuarios, que de seguro ignoraron sus nombres certificados en la pila bautismal y Registro Civil, debido a la chispa "manuda" (así son conocidos los habitantes de Alajuela), especialista en erradicar el nombre de las personas, por esa forma simpática y original, tomando en consideración algún defecto físico, herencia familiar o procedencia de la víctima.

Para funcionar legalmente, cada carretón debía pagar un impuesto por concepto de circulación, o sea, "dos colones" al año ante la Municipalidad, otorgando ésta una placa metálica numerada con la inscripción "Tradición Animal", similar a las usadas en bicicletas. 

Identificación

 Otro requisito era portar "Licencia de Carretonero",  allá por el año mil novecientos cuarenta y uno. En el documento se consignaba datos importantes de identificación, a saber, la firma y nombre del conductor, fotografía, nacionalidad, color de la piel, cabello y ojos. Además, el número de licencia asignado, domicilio y firma del Director General de Tráfico, como se llamaba hace más de sesenta años.

Antes, caballo y carretón, es decir el apero, su precio oscilaba en trescientos cincuenta colones y un juego de arneses confeccionados por el talabartero josefino "Yallán", sesenta colones. El personaje capitalino, por la fineza en su oficio y honradez, era muy conocido por los hombres del carretón.

El machete de los carretoneros fue motivo, además, para la diversión y entretenimiento de los niños, hace un puñado de años. Niños descalzos con pantalón corto, esperaban la pasada del carretón por el barrio para guindarse en la compuerta y barandas, con el consentimiento o buena regañada del conductor, generalmente asustando al caballo al escuchar alegres griterías y brincos, sin faltar las protestas de nuestros padres y abuelos, por aquello de alguna caída y raspón.

Muchos carretoneros detenían la marcha para subir a los niños para complacerlos con "una vueltita y hasta la esquina", disfrutando del tranquilo paseo gratuito, agarrados a la baranda o sentados en el cajón. Otras veces, bien sentados al lado contrario del conductor, en la tablilla, lo que hacían con mucho entusiasmo y seguridad. Y es que no existía tantísima desconfianza y maldad, como en estos angustiosos tiempos, donde el niño es presa fácil del corrupto.

El constante transitar del vehículo sobre la piedra suelta, tierra y pavimento, despedía un sonido agradable, producto del caminar pausado del caballo y el contacto de las enormes ruedas construídas en madera, protegidas por el poderoso aro de hierro, bocina y rayos. Aquellas ruedas parecían hechas para triturar la piedra; a la vez, las huellas de cascos y aros - fabricados en el taller del alemán Mariano Struck - denunciaron la presencia del popular instrumento en nuestra ciudad y caseríos.

Hoy, en las ciudades no escuchamos el crujir de la madera ni el sonido del aro metálico; no escuchamos el paso del caballo ni las griterías de los niños, menos la protesta del comercio por las boñigas malolientes; todo reemplazado por la inundación de motorizados, alarmas, semáforos, tensión, borrachos en el volante, accidentes, huecos, contaminación sónica y ambiental y, para variar, la imprudencia del conductor y peatón en nuestras calles y avenidas.

En el libro histórico de nuestra Alajuela, en la historia de los alajuelenses, quedó escrito el recuerdo del caballo y su guía el Carretonero, la licencia, el carretón, las riendas, el bridón, la tajona, collar, sillón y alitranca.

¡ Los carretoneros con su trabajo y humildad, hicieron historia!

(Publicado en La Prensa Libre, Sección Comentarios, 02 dic. 2002).

(Publicado en La República, Sección VECINOS, 21 enero 2001. Pág. 4).

21/05/2008 GMT 5

Los limpiabotas del parque

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La esquina suroeste del Parque Central de Alajuela, es muy conocida porque allí laboran desde hace varias décadas, un grupo de trabajadores con acento popular. Son parte del pasado y presente en nuestra ciudad.

En otros países le llamanLos limpiabotas del parque "boleros, lustradores, lustrabotas", aquí son los limpiabotas del parque. Muchos han pasado por este trabajo y ocupado un puesto en ese lugar: Bigotes, El negro, Joel, Los marimbas, Los guicha, Gradelí, Los Aguero, Chupeta, Chumica y el pequeño Coso Morera Molina, éstos dos últimos captados por la magia del señor Rivera Masís, en la presente fotografía del año 1975.

