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Le llamamos "adobe" al material extraido de la tierra, utilizado por nuestros abuelos para construir sus casas y muros. Con este material lograron paredes gruesas, frescas y fuertes. Actualmente, el adobe forma parte de la historia escrita por aquellos se

Categoría: Historias

16/05/2008 GMT 5

Botijas de barro y madera

adobe @ 04:48

(Una anécdota infantil, de aquellos hermosos tiempos...)

"Los recuerdos tienen más poesía que las esperanzas; como las ruinas son mucho más poéticas que los planos de un edificio en proyecto".

J. Benavente

La botija es un recipiente fabricado con barro cocido, redonda, cuello corto y angosto. Su color varía entre café, rojizo y negruzco, similar a las tejas de barro.

En épocas pasadas, formaroBotijan parte de los utensilios del hogar, inclusive, para guardar objetos y joyas. Nuestros abuelos las utilizaron como "cajas fuertes o vasijas de seguridad", repletas con monedas de oro y plata; otras veces, llenas de objetos valiosos, introducidas en las paredes de adobes, hornos, fogones y pisos de tierra. La propia tierra sirvió para guardar dinero y valores materiales, durante décadas.

Al desaparecer estos hombres, se llevaron a sus moradas verdaderos secretos, dejando aquellos palacios de tierra y riquezas, a disposición de las siguientes generaciones y al avance de la modernidad interesada en ocupar aquel espacio.

El interés por desaparecer las reliquias, unido al tiempo envejecedor y los sismos, poco a poco, éstos y muchos otros factores, lograron acabar con las frescas, acogedores, amplias y bellas fortalezas.

Hoy...¿quién nos recuerda pasajes tan hemosos, momentos llenos de paz, sueños y grandes aventuras?. ¡ Casi nadie se detiene a contemplar el pasado!.

Tanto insistieron nuestros abuelos en historias de tesoros y botijas que con nuestra imaginación hacíamos un puMonedas de oroñado de planes, o aventuras, en hermosos sueños: "soñamos abriendo boquetes y quitando pesados bloques de barro de las paredes hasta tocar la "panza" y cuello de lindas y frágiles botijas, atestadas con collares, diamantes y monedas en puro oro y plata".

La fantasía de antes no solo nos obligó a soñar. En infinidad de momentos, no soñamos, soñamos despiertos, con los ojos bien abiertos y con mucha fuerza y entusiasmo.

Levantamos los inmensos tablones del piso de nuestra casona - largas tablas o tablones de una sola pieza, bien pulidas y pegadas con grandes clavos, sujetas a alfajías - para revolcar la tierra negra y suelta debajo del piso, y convertir en realidad tantos sueños en nuestras mentes. Descubrir, cubiertas con tierra virgen, hermosas botijas, dinero y joyas.

Un día, obtuvimos excelentes resultados, sueños convertidos en increíble realidad, resultados felices y llenos de inmensa emoción. Gran sorpresa porque localizamos una de las tantas botijas, ocultas allí, según nuestros números. Ese día, no fue un sueño, hallamos una botija diferente a las que teníamos enterradas en nuestras mentes.

¿Cuál panza gordita pegada a un cuello corto y negruzco? ¡Era un objeto diferente! Sin joyas y collares, repletas en monedas. Nada de monedas en oro y plata, monedas corrientes. Era una botija distinta a las escuchadas en cuentos e historias de nuestros lindos abuelos.

En nuestra mamonedas antiguas de Costa Rica nsión de adobes nunca descubrimos botijas de barro, ese inolvidable día y momento nos encontramos sobre la tierra y protegida por los tablones, una caja - aproximadamente diez centímetros de alto por veinte de largo - con muchísimas monedas que hicieron temblar nuestras manos e inocentes corazones. La caja, construida en madera gruesa, sin tapa y sin pulir, hasta el "copete" (llena) de dinero metálico, hacían pesadísima la...¡botija de madera!.

Nos sentimos niños afortunados, verdaderos emprendedores porque logramos el triunfo. Brincamos, reímos, lloramos, nos abrazamos, revolcamos el contenido de la cajota (para niños tan pequeños significaba mucho peso), hasta involucrar a nuestra madre al escuchar sorprendida el bullicio infantil y el sonido de monedas, al caer en el piso y chocar unas contra otras. Nuestra madre se puso pálida, reía y hasta aplaudía al vernos y ver tantísimo dinero.

Riqueza en manos y en el suelo, casi matamos al papá de la casa quien hacía la siesta en el corredor, en un confortable asiento de mimbre.

Con emoción contamos la historia. Al mirar la caja se llevó tremenda sorpresa, también se puso pálido pero no aplaudió. Sorpresa porque el secreto había llegado a su fin. Manos infantiles inquietas habían cometido un gran accidente. Lo encontrado debajo del piso era una "original cajita", sin tapa ni ranura, escondida allí por nuestro papá, para que nadie llegara hasta ella. ¿Nadie?.

Por una "marca" bien disimulada - que únicamente él conocía - directamente sobre la posición de la "caja fuerte" , en un sector de la rendija, depositaba todos los días una o varias monedas, jamás de oro ni de plata, con la intención de ahorrar unos colones, para los juguetes navideños, algún aparato eléctrico, ropa o alguna urgencia hogareña.

Mientras nuestro padre insitía en dar explicaciones, más resistencia recibía de tal situación nunca vista. Los niños no aceptamos los argumentos esgrimidos, por más papá y respeto en esos tiempos. La realidad nos había permitido ¡una vez! descubrir lo buscado en infinidad de sueños y realidades.

No nos quedó más remedio que aceptar todo esa aventura.

Ya muchachillos, llenos de nostalgia, nos tocó ver y sentir otra realidad, la caída de los lindos monumentos. Con palas, picos, barras pesadas, macanas y patas de chancho, les llegó el fin. Los antiguos palacios de tierra, cañas y entejados, custodios de sueños y botijas, empezaron a morir. Maldita demolición.

En varias casas saltaron botijas o vasijas repletas en monedas, liberando de penas en el purgatorio - y otras creencias - a quién las ocultó, gracias a la presencia del "descubridor o conquistador", quien a manos y bolsillos llenos amasaron jugosas fortunas, conviertiéndose en famosos ricachones; otras veces, brillaron por su ausencia, como en nuestra humilde casa.

Al suelo bloques de barro, cañas secas, puertas y paredes en pochote o cedro, al suelo techos entejados, cal y hermosas tapias de adobes. Casi todo desapareció sin dejar huellas de su existencia y utilidad.
Las tejas rescatadas hicieron fila, verticalmente, arrecostadas unas a otras, en rincones de hermosos y amplios solares; a otras las llevaron y colocaron como adornos en casas de millonarios. Por ser tan bellas, a la tecnología no le quedó otro camino que "imitarlas" vistiéndolas de material plástico, esmaltes, cemento y asbesto, pero nunca superadas en textura, belleza, frescura, calidad y tonos oscuros. Así, las botijas como las tejas, fueron moldeadas por manos y herramientas del pasado, tomando la materia prima de la misma naturaleza, el suelo arcilloso que las vio nacer.

La linda y amplísima casa desapareció, nadie encontró botijas por ningún lado, solo quedaron en pie las mentes infantiles repletas de inocencia, fantasía e ilusiones.

La anécdota descrita, ha permanecido por décadas en la familia y ha sido motivo de alegría y diversión entre familiares y amigos. ¿Cuántas historias dejamos de contar?. En estos momentos, no invertimos tiempo ni interés en mostrar los pasajes agradables del ayer, como esta verídica historia infantil, sucedida a dos niños. Preferimos dedicar mucho más tiempo a otras situaciones, alejando la comunicación y el diálogo en las familias. Y de paso, ocultándoles a nuestros hijos y nietos, las raíces de nuestra identidad.

Observación: Del libro DE DICHOS Y OTROS PIENSES, de Ricardo Dávila B, afirma: "al no tener nuestros abuelos bancos u otras formas de invertir o guardar su dinero, optaron por ingeniar lo que para ellos resultaba muy ingenioso: comprar una tinaja, llenarla de monedas de oro, que era la moneda oficial de la época, y enterrarla fuera de la casa o inclusive en algún dormitorio, que para eso los pisos eran de tierra.

También se han encontrado botijas empotradas en las paredes cuando han derribado estas casas. Y sí que han sido verdaderos tesoros, si tomamos en cuenta que el valor de esas monedas, ya es de un valor histórico".

(Publicado en La Prensa Libre, Sección Comentarios, 16 junio 2005.)
(Publicado en "El Alajuelense", La Nación, Secc.Comentarios, 06 al 19 abril- 2001.

12/05/2008 GMT 5

La pastelería Guell

adobe @ 02:51

(Probadita a una dulce historia alajuelense)

¿Quién no se llena de nostalgia al trasladar la mente hacia atrás, para alcanzar las vivencias, ocupaciones, espiritualidad, humor, costumbres, luchas y alegrías de un pueblo trabajador?. Es saludable recordar a nuestros hombres y mujeres quienes dieron con su trabajo, honradez y disciplina, enormes y valiosos ejemplos a sus hijos, nietos y a las generaciones siguientes.

