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Le llamamos "adobe" al material extraido de la tierra, utilizado por nuestros abuelos para construir sus casas y muros. Con este material lograron paredes gruesas, frescas y fuertes. Actualmente, el adobe forma parte de la historia escrita por aquellos se

07/04/2008 GMT 5

Qué tiempos los del adobe

adobe @ 21:58

De nuestros tiempos de infancia, recordamos tres situaciones muy especiales en el barrio que nos vio disfrutar la niñez: la esquina de don Reynaldo Bravo, Nayo, el molino de Cayetano y el guardia civil o policía.

La casona esquinera de Nayo, ubicada detrás de la iglesia "La Agonía", inolvidable edificación con paredes de adobe encaladas y en su interior la pulpería-cantina, el pool y el enorme patio abundante en mangos, bananos, jocotes, chayotes, tacacos y cercas con piñuelas; además, el salón grande con tres bancas de madera largas donde los niños nos acomodábamos confortablemente a mirar la pantalla del televisor - marca Zenit, en blanco y negro - primero en llegar al barrio.

El sorprendente avance tecnológico traído a nuestro pobre vecindario, en forma de cajón grande y con patas de madera, fue parte de la familia alajuelense (Alajuela, Costa Rica),especialmente en los niños.

Don Nayo, tenía en la pared, junto al receptor, un rotulito donde mostraba la tarifa en cualquiera de las bancas: una "peseta"- veinticinco céntimos de colón - para disfrutar las series televisivas "Pájaros de acero", "El llanero solitario", "Patrulla de caminos", fábulas y otras que eran las preferidas de la infancia.

Fue tema casi a diario, solicitar o pedir el dinero, la peseta, a nuestros padres para asistir, con los amiguitos del lugar, al salón y estar frente aquel aparato lleno de perillas o botones. El patrullero, el helicóptero, el caballo "Plata" y su inseparable indio, se convirtieron en nuestros amigos pintados de negro y blanco.

Jugar en aceras con el trompo y el yoyo, participar en los enormes patios de nuestras casas a la guerra de "indios" contra "vaqueros", jugar a los cromos, practicar chócolas con "bolinchas" de vidrio - las más finas eran las llamadas "cubanas" - y los humildes chumicos y pesados balines, combinado con la asistencia a las series de televisión, significaban momentos de mucha recreación en niños y adultos.

Muy famCayetano y Adiliailiar para los niños y viejos de la época, fue la casona grande con paredes de adobes y puerta gruesa en madera, establecida a veinticinco "varas" - antes se aplicaba esta medida para calcular determinada distancia - de la edificación de Nayo. Adilia y Cayetano, personajes muy populares, instalaron el molino utilizado para moler maíz.

Los vecinos compraban en aquel reconocido establecimiento, la masa y hojas de plátano por libras; la mayoría de los clientes cocinaban a "pura leña" el maíz en sus casas; traían el maíz cascado(pelado), tierno(elote) y el corriente(sin pelar)desde comunidades más alejadas - Desamparados, San Pedro, Santa Bárbara, Rosales, Brasil - para procesarlo o convertirlo en masa, grano que traían en saquitos de manta, en bolsas de mecate y en grandísimas ollas de aluminio rotuladas con sus nombres y apellidos, para evitar el intercambio no voluntario de éstas, tal la cantidad de ollas y sacos que se colocaban en el mostrador y en el suelo. Traer el maíz en vísperas del veinticuatro de diciembre, significaba ganar tiempo y coger espacio en el molino y así garantizar la preparación de los tamales, platillo exquisito y característico del costarricense.

La masa lista, en muchos casos combinados con chicharrón, papa y otros ingredientes, era la materia prima utilizada para preparar los deliciosos tamales navideños. Del molino de Adilia y Cayetano, salía casi "medio tamal" ya que la masa iba bien condimentada, a gusto del cliente quien aportaba los ingredientes, si esta era su decisión.

Los dos, a las cuatro de cada mañana, sin fallar, despertabMolino Cayetanoan al vecindario con el ruidoso aparato - pesado armazón de hierro, aluminio, bronce y acero, movido por un poderoso motor conectado a una larga faja que se ajustaba hasta la polea - y así, con esfuerzo y constancia, fueron levantando el negocio hasta convertirlo en la principal fuente de ingreso para el sustento familiar, durante casi medio siglo.

El tercer elemento de la comunidad fue el Guardia Civil o Policía. Recorría las calles y aceras. Se ubicaba en la esquina de Nayo, otro rato en "La terronera" - conocido expendio de licores o cantina - y en la casa esquinera donde habitaba y escribía nuestro héroe "Calufa", Carlos Luis Fallas Sibaja, el gran escritor patriota, Benemérito de las Letras y de la Patria, defensor indiscutible de los trabajadores.

El respeto mostrado por niños y adultos hacia el "guardia", como le decíamos popularmente, fue admirable. Siempre, en horas de madrugada, Adilia y Cayetano, invitaban al humilde personaje al desayuno. Sentado a la mesa o frente al mostrador del molino, tomaba el cafecito con empanadas, bizcocho o un pedazo de pan "melcochón" con mantequilla y pura miel de abejas.

"Tómese el cafecito bien tranquilo, nadie denunciará a sus superiores", le decía Cayetano, mientras la protección y vigilancia del barrio permanecía en abandono,por un rato, todas las frías madrugadas del año. Aún sin protección, la vida era más tranquila.

Hoy, después de tantos años, el molino casi no funciona. Contribuye a su agonía la invasión de las grandes industrias extranjeras fabricantes de masas y tortillas empacadas y todo tipo de comidas llamadas "rápidas", como hamburguesas, pizzas, combos, perros calientes, tacos, hábitos muy propios de otras culturas y países.

Las dos casonas de adobes y tejas de barro cocido, no existen. Las tejas y bloques de barro que dieron forma a caserones tan hermosos, fueron borrados del mapa alajuelense y en su lugar está presente el perling y el cemento.

Tampoco existen los policías en nuestra comunidades, ni vemos niños compartir sus juegos; la empresita casera ya no tiene la visita del Guardia Civil, porque la seguridad, tranquilidad y paz en nuestras comunidades, también han desaparecido. A cambio, sí han surgido gran cantidad de adolescentes y menorcitos con drogas, licor, vagancia, vocabulario inmoral, pornografía, enfermedades en sus cuerpos, presentes en el corazón de nuestros barrios, quebrando la paz y paciencia de sus moradores.

Ahora, más que el policía en las comunidades para combatir y prevenir la delincuencia es necesario, primero, la orientación correcta del adulto a sus familias: el acercamiento a Dios para detener la carrera acelerada de la desintegración familiar, la pornografía, el consumo de licor en el seno del hogar, la agresión y explotación a mujeres y niños, el trabajo infantil, la violación sexual; prácticas que dan como resultado el auge de los grandes problemas en la sociedad, bastante diferentes a los tiempos que ya marcharon, los tiempos del adobe.

¡Qué tiempos los del adobe!

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