Diferentes a otros trabajadores que usan reloj marcador, la hora de inicio a las seis en la mañana, al mediodía el placer del almuerzo en la soda atendida por doña Albina, especialista en ricas comidas, o la pasaban a "puro refresco y un pedazo de pan con salchichón" de la carnicería de don Severo, dos negocitos ubicados en el Mercado Central de Alajuela.

Uno de estos trabajadores, utilizó nada más y nada menos que el kiosco - hermoso monumento del pasado con bellas barandas y escaleras - para descansar y pasar al "gallito" que le traía siempre su madre. Fue el lugar elegido y casi propietario del espacio para permanecer en la lujosa joya histórica, en el momento sagrado del almuerzo y la siesta.

A oscuras finalizaban la jornada, cargando el cepillo marca "Cobra", el betún, panas, agua, el asiento de madera y el cajoncito típico adornado con calcomanías, iniciales del nombre y apellidos u otros objetos vistosos; o simplemente, el cajón todo manchado por el constante uso del betún color café, negro y caoba.

Alajuelenses pobres y ricos - incluídos los polacos dueños de tiendas, mujeres trabajadoras y estudiantes - ocuparon aquel importante servicio con tarifas desde quince a veinticinco céntimos por limpieza y lustre; entre tanto, el comercio mostraba diferentes precios y tamaños indicados en la caja de betún "Nugget", la pequeña número uno valía cuarenta y cinco céntimos hasta la gigante número cuatro, en un colón sesenta céntimos.

El domingo era un día especial por la visita de fieles católicos del centro y distritos que asistían a misa, lo que generaba mayores ganancias. A la entrada y salida del templo, el cliente se instalaba en un campito del "poyo de cemento" siempre muy confortable, disfrutando de la amplísima acera compuesta por bloques de piedra cuadrados y deliciosa sombra producida por frondosos mangos, una estancia especial para el descanso, tertulias y el trabajo. La inconfundible esquina se convirtió en un sitio patentizado por los limpiabotas.

"No menos de doce colones recogíamos un domingo, excelente ingreso a nuestros bolsillos", indica quien con orgullo desempeñó aquel oficio desde sus trece años, apenas un niño, obligado a trabajar por las condiciones económicas de su familia. Hoy, convertido en un hombre con varias décadas de existencia, es quien nos recuerda la experiencia en este trabajo.

Otra clientela especial eran "los ganaderos" quienes traían su mercancía a la "Plaza del ganado" , lugar para negociar, vender y comprar. La función de lidiar en terrenos fangosos, bajo lluvia y sol, hacían habitual el ingreso de estos trabajadores al centro de la provincia con su calzado o zapatos envueltos en boñigas, orines y barro, condiciones que por fuerza mayor aumentaban a cuarenta céntimos la tarifa de limpieza y lustrado, un poco más caro por el tiempo extra en poner al día sus zapatos, aptos para lucirlos en la ciudad.

También, los clientes más finos y delicados, habitantes del centro, quienes sentían enorme molestia si el "limpiabotas" no tenía la técnica necesaria y manchaba sus calcetines, especialmente si éstos mostraban colores no muy oscuros.

Y si de un ingreso económico extra se trataba, algunos se las ingeniaban combinando con otro trabajo. Los más activos hacían la caminata desde el Barrio San José (a tres kilómetros) a la finca "Los Carranza" con la misión de recolectar jocotes, fruta muy apetecida por los estudiantes del Instituto de Alajuela (costado oeste del parque), convertidos en compradores fijos, aprovechando los recreos y paseos en el tranquilo parque de los mangos.

En otras ocasiones, fueron contratados para limpiar y lavar la hermosísima baranda blanca de la casa del señor Chavarría ( costado sur Escuela Miguel Obregón) quien pagaba muy bien este servicio a los jóvenes lustradores del calzado.