La Pastelería Guell fue conducida sabiamente por el cartaginés don Rubén Guell Ovares, quien abandonó su tierra natal después del terremoto en Cartago, huérfano de madre, pasó a la ciudad herediana (Provincia Heredia, Costa Rica) donde inició la profesión de pastelero y la continuó en otro pedazo del suelo costarricense, su querida Alajuela.

La pequeña empresa esquinera, situada dos cuadras al oeste de la Iglesia La Agonía, sobre la Avenida Central, casi en el corazón de la ciudad, era una edificación muy humilde, construída en bahareque y techo de zinc.

Al ingresar o estar cerca del establecimiento, nos atraía al rico olor a azúcar acaramelado, harina, naranja, miel de guayabas y piña, porque allí mismo, en la inmensa paila de bronce, Guell y sus trabajadores preparaban las jaleas y mermeladas con las frutas producidas en el distrito Desamparados; mientras en carretones se trasportaba leña de guayabo y troncos de café para encender y mantener vivo el hermoso horno construído a base de ladrillos, cemento y barro, pegado a una de las paredes, iniciando siempre la faena a las cuatro de la mañana, listos para preparar los deliciosos panes.

Dos empresarios alajuelenses, suministraron parte de la materia prima a Guell: don Rafael Fernández, distribuidor de leche y derivados; los sacos con harina de la famosa marca "Medalla de Oro" (Gold Medal) y latas repletas de manteca "Garrido Llovera", del Almacén Jorge Ávila, popular personaje y comercio alajuelenses.

Casi todos los operarios de La Pastelería Guell, eran una familia. Sus hijos "Chicho", Jorge y Claudio, Macho Soto (el cuñado de Rubén) y la inseparable vieja, la mundialmente conocida "Macha Guell", trabajadora incansable al lado siempre de su esposo, mujer llena de alegría y bastante hábil para la conversona y lanzar "dicharachos" a todo y para toda ocasión.

Junto a ellos, fueron piezas vitales los trabajadores "de afuera" (no de la familia), recordamos al hornero Hernán Oreamuno y los encargados de limpiar latas y moldes; también los distribuidores quienes realizaban su trabajo a pie, cargando sobre sus cabezas los grandes tableros confeccionados en madera, repletos de fresca respostería y dulces.

Aquellas manos obreras nos deleitaron toda la vida con los exquisitos y finos tosteles: cuñas; éstas las más populares o perseguidas, quequitos, gatos, arrollados, queques con lustre, suspiros, "recortes" (combinación de pedazos de tosteles empacados en bolsas), "borrachos" (preparados con los tosteles añejos que devolvían los negocios, reciclándolos en una sola masa revueltos con azúcar, agua, colorantes, miel y "un toque" de ron), costillas, cachos con jalea de guayaba y crema envueltos en un polvo blanco azucarado, budín, galletas dulces (negras) a base de leche en polvo y miel de tapa, pan de rosas, enchiladas con picadillo de fiesta, las enormes orejas tostaditas, conserva de mango, confite de fiesta (maní pelado cubierto por una pasta blanca dulce, envueltos en papel celofán a colores), arrollados de carne, confites en cartuchos blancos, mermeladas y otros productos. Incluso, vendían manteca por libras y cuartos. Toda una delicia para niños y adultos.

Diez céntimos no dio derecho a un cacho ó tres por la inconfundible "peseta" o veinticinco céntimos ¡Cuántos niños disfrutamos el desayuno, el recreo escolar, paseos y cumpleaños con los tosteles de Guell!

La pastelería Guell es parte de la rica historia obrera alajuelense. Una dulce historia. La fama de la Pastelería corrió por los establecimientos más visitados, mostrando en sus urnas, estanterías y cajas de cartón, el sello y calidad "Guell".

Fueron testigos y clientes, la famosa Heladería de Chepe Espinoza, La Giralda, Matraca, Los Castro, Los Rosich, la cantina El caballo blanco, Los Aguero, las pulperías de don Dago y la de don Otoniel, muy visitada por sus granizados, las escuelas centrales de la ciudad y otras más alejadas en Desamparados (en Alajuela), El Cacao y Fraijanes.

Otra estrategia para vender, la realizaba don Rubén, personalmente, todos los domingos, ubicado en un punto de las gradas del Mercado Central, con los tableros repletos, donde ofrecía las delicias de su industria.

Y no faltó la gente que vivió de la "reventa" para hacer llegar un poco más de dinero a sus economías familiares, tal el caso del popular "Chico Pan" conduciendo la carretilla con borrachos, cachos, arrollados, gatos, costilllas y más delicias, ganaba "comisión" de acuerdo con la venta de casa en casa, en los negocios, en barrios que recorría a diario.

Hoy, aún mencionamos la calidad y variedad de la Pastelería Guell en comparación a las industrias modernas cargadas con tecnología, recursos humanos, transporte y fina propaganda.

Guell, fue el gran personaje humilde del pasado, sin ningún estudio escolar, un verdadero trabajador que gustaba hacer fiestas familiares y rezos al Niño Dios, muy rumbosos con la participación masiva del vecindario; su presencia siempre en los festejos y turnos en honor a San Gerardo y al Santo Cristo de Esquipulas, en éstas los visitantes y locales disfrutamos cimarronas, mascaradas, juegos de pólvora, aparatos mecánicos, títeres de don Amado Arroyo, misas y cocina tradicional especializada en platillos variados, tamales, gallos, café y aguadulce. Junto a esto, no olvidamos los tosteles y dulces, la ruleta rusa y gran bingo que eran puestos fijos administrados por Guell, en la plazoleta del Santuario "La Agonía".

Eran vecinos de esta empresa familiar, gentes muy honorables y distinguidas del barrio: el abogado y notario don Horacio Chávez, La enfermera Consuelo Vindas, el doctor Onofre Villalobos, la botica Salazar, Ismael Saborío, Aristides Guerrero conocido en Alajuela como "Los gallinas", Don Homero Guerrero, apodado "Gallo lata", don Popo García, don Paulino Soto y Bolivia Quesada especialistas en la elaboración del bizcocho, las hermanas costureras Lila y Teresa Lizano, el barbero don Luis Morera, el inconfundible Melico Valverde y su esposa doña Esperanza, propietarios de la Panadería "La Samaritana" y muchas gentes que embellecieron e hicieron grande a esta comunidad.

Cuentan algunos vecinos que Guell no sólo tenía "buena mano" para elaborar confitería y deliciosos panes; poseía un hermoso corazón entregado a la gente más pobre, empleando su industria y la fuerza de los trabajadores para vivir y nunca lucrar. Y prueba de ello es que falleció en la pobreza, lleno de ahijados por todos lados, aunque inmensamente millonario en caridad, amor al trabajo y a sus semejantes.

Agradecemos a su hija Marielos Guell y vecinos de la comunidad, quienes contaron esta dulce historia de un hombre ejemplar quien amó su trabajo, a Alajuela y su Patria.

Publicado en PERIÓDICO VECINOS de LA REPÚBLICA, 20 Noviembre 1999.
Publicado en La PRENSA LIBRE, Sección Comentarios, 03 enero 2008.

06/05/2008 GMT 5

Mensaje a mi amigo Calufa

adobe @ 07:05

 

(Homenaje a Carlos Luis Fallas Sibaja)

Querido Calufa:

Carlos Luis Fallas

Enorme impresión sentí al leer en la prensa nacional el nombre de "Marcos Ramírez". A todo lo ancho de la página, con títulos grandes, informan que su fiel amigo, en compañía de otros excelentes personajes de la época, será expulsado de las aulas escolares. ¿PorTítulo periódico qué?. ¿Qué delito puede cometer un niño tan humilde?.

Estoy seguro de su inocencia, no puede haber delito o faltas en él. Estoy seguro porque lo conozco y lo traigo incrustado en mi piel y mi alma desde hace muchos años, así como lo trae Usted. No creo que aquella figurita precoz, rebelde y fogosa, sea un delito o falta. Más bien, es un niño lleno de vida, con fuerzas y alma. Un ejemplo para la nueva niñez.

Con gigantescos sacrificios, enfrentándose a la pobreza económica de su familia, tuvo el coraje y la ilusión suficientes para iniciar la escuela allá en 1916, hasta obtener el Diploma escolar. Más tarde, asistió al colegio con muchas ganas, especialmente para complacer el deseo de aquella madre quien soñaba con tener un buen profesional a su lado.

Algunos profesores lo comprendieron y extendieron sus manos, bondad, corazón y experiencia para aconsejarle lo mejor. No olvido a don Jesús Ocaña Rojas, educador ejemplar con el corazón en la mano y mucha sabiduría, quien puso la mirada e interés en Marcos.

Recuerdo al martirizado jovencito cuando trataba de "memorizar definiciones y párrafos enteros", aunque no se aprendiera nada de nada. Aún así, Marcos cumplió su primer bimestre de estudios en el Instituto de Alajuela, sin ausencias, con calificaciones bastante aceptables.

Protestó por otras prácticas educativas que consideró injustas y absurdas, a tal punto que se le "subió el apellido" y decidió abandonar las aulas.

