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Le llamamos "adobe" al material extraido de la tierra, utilizado por nuestros abuelos para construir sus casas y muros. Con este material lograron paredes gruesas, frescas y fuertes. Actualmente, el adobe forma parte de la historia escrita por aquellos se

21/08/2009 GMT 5

¡Manjarete, manjarete!

adobe @ 04:09

Desde la época colonial, existe un “manjar” o dulce de textura ligera y gelatinoso llamado manjarete o majarete,  fabricado a base de coco, maíz, azúcar y aromatizantes como canela y vainilla.

Este delicioso postre nació en la cocina sur americana, propiamente en Venezuela, hasta recorrer todo el continente, llegando a manos y conocimiento de nuestras mujeres,  muy hábiles en la cocina.  manjaretedsc02358.jpg

En Alajuela, hace más de medio siglo, existió un comerciante de nombre Ramiro Esquivel quien administraba una de las populares Pulpería-Cantina identificada con un rótulo muy llamativo, “La última copa”, ubicado costado oeste de  los Tribunales de Justicia.

Este establecimiento fue muy concurrido no solo  por la venta de arroz, frijoles, manteca, candelas, vinitos y guaro, también por la venta del popular manjarete, en esos tiempos a quince céntimos el pedazo.  

Consumida la última copa y el último manjarete, el negocio de don Ramiro llegó a su final. Otros continuaron con la receta del manjarete y así fue conservándose de generación en generación, hasta nuestros tiempos.

Don Marco Nilo Madrigal Herrera, originario de Tilarán, en Guanacaste y hoy  habitante de El Llano, en Alajuela, capturó la famosa receta en poder de un familiar e inició su actividad comercial, hace más de veinticinco años. 

Hoy, todos los alajuelenses, cuando escuchamos su voz pregonando el delicioso manjarete, se nos viene a la mente la estampa campesina, portando ancho sombrero y vistosa camisa a cuadros, con su inseparable carretilla y una hielera repleta de suaves y frescos “tuquitos”  de manjarete, todos del mismo tamaño.

A sus 83 años, recorre el centro alajuelense y poblados vecinos, barrios, caseríos, casa por casa, calle por calle, es sin dudarlo un verdadero personaje de esta ciudad, un ejemplar trabajador.

Hasta terminar el último manjar, regresa a su casa a descansar y luego prepara la otra “tanda” para el día siguiente, esta actividad le permite mantener su único medio de subsistencia económica para beneficio propio y la familia.

En el mismo hogar,  tiene su empresita casera, una licuadora gigante o industrial, moldes y otros utensilios para preparar tan especial nutritivo producto.

Al escuchar el anuncio con la propia voz de este ambulante trabajador, pronunciando “¡Manjarete, manjarete!” es porque don Marco Lino nos trae el aperitivo hasta las puertas de nuestros hogares,  negocios y parques de la ciudad.   

Aunque no es alajuelense de nacimiento, con esa humildad, muchos años de habitar aquí y dedicación al trabajo,  ya es parte de nuestra Alajuela.

(Publicado en EL VIGILANTE, Octubre 2009, Sección Legado, Edición 19)

 

 

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