Así, los limpiabotas de antes, ahorraron el dinero suficiente para disfrutar momentos entretenidos en el Cine Milán, inolvidable edificación visitada por todos los alajuelenses y un símbolo del pasado, borrado del mapa y de la faz del centro de Alajuela.

La confortable y concurrida sala de cine y teatro, fue escenario de un montón de famosas películas - "El jinete escarlata" y "Los tambores de Fu-Manchú" - divididas en tres "series", exhibidas o "pasadas" los lunes, a treinta céntimos cada función. En esos tiempos, el colón y los céntimos alcanzaron para la entrada a las películas, tomar "chorritos" de horchata, diez céntimos de "recortes" de la Panadería Leandro, "lecheros" preparados por Chepe Espinoza, un "cinco" (cinco céntimos) de cachos, tres cigarrillos marcas León Liberty y Cacique por el mismo precio anterior... y para más. ¿De qué material estaban confeccionados los colones, céntimos, reales y pesetas de antes, que alcanzaban para adquirir tantos artículos?. Hoy decimos que ni "estirando" los billetes, compramos lo que necesitamos.
A iniciativa propia, allí en el Parque Central, uno del gremio nos contó la simpática anécdota.

Antes, las leyes estaban hechas con material más duro y estricto, se castigaba con detención y cárcel, el hecho de maltratar los árboles. Lanzar piedras, subir o garrotear los hermosos pilares verdes, era un delito.

Como ya el gremio de los limpiabotas conocían "al dedillo" las Leyes, uno de ellos consiguió el permiso por escrito con la firma del Comandante de Plaza (Autoridad principal) don Julio Camota, permitiendo escalar a los árboles y recoger la rica y abundante fruta; un policía al ver al jovencito en las copas de éstos, esperó el descenso para llevarlo detenido. Cuál fue la enorme sorpresa del humilde Guardia Civil al ver el "visto bueno" de la más alta autoridad permitiendo tal acción y el montón de mangos envueltos en la camisa y bolsas del pantalón, en poder de aquel orgulloso joven, valiente, precavido, respetuoso de las leyes y amparado nada menos que por las "patas" (influencia) de las más altas autoridades del orden.

Actualmente, en nuestros parques y cualquier punto de la ciudad, estamos expuestos a ser garroteados y asaltados por la inseguridad ciudadana que ataca a la población en general, y el irrespeto por nuestros centros recreativos, históricos y culturales, atentando contra los visitantes nacionales y extranjeros. Ayer, fue un delito lanzar objetos a los árboles; hoy, el asalto y robo al ciudadano, tiene un castigo siempre y cuando lo sustraído, supere determinado monto económico, según las disposiciones en nuestras blandas leyes.

Han transcurrido seis, siete o más décadas y aún la esquina es conocida por la presencia del limpiabotas, por los limpiabotas del parque, siempre mostrando con orgullo su profesión y "dueños" de un pedazo del parque alajuelense, como escenario para desempeñar su digno e importante trabajo.

A solicitud de un limpiabotas activo, sugirió al autor de esta nota: "Ponga en las páginas del periódico que nosotros merecemos una pensión del Estado, porque somos trabajadores tan costarricenses como todos y hemos luchado con honradez durante muchas décadas, al servicio de la humanidad".

(Publicado en "VECINOS", "La República", mayo 2000).

19/05/2008 GMT 5

El barbero del barrio

adobe @ 21:07

Don Luis Morera, humilde alajuelense, laboró más de medio siglo en el oficio de barbero y peluquero, ubicado en nuestro barrio "La Agonía". Su padre, don Juan Morera Arguedas - el barbero de Sabanilla - quien tenía un pequeño local en la misma casa, en el lindo distrito cafetalero de nuestra Alajuela, le sañaló los pasos para ejercer el mismo trabajo y así ganar todos los días el pan y la vida.

Alquiló un local o pieza sencilla. En una de sus paredes mostraba el rótulo con el precio "por hacer" la barba y peluquear (inició a un colón la tarifa); además, algunos conceptos tradicionales o creencias: el almanaque del año, la estampa religiosa; una pequeña medalla milagrosa incrustada en la pared; del cielo raso, atada a un hilo, caía una mata o planta especial para obtener buena suerte; en un lugar visible, la fotografía y distintivos de su enamorado equipo de fútbol; algún recorte del periódico y por allá el recordatorio de un familiar o amigo fallecido.