Sin título profesional, pero gran cliente de la Biblioteca Nacional por amar tanto la lectura, empieza a forjar su destino como escritor. La Universidad de la Vida le otorgó valiosos títulos humanos: la experiencia vivida en carne propia le llegó al centro del alma porque conoció y tocó el sufrimiento del ser humano, bañado en injusticias sociales. Esta especial experiencia, es la profesión que muchos no hemos experimentado o pasamos por alto, para no comprometernos con nadie ni nada, a pesar de títulos académicos, puestos elevados o poder económico.

Aquel niño fogoso ingresó a los talleres del Ferrocarril al Pacífico para obtener el "bachillerato" en la rama de mecánico. Después, siendo un adolescente, conoció las tierras bananeras de "Mamita Yunai". Aquí luchó por su propio pellejo, especial por el pellejo y vida de sus compañeros y compatriotas.

Fallitas, no olvido que en 1962, la Fundación William Faulker, de Estados Unidos, le otorgó ni más ni menos el "Premio Iberoamericano de Novela" a "Marcos Ramírez" y en nuestro país recibió el "Premio Nacional de Literatura "Magón", en 1965. ¿Lo recuerdas?.

No debo pasar inadvertido el esfuerzo de la televisión estatal, Canal 13, en 1981, dirigido por don Oscar Aguilar Bulgarelli, al llevar a la pantalla varios capítulos de tan especial niñez: lo vimos pretendiendo el amor de Rosamaría, el asalto a la alcancía del "Corazón de Jesús", el tremendo dolor que sintió cuando su mamá mata al gallo "Pintao" para poder comer, debido a la situación económica tan terrible, cuando hizo la Primera Comunión, el significado por ser miembro del comando guerrillero "La Vencedora", la participación junto a las Tropas Costarricenses en pro de nuestra soberanía, su vida tormentosa como estudiante y pesadilla para la mayoría del profesorado, más otros pasajes.

Si partimos del análisis realizado por la Comisión, entonces...¿habrá que botar a la basura el trabajo de la televisión basado en la vida y travesuras de aquel jovencito, quien más tarde obtuvo valiosos reconomientos a escala nacional y mundial?.

Querido Calufa, le informo que la Comisión referida en líneas anteriores, pertenece al Ministerio de Educación Pública, representado por distinguidos profesores y filólogos quienes han dictaminado que el "yo" metido en nuestras entrañas, el mismo niño amigo de los ríos, potreros, árboles, animales, quien ama la Naturaleza y la defiende, "no coincide con la realidad histórica-geográfica de nuestros días", por cierto una realidad muy convulsionada: en muchas aulas, colegios y universidades ingresan las drogas, el licor, artefactos para matar, vocabulario inadecuado, pornografía, agresión infantil, irrespeto al educador, a los mayores, a la Institución, a la fe y a nuestros símbolos nacionales e instituciones democráticas. Los traficantes del mal y del vicio incitan a llenar los salveques o mochilas con cosas que a Usted, a Marcos y a mí nunca nos pasó por nuestras mentes, simplemente porque nos tocó vivir otros tiempos con más autoridad por parte del adulto, tiempos mucho más sanos y solidarios.

Nunca le podríamos criticar a Marcos el camino de la "deserción estudiantil", aunque hoy son miles los que abandonan el estudio por culpa de un montón de factores, incluidas la pobreza económica y la irresponsabilidad del mayor, muchas veces agresor y homicida de su propia familia.

Carlos Luis, si se atreven retirar al niñito del centro educativo, aconsejaré a mis hijos - por cierto poco interesados en la lectura, a consecuencia de otras "distracciones" que nos da la vida moderna - conocer los pasos de infancia, limitaciones, sacrificio, inocencia, amor a la naturaleza, humor, genialidad y respeto que nos enseñó el mocoso descalzo en sus correrías.

El ambiente que envolvió al niño y adulto hace varias décadas, sus costumbres, humildad y otras prácticas muy sanas, nos trasladan a la Costa Rica de antes. Así lo expresó una educadora al leer las noticias en los periódicos, lamentando la expulsión de "Marcos Ramírez" y otros amigos de las aulas escolares.

¡Y qué sana era la Costa Rica de antes, aquella que Marquitos recorrió por potreros, ríos y caminos!

Le prometo,

mi amigo Calufa, defender siempre a "Marcos Ramírez". Reciba un fuerte abrazo, lo hago llegar hasta el cielo.

Su amigo, José Manuel.Marcos Ramírez

(Publicado en EL ALAJUELENSE, periódico bisemanal, La Nación, del 21 setiembre al 04 octubre 2001).

Nota 1 : "Marcos Ramírez", es una de las obras literarias de Carlos Falllas Sibaja. El marcos ramírez es la niñez del  autor.

Nota 2 : "CALUFA", significa Carlos Luis Fallas

02/05/2008 GMT 5

El Santuario del Santo Cristo de Esquipulas

adobe @ 23:43

IGLESIA "LA AGONÍA".

(Remembranzas)

Mezcladas con imágenes del álbum familiar, destacan en sus páginas varias fotos del Santuario del Santo Cristo de Esquipulas - más conocido como Iglesia La Agonía - inaugurado el primero de abril de mil novecientos cuarenta.

En las inconfundibles iLa Agonía, iglesiamágenes están expresos muchos recuerdos...la pintura en las paredes, exteriores e interiores, tenían formas rectangulares pintadas en tonos suaves, similares a los colores llamados "pastel". A cierta distancia, desde cualquier ángulo, parecía estar cubierto con un inmenso manto hecho con retazos de tela a colores, bajo la conducción de hábiles modistas o costureras profesionales. Nadie olvida aquellos colores y delicadeza empleada por el pintor al definir cada línea.

En estos momentos, si nos detenemos por un instante, es fácil distinguir sus trazos y tamaños, tratando de escapar o sobresalir del color pálido que muestra el Santuario, con la complicidad de la acelerada contaminación ambiental y el caminar rápido del tiempo, que nada lo detiene.

Los pedacitos o rectángulos de colores, hicieron juego con las cuatro alegres campanas encargadas del llamado de los feligreses. Éstas, permanecieron muchos años como centinelas del barrio y la ciudad desde las alturas; pero no resistieron la embestida del terremoto en el noventa, obligando a dos de ellas, la parejita, bajar al pie del Santuario, plantadas en los costados norte y sur de la entrada principal, sobre las lindas gradas.

Con acercarnos a las grandes y pesadas campanas, podemos conocer sus nombres escritos en relieve macizo: "María" y "Esquipulas" quienes viajaron desde Valencia, España, hasta este hermoso barrio "La Agonía", en mil novecientos cincuenta y dos, bendecidas el diecinueve de octubre para las fiestas de San Gerardo María Mayela.

María y Esquipulas, hoy están censuradas, sus voces silenciadas, inmóviles, fuertemente atadas con gruesas cadenas, como Prometeo Encadenado, remachadas contra Campana Maríael suelo para evitar el robo de su valioso materiCampana Esquipulasal y belleza, no para exhibir su calidad, historia y alegría, sino para convertirlas en dinero y negocio. ¡Tanta es la maldad en mentes y manos inescrupulosas!.

Arriba permanecen las compañeras más pequeñas, bautizadas con los nombres "Argentina" y "Angélica" - la primera así por su padrino procedente de la nación suramericana y la segunda con el nombre de la madrina, vecina de San Antonio del Tejar - llorando la esclavitud de María y Esquipulas quienes no dejan la lucha por romper cadenas para restablecer su libertad e independencia y estar en las alturas, más cerca de Dios.

La bella pareja, expuesta al sol y a la lluvia, al desprecio y abandono, miran casi a ras del suelo, el trajín de la ciudad: el auge comercial con olor a pan, pollo, cerveza, pizzas, farmacia, frutas, sin faltar la contaminación sónica y ambiental, producto del constante tránsito y parqueo de automóviles en el área interna y externa, contaminación que nos da el progreso, la tecnología, bajo la mano y mente irracional del hombre, que por culpa de éste, también el inmenso y bello santuario debe soportar los enormes barrotes de hierro, adornados con brillantes rollos de alambre navajas, para su protección.

En el sector norte del Santuario, en el área exterior, estaba muy bien a la vista de todos la gran pileta o "FuPecesente de San Gerardo", adornada con cuatro peces bien gorditos, fabricados en puro hierro, lanzando chorros de agua cristalina sobre lirios y peces de colores que daban frescura al lugar sagrado; la garza desplegando sus alas blancas y su filoso pico y mirada apuntaban directo al centro del cielo, fue la atracción de niños y adultos; hoy, muchos no conocemos el paradero de la pesada obra, ni su desaparición la vería con buenos ojos el General Tomás Guardia, quien la trajo de Europa y la donó a la Iglesia. Menos, la idea o el propósito del sacerdote que dio la bendición, en presencia de fieles creyentes.

El Santuario del Santo Cristo de Esquipulas, nos invita a leer una placa, puesta en la entrada principal: "Hoy 22 de diciembre 1935 a las nueve horas se colocó la primera piedra fundamental de este Santuario comenzado el once de noviembre próximo pasado. Esta piedra fue solemnemente bendecida por Monseñor Monestel, ayudado de los P.P Redentoristas: Baldomero Silva, visitador e inspector de obras, Baldomero del Pozo, Superior, Carlos Cavero, Procurador. Miguel Raimondez, Perfecto Crespo y Javier García, misioneros. Hermanos legos, Jorge Gil y Basilio Bertolez.