Al ingresar al saloncito, lo primero a la vista era la silla giratoria, casi en el centro, reclinable, bien fija al suelo, mostrando ésta una ancha faja (asentador) en puro cuero, utilizada para emparejar el filo sacado por la piedra o afilador de navajas; el espejo largo pegado a la pared, la mesita acondicionada para introducir los implementos de barbería y peluquería - navajas "Ostura", hoy superadas por un sistema más higiénico que permite cambiar las hojas gastadas y no el tradicional que consistía en una navaja para todas las personas; máquina eléctrica "Oster" que vino a reemplazar la máquina manual, siempre útil en caso de fallar la electricidad o desperfecto en la máquina moderna; tijeras "Arbolito", peines, afilador, brocha, jabón, el aceite de aguacate, talcos, la toalla bien blanqueada y aplanchada, el alcohol fino de dos colones el litro por si aparecía alguna infección en la piel del usuario; en una esquinita el pequeño armario apto para depositar material y repuestos, sobre este mueble, siempre el inseparable y eterno receptor o radio con el espacio musical, noticias y, por supuesto, el programa deportivo con la narración y comentarios del fútbol dominical - constituían las armas de don Luis, el barbero del barrio.

Alrededor de El barberola silla - construída por el mecánico de aviones don Ricardo Mora a encargo de Morera porque las traídas del extranjero eran muy caras y lujosas - las bancas para la espera y descanso del cliente, los periódicos y revistas viejas en una mesita, para los amantes de la lectura; mientras otros participaban en la simpática discusión del tema sabatino, semanal o dominguero. Eso sí, los lunes, eran "libres" para todos los barberos.

Así pasaban las horas, muy tranquilas, sin el tal "estrés" que cargamos en estos tiempos. Hermosos los lindos fines de semana, cuando había mayor concentración de visitantes, esperando con paciencia su turno para subir al pedestal de madera y metal. "¿Quién sigue?", preguntaba el señor barbero. Claro, nadie le quitaba el espacio al otro. Todo el mundo traía el tiempo suficiente para dedicarlo a su barba, pelo, chistes, lectura y tertulias.

Don Luis pagó mil colones por la construcción de la silla tan fuerte y confortable como las foráneas, pero sin pagar caprichos importados, aunque las fabricadas por manos nacionales no poseían el sistema hidráulico (subir y bajar), únicamente podían quebrar y girar.

En la amigable barbería predominaron chistes, algún tema político, anécdotas, fútbol, noticias del momento, era la "tribuna del pueblo" para denunciar y apoyar a entrenadores, deportistas, políticos y otros temas vecinales.

El local mostraba un rótulo mediano, humildemente confeccionado en forma de cajón, con vidrio a los lados y un bombillo en su interior que daba luminosidad a las letras. Así nadie se perdía porque el cajoncito indicaba con claridad "Barbería", y el diseño de un escudo rojo y negro, colores inconfundibles que don Luis Morera llevó siempre en su corazón.

Muy de mañana abría sus puertas y cerraba pasadas las ocho de la noche, porque contaba con una nutrida y fiel clientela proveniente de Desamparados, El Llano, Canoas, Carrizal, Río Segundo, El Brasil, Cantón Central y también cartagineses (de Cartago, Costa Rica), quienes hacían el trayecto hasta el lindo y pacífico barrio alajuelense.

En casos especiales, algunos clientes le solicitaban visitar sus hogares por motivo de enfermedad, tal el caso del doctor Mourelos y don Elías Lara, vecinos de Río Segundo, quienes necesitaron los servicios del barbero ambulante. Don Luis recogía en su maletín negro las herramientas e iba a "peluquear y barbear" a sus amigos incapacitados.

Personajes reconocidos pasaron por allí: don Tobías Sánchez, Jorge Luis Solera, Rogelio Poll, Toño Wagner, Popo García, Los alepates, Clodomiro Fallas, Carlos Reyes (Culebrón) pionero de la televisión nacional, Manuel Ángel Herrera, Emilio "Canaco", Balín Gutiérrez, Rubén Guell, Paulino Cuzuco, Melico Valverde con la guitarra y su hijo el doctor, el compositor y músico don Jesús Bonilla, Monseñor Bolaños y todos los sacerdotes habidos y por haber de la Iglesia "La Agonía"; además, novios en sus últimos detalles pronto al Altar, niños en camino a la Primera Comunión, graduación escolar y cumpleañeros.

Los cortes de pelo recibían otros nombres: tabla o militar, largo, mediano, carrera al centro, carrera a un lado, oscuro (más pelo), claro (menos pelo), mejicano, pachuco y rock and roll que traducido a nuestro idioma significaba algo así como "guarda piojos".

En ciudades y zonas rurales, la barbería ha sido un elemento fundamental. Las más antiguas en el centro de Alajuela, recordamos: barbería "La lamparita" de don Carlos González y luego propiedad de Macatre Esquivel, "La popular" del Chino Loría y hermanos, ésta, prácticamente una escuela formadora de experimentados barberos, citemos a Maco Molina, Melchor Araya, Ramiro el cubano, Paco Mena, Ávila, Guillermo Venegas "Calcetas", Solón González, Marco Barrantes, Beto Pomes, Abel Lobo, "Arrocito" Umaña, Teodoro Porras, Tobías Arce, "El loco" González, Oscar Lara, "Coqueto" González, Luis Barrantes, Fernando Chacón Vega (Barbería Chacón).

En Turrúcares de Alajuela: Francisco Hernández y sus hijos barberos; en Atenas de Alajuela don Francisco Madriz, José Badilla; en Palmares de Alajuela don Fabio Fernández, Luis López y muchos que el amigo lector estará recordando.

Éstos, generalmente, trabajaron en lo propio, sin jefe; durante cinco décadas don Luis Morera dedicó su oficio a amigos y familiares, hasta el impedimento físico producido por una enfermedad, pero con el ánimo de seguir ejerciendo la herencia de su maestro y padre, el oficio de barbero.

En el presente, el concepto de las tradicionales barberías y peluquerías, aún se mantienen, aunque pocos en forma independiente, sobresaliendo algunas con personal más amplio en locales grandes y finos; inclusive, con la participación del toque femenino y valiosos trabajadores en la materia, llegados del extranjero, caso de especialistas cubanos y de otras naciones amigas; peluqueros titulados en academias, con herramientas, productos, cortes de pelo y técnicas modernas.

En el pasado, con más limitaciones, sacrificando una pieza de la casa - la sala - así funcionaron por muchísimos años y décadas, las famosas barberías.

Paralelo avanza la competencia de "salones specializzatos" o clínicas de belleza, uñas acrílicas, permanentes, mechas, rizados, rayitos, tintes, hasta masajes para eliminar "la tensión" y finos productos preparados con hierbas para combatir la obesidad y otras enfermedades.

Ante tal "globalización", es tarea y responsabilidad en las nuevas generaciones, con la ayuda de las generaciones de oro, mirar un instante hacia atrás, al pasado, mirar nuestras raíces con sabor añejo, destacar y valorar los sacrificios, las limitaciones, inteligencia, perseverancia y más ejemplos ricos que dejaron con su trabajo, nuestros viejos barberos y peluqueros.

La intención con estas líneas escritas, es enviar un reconocimiento a todos los barberos fallecidos y presentes, nacionales y de otras naciones, porque son raíces que nutren y destacan nuestra identidad.

Recomendación: estimado lector. Si Usted habita en mi Costa Rica, Centroamérica, o en otra Nación y es o desempeñó el importante oficio de Barbero, como el señor Morera, escríbame. Deseo felicitarlo. Cuénteme su anécdota. Muchas gracias.

17/05/2008 GMT 5

Costumbres de nuestros abuelos

adobe @ 03:55

Ricas y bellas costumbres existían en las casas de nuestros antepasados. De sus paredes colgaban muchas estampas religiosas enmarcadas en madera o con cinta de papel engomado, protegidas con vidrio o plástico. Estos cuadros mostraban infinidad de santos y figuras celestiales.