Fue inaugurado el primero de abril mil novecientos cuarenta. La primera misa fue oficiada por Monseñor Sanabria con el cáliz donado por el Excmo Señor Presidente de la República Lic. don León Cortés y Sra. PP. Eduardo Perea, Provincial, Cándido Peña, Rector.

Planos y Dirección ejecutado por el ing. alajuelense, don Clodomiro Fallas, el 11 de agosto 1941. Fiesta de San Alfonso".

Ayer y hoy, el Santuario del Santo Cristo de Esquipulas, debe ser un lugar para el descanso y distracción familiar, punto de referencia y atractivo para el turista nacional y de otras naciones y, muy especial, un sitio tranquilo para la meditación, orgullo del alajuelense.

Pared

Sector pared frontal del Santuario.

Nótese rectángulos colores pastel.

01/05/2008 GMT 5

Una mirada a lo de antes

adobe @ 22:06

Mi barrio, Concepción ó El Llano, posee ricas vivencias, personajes, leyendas y hermosas anécdotas. La ermita, con sus pies y piel herida por terremotos Ermita El Llanoy el transcurrir del tiempo, ha permanecido como fiel testigo del ayer, con lindas paredes gruesas de adobes y techo cubierto con tejas. Aquí, antes sus tres hermosas puertas frontales, los niños marchamos hacia el Altar a recibir la Primera Comunión, vestidos con el uniforme escolar. Unos con pantalón corto y zapatos tipo bota de amarrar, otros mostrando ropa remendada pero limpia y bien presentada; así llegamos a la iglesia y al aula, sin portar lujos traídos del extranjero. Muy sencillos, asistimos al encuentro con Dios, nuestros padres y lindas maestras.

Todos disfrutamos de la amplia plaza, sin mallas, un trillo se extendía casi recto, diagonalmente, desde la esquina de don Alfredo Rodríguez (suroeste) a la pulpería del señor Napoleón Quesada, don "Napo" (noreste). Era el transitar diario para llegar, al otro lado del barrio; incluso, a la Escuela Juan Rafael Meoño Hidalgo (administración Cortés 1936-1940), mostrando el lindo y fuerte portón de hierro, sus muros, corredores con pisos de colores en lindas figuras y la hermosa campana, siempre atenta invitando al estudio y siempre alegre anunciando los esperados y emocionantes recreos, en especial el "recreo grande".

Allí, recibimos la educación en manos de Margarita Quesada y su hermana Irma, Maruja López, Isabel Lizano, Marta Villegas, Carmen de Pochet, Enilda Montero, Teresa Castaing, Zulay Ramos, el maestro de música don Sebastián Plá, éste, un señor español bajito de estatura, su linda hija, Quelarita, quien se encargó de las "veladas" escolares. Las porteras Teresa y Carmen, encargadas de la limpieza y hasta vigilancia del edificio, doña Carmen fue la escogida para activar la campana, ubicada junto al portón de hierro. Era el ejército del barrio bajo la sabia dirección de Dora Arroyo de Cortés y más educadoras del pasado, nacidas para ejercer tan difícil vocación.

¡Qué respeto y cariño tuvimos los estudiantes de hace muchos años, muchas décadas, por nuestros maestros, escuela, por los mayores adultos, por los policías y la iglesia!

El negocio de don Alfredo, daba vida y colorido al barrio: botones de todos colores y tamaños, encajes, dedales, caballitos, hilos, alfileres, agujas, papel regalo, celofanes, tijeras, broches, prensas, todo lo necesario para las amas de casa, costureras, maestras y estudiantes.

En el otro extremo, la pulpería o comisariato de don Napoleón, tenía una banca larga de madera para sus clientes, donde disfrutamos bollitos o manitas de pan salado con un pedazo de salchichón y frescos de sirope kola, zarza,limón y los deliciosos "lecheros", preparados con leche y sirope. Estas ricas bebidas se combinaban con "tosteles" que eran bocadillos o repostería llamados gatos, polvorones, acemitas y cuñas, siempre teñidas de rojo y cubiertas con granitos de azúcar.

En este visitado negocio, era aplicable el sistema de la "feria" y el "fiado". Por cada compra nos daba de feria un confite con sabor a mora, si la compra se pagaba de inmediato. El fiado, consistía en "pagar después", esta condición lo anotaba en una libreta y, generalmente a fin de mes, el cliente debía integrar el dinero adeudado por sus compras, sin interés. Eso sí, el cliente de fiado tenía que esperar en la banca de madera, tres clientes de contado, por aquello de la suerte en las ventas del día, un requisito exclusivo en el negocito de don Napo. Todo el mundo se adaptaba a este reglamento. Lo justo fue que todos tuvimos acceso a la mercadería de su comisariato, famoso por el excelente trato, respeto y confianza.

Sigamos mirando hacia atrás, a las cosas de antes. Recordamos la plaza cuando le caía la noche. Nos causaba miedo, espanto y respeto porque, según las costumbres de los viejos abuelos, "La segua" se paseaba en ella, una especie de animal, con cuerpo de mujer, cabeza calavérica de caballo, enormes dientes, olor hediondo o podrido, larga cabellera y ojos brillantes. Vivía o se ocultaba a un lado escondido y oscuro del centro educativo. Esta imagen se usaba para asustar a los hombres mujeriegos, pero los niños teníamos idea de este espanto. ¿Quién se asusta hoy por aquellas figuras, utilizadas para corregir ciertos malos comportamientos o pasos desviados en la vida personal, de adultos y niños?. ¿Conocen los niños y jóvenes modernos nuestras bellas leyendas?.

Nuestros juguebrincos-2.jpgtes y entretenimientos eran de fantasía, creados por nuestra propia imaginación y limitaciones económicas. Con una varilla metálica o de madera, hicimos rodar por calles y trillos el aro de bicicleta produciendo un sonido muy hermoso al rozar el metal con el suelo; una llanta abandonada de automóvil u otro vehículo - hoy refugio perfecto para el dengue - nos servía para brincar y competir con ella, incluso, meternos en su interior y dar vueltas; una hoja ancha de palmera, similar a una canoa, nos servía para deslizarnos sobre aceras, en las gradas de la iglesia La Agonía y en las pendientes de los potreros al Este del barrio, cerca del Río Brasil, hoy destruido y contaminado por la irresponsabilidad del hombre.

"Por estas calles empVIEJITAedradas y empolvadas pasaron manadas de reses hacia la Plaza del Ganado. Desde casas y corredores, observamos el trabajo de insansables hombres arreando esos animales. Vivíamos con mucha tranquilidad y con una "tira" o cordón de zapato, sujetamos las puertas y ventanas de nuestras casas, dejándolas solas, sin temor a nada", nos cuenta doña Angélica, lanzando una bella mirada a los tiempos de antes.

Ya no existe aquel personaje humilde, símbolo de trabajo, sacrificio y honradez, doña Rosa Montero, ella recorría casas, negocios, ubicada en el portón de la escuela Meoño y en la Ascensión Esquivel, la otra escuela vecina, la vimos ofreciendo los sabrosos pastelillos calientitos y todos bien colocados en su enorme canasta de mimbre. Inicialmente los vendía a diez céntimos, luego a quince y tiempo después subieron a "peseta" (veinticinco céntimos de colón). ¡Qué hermosa viejecita, morena, descalza y tierna sonrisa!. Una ejemplar madre trabajadora, madre de la Patria y del barrio, quien nunca tuvo la oportunidad de pedir aumento de salario, únicamente brindó trabajo para su familia y ejemplo para todos en la comunidad.

¿Cuál niño no recuerda a don Zacarías?. Muy cerquita de la escuela tenía una finca, abundante en guayabas y otras frutas; los niños aprovechamos el tiempo del recreo grande para invadir su territorio, con el interés de recoger la fruta y él nos perseguía a punta de rifle y gritos. Su intención no fue maltratar a la niñez ni éstos irrespetar la propiedad privada para sustraer lo ajeno, simplemente eran las aventuras fogosas de tiempos idos, tiempos de antes. ¡Cuántas guayabas, mangos, guabas y "colerones" le sacamos a don Zacarías!. No olvidamos el montón de carreras llenas de risas y sustos, escapando por encima del portón y debajo de los alambres púas, seguidos por la sombra de su cuerpo, rifle e inseparable sombrero ancho.

Los niños sentimos cariño y respeto por doña Josefita Caballero, conocida por todo el mundo como "doña Chepita" y su esposo don Eberto Cordero, vecinos muy queridos por las comunidades. Durante todo un año, todos los años, iban acumulando colaboraciones económicas para convertirlos en regalos y repartir a los niños del vecindario, quienes éramos la mayoría de la clase pobre. El frente de la Escuela servía como punto de referencia cada navidad para reunir a los menores, con alegres villancicos, juegos y aplausos. Con esfuerzo y amor construyeron su hermosa misión en dar felicidad a los "proletarios" del barrio, sacando montones de sonrisas y alegrías, porque ellos siempre dieron y siempre tuvieron las manos llenas de amor y paz para los de menos recursos.

Retrocediendo un poco en el tiempo, en 1909, nace un gigante llamado "Calufa", Carlos Luis Fallas Sibaja, un auténtico patriota entregado a su pueblo y a las letras. En la maravillosa obra "Mi madrina", nos presenta este bello paisaje del barrio "El Llano", en Alajuela.

"...sus calles polvorientas, su hermosa plaza, con muchos naranjos a la orilla, un inmenso y frondoso mango allí, en la esquina frente a la casa de Crisanto Soto, y la pequeña ermita allá en el fondo, como un portal; y sus casitas humildes, un poco lejos de nosotros, agrupándose hacia el Sur, de bajareques y adobes techadas todas con oscuras tejas de barro cocido..."

Demasiada nostalgia nos invade hacer estos recuerdos. Y cuánta preocupación, hoy, el panorama de nuestras comunidades: el alcoholismo y sus víctimas, escándalos, inseguridad ciudadana, temor, pandillas callejeras, adolescentes abandonados por sus padres en el triste camino de la drogadicción y la vagancia. Y los inescrupulosos traficantes del vicio.

Ya no sentimos la presencia del aquellas figuras imaginarias que nos infundían respeto y recogimiento. Extrañamos la desaparición de personajes compenetrados con el alma del pueblo. Hoy, añoramos el pasado para trasladarnos aunque sea un "momentito" a los tiempos de paz, respeto, humildad, sacrificio, solidaridad, trabajo, honradez, espiritualidad y tranquilidad.

¿Por qué nos empeñamos en desaparecer todos esos valores morales dejados por nuestros antepasados?.

Nota: La ermita de la Concepción fue declarada e incorporada al Patrimonio Histórico Arquitectónico de Costa Rica, según Decreto Ejecutivo Número 28388-C, publicado en La Gaceta Número 16, 24 enero 2000, de carácter privado. Propiedad de las Temporalidades de la Iglesia Católica de Costa Rica, Diócesis de Alajuela.

27/04/2008 GMT 5

Por los caminos del ayer

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Refrescante es evocar pasajes o momentos del ayer que  nos hagan olvidar - por lo menos un instante - instante - los tiempos actuales, saturados de violencia y destrucción. Aquellas vivencias infantiles repletas de preciosos juegos, humildad, limitaciones de todo tipo, sanas costumbres apegadas al hombre y respeto a la naturaleza que lo rodea.

Propias de la épocHacia el ríoa, allá por los años sesenta, fueron las excursiones o paseos - a pie - bajo la inspección indiscutible del abuelo. La visita a los cristalinos ríos y pozas formadas en el Río Brasil, camino a Rosales de Desamparados, distrito de Alajuela. Recordamos Poza azul, La iguana, El botecito, Media luna y La mejicana. Zona rica en agricultura, frutales y hermosas fincas cafetaleras, fuente de trabajo para nuestros campesinos.

Aguas puras y vegetación exuberante, formaron paraísos naturales en centros de atracción para todos, permitiendo el acercamiento a todo lo creado por Dios, respetado por grandes y niños.

Recorrimos potreros, cafetales y senderos. En extensos campos compartimos la presencia de familiares y vecinos, disfrutando las deliciosas comidas y bebidas: el inconfundible "gallo pinto", café, tamales, pastelillos, tortillas con queso, refrescos naturales, arroz con leche y dulces, todo preparado en el hogar.

Los niños aprendimos del abuelo a construir el fogón en el potrero u orilla del río. Con tres o cuatro piedras del mismo tamaño, colocadas firmemente en el suelo, para sentar la orgullosa cafetera que muy rápido hervía el agua a borbollones. De los utensilios caseros, introducidos en un saco de "gangoche", el abuelito extraía el chorreador de madera y la bolsita de manta, especial para chorrear el delicioso café.

Con el singular aroma, disfrutábamos del paisaje, aire fresco, agua sin contaminar, el sonido de la cigarra (chicharra), la presencia de ardillas, lagartijas, garrobos, iguanas y mariposas, bajo sombras riquísimas producidas por inmensos higuerones, guanacastes, caraos y zapotes. Todo un escenario natural inolvidable, especial para la pesca de barbudos, descanso, diversión y aventuras infantiles.

De sus alrededores recogimos guabas caite, jocotes tronadores, cuajiniquiles, caraos, nances, guapinoles, nísperos, guayabas, guísaros, manzanas rosa portadoras de "calenturas" si comíamos en exceso - decían nuestros abuelos - y las llamadas "manzanas de agua", en altísimos árboles que con su vistoso fruto rojizo y grandes hojas verdes parecían adornos navideños, plantados en potreros y fincas cafetaleras, sin faltar las brillantes "lágrimas de San Pedro", utilizadas en la confección de finos collares y pulseras, similares a las mejores joyas, según la imaginación infantil de hace varias décadas. Con sencillez, disfrutamos los tiempos de nuestros abuelos.

Así se vivía, los niños casi ni sufrimos resfrío alguno o accidentes en pozas y ríos, no fuimos amenazados por individuos que atentaran contra la vida y agresión al adulto y la niñez, como es regla en estos tiempos. Disfrutamos de una época más tranquila, segura, pacífica, menos materialista, sin lujos, más humanista y solidaria. Una época con más fé, cargada de valores morales, religiosos y patrióticos.

En la escuela practicamos muchos juegos y trabajos. Hicimos producir la tierra con el pico, la pala y el rastrillo; con la guía y entusiasmo del maestro, vimos nacer el culantro, rábanos y lechugas. ¡Qué diferente si nuestros hijos conocieran hoy el amor a la tierra y la importancia de nuestros campesinos, quienes luchan a puro sacrificio para hacer producir la semilla con su sudor y esperanza!

"Las niñas - recuerda mi hermana con mucha nostalgia - guardábamos los cromos en cajitas de cartón y entre las hojas de los cuadernos. Las compañeras pudientes, o sea, las que sus familias poseían más dinero y comodidades en sus hogares, tenían cromos más finos comparados con los nuestros, que eran más humildes: angelitos cachetones con caras rosadas y bordeados de escarcha y hasta con perfumes, a los más populares y hasta recortados del periódico, en blanco y negro. El mismo papel periódico fue utilizado en muchos hogares para forrar cuadernos, diccionarios y libros de lectura".

La mayoría formamos parte de los niños "menos pudientes" o pobres, pero todos, junto a los "mejor acomodados" disfrutamos del aula, la tierra, el estudio, los juegos, la inocencia, el respeto por el maestro y la solidaridad en las familias.

El juego de los "yaxes" unió a los menores y adultos. Jugamos en el corredor de la escuela, en todo espacio aunque fuera reducido. Los más baratos o pobres eran simples piedras uniformes recogidas de las calles, junto a los de plomo; los más finos o lujosos llamados "campana", siempre vestidos en colores turquesa, fucsia y amarillos que al rebotar y pegar uno con el otro despedían bellos sonidos. Las bolitas se adaptaban a la calidad del yaxe, unas de color lisas y las de varios colores mezclados, éstas, un lujo adquirido por la minoría de las niñas.

Otros juegos nos permitieron la diversión y el ejercicio físico y mental. La suiza doble y sencilla, altura, chilillo, series con bolsillos, buchacas, futbolines. Un futbolín lo construimos con una tabla lisa rodeada con bandas de hule para impedir la salida de la bolita del campo de juego, cada jugador bien concentrado y plantado en la madera, representados con clavos de pulgada o más altos, generalmente, del mismo tamaño, espigados, oscuros, cabezones y hasta con herrumbre, representando ambos equipos. Estos jugadores casi nunca fueron sustituidos porque siempre permanecieron fieles a su equipo y sin lesiones.

Con la paleta o un cabo de madera de unos ocho centímetros, impulsamos la bolita de vidrio, la popular "bolincha" , al marco contrario para celebrar los goles, pero en muchas ocasiones volamos la pelota fuera del campo, como lo hacen los jugadores de carne y hueso.

Hicimos apuestas con cajetillas de cigarrillos León, Piel Roja, Viceroy, Camel y otros recolectados en negocios, mercados y calles.
Coleccionamos postales (de mariposas, futbolistas, países) para intercambiar y jugar al "resbalón", este juego se lograba ganar si la postal lanzada desde el borde de una mesa, gradas o muro, caía encima de cualquier otra postal, aunque tocara una punta de aquella. En estas condiciones, el ganador recogía todas las postales que hasta ese momento cubrían el suelo.

En campos abiertos, calles, potreros, patio de la escuela, jugamos a los "puros", utilizando un cabo de palo redondo pulido, imitando un bate de béisbol, y con troncos (puros) de diez centímetros de largo colocados entre dos piedras o ladrillos que al ser levantados y expulsados con el bate, recorrían considerables distancias a gran velocidad a lo alto y largo, hasta perderlos de vista.

Luego la gran tarea de localizarlos para contar la cantidad de pasos del "bateador" o participante del juego y decidir el triunfador. ¡No más humildes y sencillos podían ser nuestros implementos para la diversión y relación con los demás!.