Algunos dibujos simulaban al diablo y el infierno, el cielo y los ángeles, el ángel de enormes alas blancas protegiendo a los niños sobrAngel de la Guardae un puente de hamaca y otras figuras inolvidables grabadas en nuestras mentes, desde muy niños; la pequeña cruz hecha de palma bendita, visible en la puerta principal, colocada allí para impedir el ingreso de los espíritus malos y otras creencias; fotografías del abuelo y de la abuela; plantas y herraduras portadoras de suerte y protección a la casa y sus moradores; velitas encendidas en honor a las ánimas, rosarios confeccionados en madera o con "lágrimas de San Pedro", flores y figuras en puro yeso y porcelana.

Usaron bellALTAR EN COSTA RICAos altares, estratégicamente colocados en un cálido rincón de la casa, adornados con plantas naturales y lindos manteles blancos bordados. Este espacio sagrado sirvió para expresar sus oraciones, rezos y fe, donde acudían también los amigos del vecindario.

En las zonas rurales, especialmente, se usó el papel periódico impreso para forrar las paredes de madera y así cubrir las rendijas y evitar el humo negruzco en la superficie de las tablas, producido por el uso diario de las cocinas de leña y fogones. Éstas, alimentadas con troncos secos de café, guayabo y otras plantas.

Otro elemento era el almanaque o calendario, mostrando siempre, la imagen de un santo, una carreta, un grupo de animales, una iglesia, un paisaje. Además, el anuncio muy visible de la panadería, botica, venta de abarrotes, zapatería, tienda, barbería, sastrería y bazar de la época, que el comercio donaba a sus clientes por la compra del "diario" y uso de las especialidades como el boticario, el peluquero, el sastre o el relojero.

Junto a estos detalles, la perfecta costumbre de reunir a su familia y amigos para contar historias y anécdotas. La comunicación era evidente todos los días, entre familiares y vecinos.

En las noches, no faltó el chocolate preparado con panecillos de cacao "Conchita", producto obtenido en todas las pulperías o comisariatos de los barrios.

La sabrosa bebida daba más calor a las reuniones. Una o dos "conchas de cacao", junto a la leche hirviendo y el azúcar, se disolvían a punta de "molenillo", utensilio vital en toda cocina y casas del costarricense; este aparato rudimentario, en forma cilíndrica, largo, confeccionado en madera de una sola pieza.

Todos podíamos manejar aquel instrumento casero, se frotaba en el mango con ambas manos hasta sacar abundante y rica espuma en el "pichel" u olla de aluminio. El molenillo hizo la función de lo que hoy es la licuadora eléctrica u otro adelanto de la tecnología.

Esta tradicional bebida, siempre acompañada con galletas dulces (negritas) de la eterna Panadería Leandro o las fabricadas por las manos mágicas de nuestra abuela. Un manjar era tener en nuestras manos varias de esas galletitas, untadas de mantequilla o cargadas con trozos de queso tierno y rayado. ¡Qué delicia!.

Las reuniones familiares del pasado, calaron muy profundo en la mente y curiosidad del los oyentes - principalmente en la niñez - y sirvieron para fortalecer el respeto y obediencia a sus padres y abuelos, al anciano, maestro, autoridades civiles y religiosas, aspecto que consolidó la unión entre toda la familia, solidaridad con el vecino y respeto más profundo al Ser que nos mira desde arriba.

Estas y otras lindas costumbres, nos llevan a retroceder el tiempo e imaginar otros aspectos de los barrios que ya no existen. Recordamos las escuelas en edificaciones viejas de adobes, las pulperías de don Ángel y Napoleón, una hecha de pura tierra o adobes, la otra construida en pura madera; la casa de doña Hortensia, aquí su padre era un buen carpintero y ebanista quien tenía un aposento para esquivar los ataúdes (cajas para muertos, como era común decir), encargados por alguna funeraria de la ciudad. Posiblemente, a los vecinos les hacía algún descuento o los vendía "a pagos" , al estilo polacos. La casa de doña Hortensia nos producía cierta inquietud o nerviosismo, más cuando se acercaba la noche. Pero eran cosas de niños y creencias.