Hoy, se va extinguiendo la comunicación en las familias y vecinos, la relación familiar es menos intensa, los ríos y mares están contaminados, van muriendo los peces y la deforestación es impresionante. Los niños "marcos ramírez" (alusión a la obra literaria de Carlos Luis Fallas ) ya se marcharon, hasta su literatura ha desaparecido de las aulas, porque algunos filólogos consideran su contenido como prácticas ya superadas o propias de tiempos pretéritos.

Las actuales y venideras generaciones somos herederas de una Naturaleza y valores humanos vapuleados por el mismo hombre, sin conciencia ni visión al futuro.

Un homenaje a los abuelos presentes y fallecidos de nuestros barrios. Hortensia, doña María, doña Adilia, don Luis, don Bolívar, don Tuto, don Santos, don Paulino, doña Bolivia, don Agustín, don José, don Reynaldo, doña Sofía, don Isidro, don Ismael, doña Olga, doña Virginia, don Manuel, doña Marina, doña Juana, doña Carmen, don Sebastián, don Amado, doña Josefita, don Eberto, don Tulio y todos los abuelos que hicieron feliz nuestra infancia con sus consejos y "jalones de orejas". Hoy, ante tanta pérdida de valores, debemos recordarlos, valorar sus enseñanzas y ponerlas en práctica.

Puente del ayer

26/04/2008 GMT 5

Los robles del barrio

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Por el título pareciera que llevan un mismo apellido, mas son cuatro vecinos del barrio La Agonía quienes habitan y trabajan a escasos treinta metros uno del otro, sobre la avenida central de la ciudad alajuelense (de Alajuela, Costa Rica).

En algún momenLos robles del barrioto nos hemos topado con María Cháves Barrantes, Adilia Cabezas Quesada, Hortensia Quirós Bravo y Bolívar Valverde Huertas. Ellos son los robles canosos del barrio quienes adornan estas páginas.

Son pilares en pie de guerra, a la vista de cualquiera y constituyen un valioso ejemplo para las nuevas generaciones. Dedicación al trabajo, humildad, honradez y espiritualidad, son los fundamentos en sus vidas que los acreditan como ciudadanos hijos predilectos de una comunidad.

Un detalle coincidente en ellos es la "viudez" que experimentan. A pesar de tal condición, continuaron la lucha tenaz orientando responsablemente a sus hijos y nietos: nunca aflojaron ni echaron un centímetro hacia atrás, porque siempre enarbolaron la bandera del trabajo, la educación, manutención y respeto al hogar. Hoy, sus descendientes son excelentes educadores, empleados bancarios, amas de casa, obreros del calzado y la construcción, exitosos músicos, hábiles costureras y empresarios.

Aún con la presencia de algunas enfermedades propias de cargar "un montón de años" - más de 330 - dicen ¡Presente! disparando energía en sus puestos de trabajo; sin excluir, las durísimas labores que genera el hogar.

Don Bolívar, como le conocemos y decimos con cariño, hace muchos años dejó el establecimiento donde administró la famosa cafetería, ubicada en el corazón del comercio alajuelense. A esta fecha, con más de noventa años a cuestas, sigue mostrando ejemplo de trabajo: acompañado de la bulliciosa carreta cargada con cilindros repletos de gas para cocinar, transporta el producto a sus clientes hasta las puertas de casas y negocios. De esta forma, hace de su pequeña empresita, un eficiente servicio a domicilio que vista en términos modernos bien le calza el calificativo de "gas express".

A fortalezas humanas hechas con esta madera, no hay duda que Dios le dará más oportunidad de permanecer activos para que las nuevas generaciones puedan recoger e imitar su ejemplarizante actitud; o por lo menos, tienen la opción de conocer la lucha, el sacrificio y vida honesta de un ciudadano decidido a hacer grande una familia, un barrio y una nación.

Frente a la casa de don Bolívar, atravesando la calle, ¿quién no ha sentido la abnegación, el calor humano, la alegría, el humor y popularidad de Adilia? Aquí encontramos a la mujer blanca, de caminar pausado, con cabello casi plateado y vistoso delantal a colores.

Si no está junto al inconfundible moAdilia Cabezaslino utilizado para las moliendas de maíz, la vemos sentada frente a su máquina de coser, o ante la gran mesa de cortar donde extiende las telas (géneros) y coloca los patrones (moldes de cartón) para diseñar y cortar a pura tijera, lo que serán sus grandes obras, las famosas camisas para niños y adultos.

Todo esto lo mezcla con la cocina. Sus padres - nuestros inolvidables abuelos - le heredaron una excelente "mano" y de ésta los deliciosos tamales que fabrica en cualquier época, sin esperar la Navidad, fin de año u otras fechas especiales que nos obligan a grandes carreras para pagar precios altísimos por "molidas" y compra de ingredientes. Ella, es una de las tantas damas hechas en madera fuerte y fina como el roble, adicta al trabajo, propias en mantener la bella tradición tamalera que nunca desaparecerá del hogar costarricense, por más alto que sea el costo de las cosas y la vida.

"Los tamales son tamales en cualquier ocasión y "salen" más baratos que en fechas tradicionales", dice, mientras deposita un poco de chicharrones y maíz en la tolva del molino. ¡Y saben tan deliciosos, no importa que sean preparados en mayo, abril o cualquier mes!

Así de simple es Adilia. ¡Más de medio siglo sin dejar la costumbre de madrugar y menos el trabajo! ¿Cómo no valorar tal heroísmo? ¿Acaso no es con trabajo honrado como se construye la paz y el progreso de un país?.

A cuatro casas hacia el este de esta entusiasta trabajadora, está la casa de doña Hortensia. "Tencha", nació en enero del catorce, costurera, ex-vendedora de verduras en un "mercadito" propio, modista, recuerda cuando cobraba ciento cincuenta colones por la confección de un vestido y lo hacía a domicilio, trasladándose a pie hasta el Barrio San José y Río Segundo.

En estos momentos, a pesar de sus limitaciones físicas, la observamos dedicada a labores del tejido en tela, confeccionando hermosos limpiones para cocina y adornos utilizados en muebles de sala y otras figuras, propias del hogar.

Doña María ha tenido de vecina durante toda su existencia a la iglesia La Agonía, habita al pie de la misma. La conocimos metiéndole el hombro a su esposo don Tuto Bravo y a sus hijos en labores de zapatería, emplantillando zapatos, en la fábrica de calzado "Elegante", ubicada en su propia residencia.

Además, Dios le suministró una especial "cuchara" en la elaboración de cajetas tiernas y duras a base de chiverre, destacándose por el toque mágico que le impregnaban las semillas de la misma fruta encima de aquellos dulces, apetecidos y perseguidos en la comunidad por grandes y pequeños.

Cuando concluía la cosecha de chiverres, llegaba la cosecha de guayabas, de éstas obtenía la deliciosa mermelada especial para el pan y otros usos, sin faltar nunca las conocidas "tricopilias", que eran pedacitos de dulces a un punto semiduro, en forma de cajetas.

Hoy, a sus noventa y cuatro años, prepara los alimentos diarios del hogar y en horas de descanso teje y teje como las arañas, hermosos tapetes, canastitas y alfileteros adornados con flores de nudo francés, recuerdos que regala a sus visitas.

Hijos, nietos y bisnietos, la sociedad completa, autoridades gubernamentales, instituciones, la iglesia en general, tenemos por obligación un compromiso: dar el lugar privilegiado a todos los robles de nuestra Patria para que vivan con dignidad y respeto a sus sagrados derechos.

Ellos son las aulas y escuelas donde debemos asistir y aprender sus lecciones siempre llenas de sabias experiencias y sabiduría. ¡Adelante, don Bolívar, Adilia, Hortensia y María!

23/04/2008 GMT 5

Silencio a la voz y letra

adobe @ 23:57

Diez principios conforman la "Declaración de Chapultepec", celebrada en México D.F, el 11 de marzo de 1994. Al arribar al punto cuatro, inmediatamente hace a un pueblo evocar y reflexionar porque llega a sus entrañas.

El principio citado manifiesta que "el asesinato, el terrorismo, el secuestro, las presiones, la intimidación, la prisión injusta de los periodistas, la destrucción material de los medios de comunicación, la violencia de cualquier tipo y la impunidad de los agresores, coartan severamente la libertad de expresión y de prensa. Estos actos deben ser investigados con prontitud y sancionados con severidad".

En Costa Rica, la libertad de expresión - derecho que toda persona tiene de buscar, recibir y difundir información y opiniones libremente - y libertad de prensa, fueron visitadas por los enemigos de estos derechos, tomando las armas violentas, la cobardía, la injusticia y no razón, para cubrir con el manto oscuro y el silencio, la voz y letra del ciudadano.

Aquel pedazo de sociedad, por cumplir y defender los principios establecidos, es sacrificado; mientras los enemigos quedan sin castigo, gozando al oir la ira popular que se manifiesta en una sola voz y puño para llegar a todo el mundo, a todos los hombres, a todas las declaraciones, a todas las sociedades, exigiendo esclarecer con prontitud y sanciones severas a los enemigos del pueblo y sus derechos.

¡Sí!. En mi tierra, mi Costa Rica, han sido silenciadas una voz y exterminada una auténtica pluma. Esto constituye un duro zarpazo al corazón democrático y cívico de un pueblo, un tremendo impacto a los principios de la Declaración de Chapultepec, porque la libertades de expresión y prensa fueron violentadas y ensangrentadas en Centroamérica una vez más, hoy en suelo costarricense.