El barrio tenía a su disposición, el bazar de doña Carmen, aquí había de todo para las costureras, el mercadito o venta de legumbres, frutas y verduras de Miguel y Tulio, la pastelería Guell, la panadería de doña Esperanza, las ventas de carbón por cuartillos y sacos, la venta de "canfín" (combustible obtenido del petróleo), las ventas ambulantes de mazamorra y arroz con leche, el lechero ambulante (lechero de "tarro"), para citar algunos centros y actividades comerciales de antes.

Estas edificaciones de madera y adobes, tan fuertes y visitadas como las pirámides, fueron construidas por manos callosas, valientes y pacientes. Abonadas con sangre, inteligencia y sudor de nuestros abuelos.

¿Quién no recuerda a doña Bolivia Quesada?. La ancianita famosa por su especialidad en preparar panes caseros, platillos variados y conservas. El delicioso tamal asado, bizcocho en forma de rosquillas y torta, plátano maduro con queso y otros panes propios de ese entonces, que hoy añoramos y lamentamos no conservar sus especiales recetas.

Ella, quien llenaba su canasta con bizcocho humeante tapado con hojas de plátano y un lindo mantel grande, e iba a entregar "los encargos o pedidos" a varios establecimientos del ayer, especialmente a la cafetería de don Bolívar Valverde, reconocida por el exquisito café que disfrutaban los alajuelenses y viajeros de otros distritos y caseríos de la provincia.

El otro instrumento de trabajo de doña Bolivia, junto al horno de barro, era la cocina de leña, pintada en negro, siempre lista para el agua dulce, café o chocolate, olla de carne, picadillos, tamales, arroz con leche, torta de arroz, miel de ayote y chiverre, siempre presentes en los días santos o Semana Santa, días de inmenso y verdadero respeto y recogimiento.

Nuestros abuelos desaparecieron y con ellos marcharon aquellas prácticas tan saludables al cuerpo y mente.

Se marchó el zapatero remendón, don Paulino Soto, quien siempre salía con su nieto al centro de la ciudad alajuelense a comprar el material para su oficio: las suelas de cuero en el negocio de Oreamuno, el establecimiento de Barguil suministraba clavos, tachuelas, tacones marca "Mundial", casquillos, hebillas, cemento, lijas, tintes, cáñamo, leznas utilizadas para agujerear y coser el calzado que se fabricaba a mano, fuertes, casi indestructibles, duraban hasta decir "basta", betunes, broches, cebos, cordones, hormas y todo lo que se ocupaba para las "remendonas" (así se decía a los reparadores del calzado)y fabricantes de zapatos.

De vuelta a la casona, don Paulino pasaba a tomar un "aguardiente", pero no permitía por nada del mundo que el niño entrara a la cantina, ubicándolo en la acera, sentado en el rollo de suela - entretenido chupando una melcocha (dulce), un helado de Chepe Espinoza o de La Torcaz - con toda la mercadería en el suelo, sin nadie estar pensando en robos, daños o raptos en la niñez, como es usual en estos momentos. Con toda la tranquilidad existente, disfrutaba del "guarito", continuando la marcha hacia el trabajo y el hogar.

¡Qué diferente el ayer!. Los niños jugamos juntos, sin malicia, algunos descalzos, en el polvo del patio o de las calles, encaramados en los árboles de jocote y mango del patio de doña Sofía, la señora se enojaba cuando maltratábamos los árboles a garrotazos y pedradas, pero con sus protestas, gritos y acusaciones ante nuestros abuelos, nos enseñó a amar la naturaleza.

¡Qué diferente si tuviera que escribir del presente!. En este duro presente, donde se va perdiendo, acelaradamente, los ideales, los valores morales, espirituales, religiosos y patrióticos; aspectos ausentes cada vez más y que hacen falta, muchísima falta, para salvar lo poco de Patria que nos queda. ¡Patria que labraron con honradez y trabajo nuestros grandes y valerosos abuelos!.

(Publicado en LA PRENSA LIBRE, Sección OPINIÓN, 16 noviembre 2005).
(Publicado en EL EMPRENDEDOR, junio 2004).

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