Es una herida profunda en el alma y corazón de José María Castro Madriz (1847-1849 y 1866-1868) dos veces nuestro Presidente, primer defensor del derecho de expresión y prensa escrita, defensor de la vida humana.

Los pueblos exigimos respeto por los principios establecidos y sólo así, ¡ respetados !, son principios.

A Parmenio Medina Pérez le arrancaron la voz y letra, no le permitieParmenio Medinaron ejercer ni defender más los principios salidos del Castillo de Chapultepec.

En otras naciones y pueblos hermanos, la situación es más impresionante y delicada: las libertades están amenazadas, perjudicadas por demandas judiciales, ataques verbales, agresiones físicas, presiones - en Costa Rica los medios de comunicación nacionales solicitan varias reformas ante la Comisión de Libertad de Prensa de la Asamblea Legislativa para eliminar ciertas limitaciones que consideran contrarias a su profesión - , impedimento al acceso a la información pública en instituciones, encarcerlamientos, corrupción, secuestros y asesinatos; lo escrito y aprobado en la Declaración de Chapultepec en algunos países se incumplen plenamente en determinados principios; inclusive en forma parcialmente en otros, según denuncias ante la Sociedad Interamericana de Prensa (S.I.P) por varios de sus miembros suscritos.

Ante este oscuro panorama continental, los periodistas conforman frentes contra la corrupción, madre de todos los vicios, para sanear y constituir una verdadera libertad de prensa y expresión contra poderosos intereses políticos y económicos, prestos en mantener el estado de cosas para su beneficio en sus países.

Mientras los enemigos de la libertad de expresión y libertad de prensa siguen cobrando vidas y represión en el Continente, los pueblos se manifiestan exigiendo la decisión firme de sus gobiernos y autoridades judiciales para esclarecer tales violaciones; el asesinato de Parmenio Medina Pérez, es un inmenso dolor incrustado en el alma del ser costarricense.

Las aspiraciones de un pueblo, de todos los pueblos, es la libertad. Libertad para luchar contra las injusticias, las desigualdades económicas, culturales y atraso; libertad para elegir a sus representantes libremente, libertad para decir la verdad y denunciar la mentira, libertad de expresión y prensa sin ataduras, comprometidas con el pueblo.

Si contamos con libertad de expresión y libertad de prensa sin vicios, sana, los pueblos denunciaremos las injusticias y la oportunidad para luchar contra los grandes problemas colectivos y así cumplir en paz el logro de todas nuestra metas y obligaciones. Parmenio Medina Pérez es expresión de libertad.

(Publicado en "La Prensa Libre", Costa Rica, 02 agosto 2002)

20/04/2008 GMT 5

Balacho

adobe @ 23:21

En ciudades, barrios y caseríos, siempre está presente el personaje popular, humilde, amigo del pueblo y querido por todos. Su presencia y lucha incansable por la vida, lo convierte en un elemento ideal para identificar un lugar o región; así el deportista, el cosmonauta, el músico, el escultor o el literato, exaltan y dan a conocer la nación de donde procede y ubicación correcta en el mapa.

"Balacho", es un personajBalachoe conocido por todo el mundo, vecino del barrio "La Agonía", aquí forjó su vida, historia y valiosos ejemplos a la comunidad. ¿Quién fue y qué hizo?.

En la humilde casa del señor Elías Molina Solano, no faltó el pedazo de carne expuesta al calor y humo despedido por las cocinas de leña y el fogón, para impregnarla del sabor especial "ahumado". Ésto, una costumbre en campos y ciudades, hace muchos años.

Elías, el niño descalzo e inquieto, pedía a su madre un "acho" de carne ahumada, naciendo así - según la versión de su hermano don José - el sobrenombre "Balacho", apodo que sustituyó su nombre de pila, para darse a conocer en toda Alajuela y en nuestra hermosa barriada.

A los nueve años era un jovencito con alguna discapacidad, debido a la invasión de la poliomielitis en su vida y en la de muchos compatriotas. Hoy, gracias a Dios y a los avances científicos, erradicada.

A pesar del inconveniente físico - caderas y extremidades inferiores deformadas - Balacho fue un héroe y superdotado. Sus limitaciones nunca fueron obstáculo porque trabajó como un fino ebanista fabricando preciosas puertas y ventanas; le hizo a la albañilería y prueba son los mosaicos instalados - rojos y amarillos, en forma de zigzag - y decoraciones exteriores en el bar "La bohemia", obras aún en pie por más terremotos y paso del tiempo; destacado vendedor de lotería nacional, gastando hasta lo no ganado en amores y traguitos; habilísimo para pintar techos y reparar goteras.

Otra gran habilidad en sus manos y mente fue la fabricación de los populares "trompos", perseguidos por todos. Aquellos instrumentos inseparables que invitaron al niño y adulto a la sana diversión, al ejercicio físico, agilidad mental y contacto con los demás, en armonía y competencia sana.

El trompo formó parte del entretenimiento diario, un juguete presente en todos los hogares, donde Balacho puso sus conocimientos para la cofección excelente, fuertes, casi indestructibles por la calidad del material utilizado: sustituyó el "clavo" que se hundía en el interior del mismo, por el tornillo o "pullón de tope" y la madera, puro guapinol, la sacaba de los timones de carretas que don Pío Soto desechaba en su taller de reparación.

¡Los trompos de tornillo y guapinol, hicieron más popular a este personaje alajuelense!. Poseer un trompo marca "Balacho" era una enorme ventaja para triunfar en las competencias callejeras, aceras y patios de las escuelas y casas, por los niños de ayer, con pies descalzos y pantalón corto.

Inventó varias máquinas mecánicas y piezas para el trabajo, como la famosa "sierra circular" sacada a pura segueta, cincel y lima, tomando la parte más ancha de un serrucho. Su habilidad e inteligencia le permitieron increíbles ideas al fabricar otras herramientas utilizadas por los ebanistas, a precios muy elevados que el comercio vendía, no al alcance del pobre bolsillo de Balacho y otros trabajadores de la época.

Observó su diminuto y deformado cuerpo hasta echar andar la construcción de dos carritos, convertidos en verdaderos automóviles que le sirvieron uno, para ir a la escuela Juan Rafael Meoño Hidalgo (escuela de El Llano); el otro, para movilizarse con todo el confort por donde le diera la gana.

Doña Dorila, su maestra, dio como tarea a cada niño halar la carretilla o carrito con Balacho y pertenencias escolares, desde la casa hasta el portón del centro educativo (a unas cuatro cuadras) para que éste asistiera a lecciones como cualquier otro niño, con todos los derechos y obligaciones.

Aquel joven estudiante, probó la fortaleza del carrito sobre piedras y barro, comprobó la sensibilidad del hermoso corazón de la educadora y la solidaridad de sus compañeros.

¡Hoy, no es extraño el desprecio a ancianos y niños que a duras penas levantan sus cabezas y brazos pidiendo ayuda a quienes caminamos físicamente bien!

El segundo carrito, más moderno que el tipo escolar, fue la admiración de nacionales y extranjeros. Una obra mecánica: con cadenas tipo bicicleta, frenos y dirección manipulados con la mano izquierda y manija (manigueta) para impulsar o retroceder el vehículo, con la mano derecha.

El asombroso y valioso invento fue observado detenidamente por un estadounidense, de paso por nuestro humilde barrio, quedó sorprendido al ver semejante aparato mecánico conducido por Balacho. Éste le explicó en español el mecanismo del "cloch" - dos ruedas de hierro de media por seis pulgadas - que su inteligencia confeccionó y adaptó, le mostró el funcionamiento direccional, avance, retroceso y la palanca de frenos.

Cuenta la anécdota que el extranjero le ofreció como premio una "pitoreta o corneta" utilizadas por vehículos de transporte público, si cumplía con la prueba de los frenos.

Sin pensarlo un instante, llegó a lo más alto de la cuesta y se dejó venir a toda velocidad hasta frenar a los pies del asustado extranjero, dejando marcadas las ruedas - cubiertas con hule grueso - en la calle y al míster con la boca abierta.

Al día siguiente, colocó con emoción y orgullo, el premio obtenido por su carrito ya de fama internacional, mostrándolo a adultos y niños. La bendita corneta sonó por aceras y calles del barrio y la ciudad alajuelense.

Balacho, el personaje del puro pueblo, tenía otras facetas, era aventurero. Cabalgó con firmeza en Jacó, nunca lo botó un caballo. Peleó a puñetazo limpio contra Raúl Quirós en una increíble y dispareja lucha; sus amigos le llevaron a pasear en "andas" (como los angelitos en Semana Santa) al Volcán Poás, sobre tremendos barriales, lluvia y frío.

Intentó viajar "colado o de pavo" (ilegalmente) con un amigo chileno quien le propuso trabajar en Sur América. Se ocultaron, accidentalmente, en la nevera del barco bananero, lugar apto para morir congelados; posteriormente huyeron a otro departamento ocupado por la barbería, aquí fueron capturados por la tripulación. A Balacho, lo salvó la polio y el chileno fue a parar a las celdas. Viaje sin pagar boleto, ilusiones, trabajo, ganar dinero, conocer otras tierras y mares, todo lo invertido en esa aventura fue abortado en momentos de mala suerte.

Balacho murió a los ochenta años, dejó enormes enseñanzas a su comunidad, demostró que las limitaciones físicas no fueron suficientes para achantarle la vida y sus proyectos; más bien , fue ejemplo para los cuerpos sanos y completos que muchas veces nos quejamos por cualquier cosa.

Dejó inventos y herramientas como testigos de su existencia. Allí quedaron colgados en paredes. Los trompos cesaron de bailar y brincar, los carritos abandonaron las correrías por aceras y calles del barrio y ciudad, la pitoreta no sonó más, toda su obra material desapareció en un incendio.

Su obra moral y sus ejemplos, no fueron destruidos. Siempre recordamos a Balacho porque representa la sabiduría, el esfuerzo y perseverancia del hombre humilde, inteligencia e insigne representante de la clase trabajadora.

¡Gracias, Balacho!

19/04/2008 GMT 5

Comunistas armados

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(Vivencias familiares en la Alajuela de ayer).

La casona que nos vio nacer y brindó calor para trabajar y disfrutar la vida, fue un centro muy popular en Alajuela, porque en su interior se desarrolló gran actividad comercial casera, un lugar agradable para tertulias, lecturas, negocios, humor, reuniones políticas y otras situaciones propias de la época.

Allí funcionó el pequeño taller de costura bajo la dirección de doña Adilia Cabezas, maestra en el corte, diseño y hechura de camisas; además, la confección de sábanas con recortes de tela en lindos colores estampados y lisos, uniformes para futbolistas; una pieza pequeña de la edificación ocupada por la "remendona" del abuelo Paulino Soto, destacada en su puerta con un visible rótulo donde se leía "se remiendan zapatos", escrito con tinta negra (anilina o añilina)utilizada para teñir el cuero del calzado; la elaboración de panes, cajetas, tamales mudos, de frijol y cerdo; el club de camisas rifadas con el número mayor de la lotería nacional y el incansable molino - ruidoso y pesado armazón de hierro, aluminio, bronce y acero, acompañado de un poderoso motor - para las moliendas de maíz, papa, arroz, chile dulce, culantro, chicharrones y otros ingredientes que junto al maíz molido, daban como producto la "masa arreglada o condimentada", lista para los tamales, si el cliente así lo decidía.

Aquel ambiente laboral era, como llamarían hoy, el centro comercial, diferente por estar ubicado en una edificicación antigua, centenaria, con techo entejado, sin parqueos, sin puertas automáticas, ni pantallas luminosas.

Según la astucia o disimulo para decir las cosas, característica del pícaro alajuelense, la cabeza o jefe del negocio casero era conocida en su propia comunidad y barrios aledaños, especialmente en el barrio La Agonía y El Llano, como la "comunista armada, muy hábil en mover y revolcar las masas".

Estos calificativos se lanzaban con doble intención, pero sin mala intención, prevaleciendo el chiste y el humor popular. A su padre, el zapatero remendón, en tiempos de la llamada Guerra Civil o Revolución del Cuarenta y Ocho, le encaramaron el apoArmadosdo "armado o armadillo" - distintivo que por herencia le llegó a la familia - ya que, según sus intereses políticos y otras necesidades, se ocultaba en las alcantarillas y huecos, similares a los construidos por esos animalitos casi en extinción, con caparazón o placas córneas articuladas, listos para evadir el peligro y su captura.

Así, a la hija de don Paulino, Adilia la costurera y fabricante de deliciosas comidas y panes, le fueron quitando el nombre de pila hasta dejarla en el puro pellejo como la famosa "armada", para continuar el sobrenombre tradicional de su padre, el señor Soto Córdoba.

Hoy, en toda la numerosa familia, es normal un saludo entre "armadillos, armados o cusucos". Inclusive, en ocasiones en que se han dado concentraciones familiares, alguna voz del mismo grupo o vecino lo ha manifestado con fuerza: ¡un rifle para cazar armados, antes de que se pongan a hacer huecos...o revoluciones!.

¡Sí!, este valeroso y simpático apodo familiar se mantiene sin peligro de extinción, puesto que va pasando de generación en generación en la familia Soto. Así es nuestra hermosa Alajuela, cuna del sobrenombre y el humor.

Lo de "mover y revolcar las masas", tenía otro significado. Era por su tremenda experiencia en echar el maíz en la tolva del molino, hasta recoger la masa en la gran palangana de aluminio con sus laboriosos manos y depositarla en las ollas y sacos de manta. Todos los días pasaba agitando, moviendo, revolcando la masa, por más de cincuenta años, en las moliendas del nutritivo grano. Nunca por otra situación, aunque se le escuchaba manifestar que nuestro pueblo tenía que despertar y protestar por las cosas injustas, por el costo de la vida y los malos salarios.

¡Ah!, lo de "comunista", por sentir tanta admiración y cariño hacia líderes reconocidos como Carlos Luis Fallas Sibaja,  "Calufa", nuestro escritor patriota, personaje distinguido de nuestra historia patria; por cierto, una historia con más rectitud, sacrificio y menos corruptos.

El escritor y sindicalista de los bananeros y zapateros, quien tenía su casa-biblioteca casi pegada a la nuestra, disfrutó del humor, cariño, hospitalidad, pan casero, tamales y aguadulce brindado por la estancia acogedora de nuestro hogar y centro comercial, en compañía de otras figuras literarias , políticas y obreras, recordamos a Luisa González, Arnoldo Ferreto y los hermanos Manuel y Eduardo Mora Valverde, quienes honraron nuestra casa y familia con su presencia y conocimientos.

Adultos y niños, fuimos testigos de momentos clandestinos, aplicados a nuestra manera de pensar, según los conceptos de la época, muy diferentes al pensamiento actual. Con tales actividades y presencia de conocidos políticos y escritores nacionales, siempre el humor del alajuelense encontró sus ocurrencias.

Divulgaron que los guardias civiles se hacían

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"los rusos" al permitir el trabajo clandestino o ilegal de quienes, con la colaboración de algunos vecinos, salían en las primeras horas de las mañanas a repartir hojas sueltas y estampar "pegas y pintas" en postes y tapias, alusivas al desfile del Primero de Mayo en la capital y otras actividades indicadas por sindicatos y organización política de entonces; mientras fue costumbre la visita del policía en las frías madrugadas a disfrutar un café con pan "melcochón" untado de miel de abejas, tamal u otra comida para combatir el sueño y frío, invitación exclusiva del negocio comercial a los humildes trabajadores de la ley, quienes cuidaban nuestras barriadas. Hoy, ¡cuánto no deseamos una autoridad de aquellas, por lo menos un ratito en nuestra barriada, para recordar cómo eran y cómo funcionaban!.

Y el trabajo político era clandestino porque la llamada "izquierda costarricense o comunistas" estaban fuera de ley, de acuerdo a la Constitución Política de Costa Rica en el artículo noventa y ocho, párrafo segundo, que impedía la organización y funcionamiento de este sector, por considerar su ideología y prácticas contrarias a nuestra paz, creencias religiosas y sistema democrático, exponiendo a nuestra Patria, pueblo e instituciones democráticas, con ideas extrañas y subversivas.

La visita honrosa de guardias civiles a nuestro hogar y centro de trabajo, fue interpretada siempre con humor y malicia, ya que las autoridades desempeñaron su trabajo con honestidad y patriotismo. Ciertamente existió amistad, vecindad y respeto entre ellos y los "comunistas armados" del barrio La Agonía. ¿Acaso no todos éramos una misma comunidad, un pueblo con los mismos problemas, necesidades y aspiraciones?.

A los niños nos tocó vivir una preciosa etapa. Conocimos las herramientas utilizadas para el trabajo diario, sentimos lo que es esfuerzo y satisfacción al colaborar en la manutención del hogar, nos convertimos en auténticos obreros: cortamos hebras de las camisas, limpiamos el taller y la maquinaria, pegamos botones con aguja en mano, colaboramos en la confección de prendas, conocimos en las páginas del libro, el espíritu de tantos personajes como nuestro hermano amigo del alma Marcos Ramírez, Mi Madrina, Juan Varela, El Moto, A ras del suelo, Los cuentos de mi tía Panchita y conocer la heroica lucha de nuestros compatriotas y de otras nacionalidades, en las duras y enfermizas tierras de Mamita Yunai.

En nuestra casona no faltaron las gentes amigas quienes fueron testigos del trabajo, de los defectos y virtudes que permitieron a nuestros abuelos y padres, desempeñar su labor constante para lograr la crianza y educación de sus hijos y nietos; éstos, interesados en rescatar las muchas páginas ejemplares escritas con sacrificio por ellos, como esta historia.

Recordando y siguiendo el ejemplo y pasos de aquellos valerosos viejos, hacemos Patria. Un gigante homenaje a nuestra madre Adilia a quien Dios aún la mantiene en pie de lucha...armada con mucha vitalidad ante los retos modernos y, por supuesto, ¡siempre moviendo y revolcando las masas!.

(Publicado en La Prensa Libre, Sección Comentarios, 09 agosto 2007)

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